6 de mayo de 2026
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Análisis

¿Se le podrá ganar esta vez a la inflación?

Desde el punto de vista monetario-cambiario, el nuevo acuerdo con el FMI derivó en el abandono formal del régimen de metas de inflación con que el BCRA se venía manejando desde que el gobierno asumió en diciembre de 2015. 

El mismo no fue efectivo para bajar la inflación; hubo que revisar las metas al alza y, así y todo, no pudieron cumplirse. Es un tema muy polémico, pero creemos que la falla no fue tanto del régimen en sí mismo como de la falta de consistencia entre el ritmo de reducción del déficit fiscal y el planeado para la inflación.

En cualquier caso, el nuevo presidente del BCRA ratificó que el objetivo de la institución es bajar la inflación pero estableció que ahora la política monetaria se manejará apuntando a controlar la evolución de la base monetaria, es decir, la cantidad de billetes y monedas de la economía, pero sin especificar ninguna meta de inflación.

Y, en concreto, especificó que el objetivo es que la base monetaria se mantenga constante (en promedio mensual) hasta junio del año que viene, (sumando en diciembre algo más de 6% debido a la mayor demanda estacional de dinero a fin de año).

¿Cuál es la justificación del nuevo esquema? La indudable correlación existente en un plazo largo entre el ritmo de emisión de monetaria y el ritmo de aumento de los precios, o sea, de la inflación.
Este el principal pro del nuevo esquema, pero, como cualquier régimen monetario, también tiene sus contras, a lo que se suman limitaciones propias de la aplicación del mismo en las circunstancias argentinas.

Una contra del régimen surge del hecho de que hay distintas definiciones de "emisión monetaria" y, en general, las que mejor correlación tienen con la inflación no son las que más controla el BCRA. Habitualmente, la base monetaria, que es la medida monetaria que busca controlar ahora el banco central, no es la que más correlación tiene.

Otra contra es que la mencionada correlación aplica en plazos largos, por ejemplo, a lo largo de varios años. En plazos más cortos se debilita y está muy condicionada por la evolución de lo que los economistas llamamos la demanda de dinero.

Esto implica que el impacto inflacionario de una determinada trayectoria de base monetaria dependerá de cómo se comporte la demanda de dinero; en concreto, si ésta cae, la inflación termina siendo superior a lo que marcaría el ritmo de emisión monetaria.

Este caso es particularmente relevante en la Argentina.

A estas limitaciones propias del régimen debe sumarse el hecho de que el rescate de Lebac en manos de no bancos, que el presidente del BCRA confirmó que seguirá adelante, impone un elevado ritmo de emisión en los próximos meses. Así, el objetivo de mantener constante la base monetaria requerirá absorber dicha emisión, lo que será desafiante. La contrapartida de ello es que las tasas de interés deberán mantenerse elevadas.

Un último aspecto a considerar es que la implementación de este régimen conlleva en forma implícita la opción por un tipo de cambio flotante.

Si bien es una ventaja para enfrentar cambios del contexto internacional, es también un gran desafío para la idiosincrasia argentina: en el contexto de incertidumbre en que estamos hace varios meses, los argentinos anhelamos que el banco central dé una seguridad sobre la evolución del tipo de cambio, pero ello no va a poder ocurrir con el régimen elegido más que en situaciones extremas y en forma limitada.

Entonces, ¿se podrá esta vez ganarle la batalla a la inflación? La respuesta es que, en la coyuntura argentina, eso no depende sólo de la política monetaria. Para que haya resultados y, sobre todo, que sean duraderos, se requiere que el déficit fiscal se revierta. Esta vez parece haber mucha convicción por parte del gobierno por lograrlo y además algún apoyo de parte de la oposición. De cumplirse ese requerimiento, el nuevo régimen monetario, más allá de las dificultades de implementación, puede ser una herramienta poderosa para bajar la inflación.

*Economista, director de C&T Asesores económicos y profesor de la Universidad Católica Argentina (UCA).

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