El hockey sobre patín es según marca la historia del nacido por estas tierras rodeadas de montañas como un sello único y referencial del deporte mendocino.
El hockey sobre patín es según marca la historia del nacido por estas tierras rodeadas de montañas como un sello único y referencial del deporte mendocino.
Los logros alcanzados por equipos y ratificados por nombres propios en otros equipos de acá o más allá, enriquecieron y fortalecieron esa identificación, y le dieron paso a un fervor popular que fue introduciéndose década a década en centenares de familias que lo tomaron como su lugar de recreación y competencia sana.
Cada fiesta sobre las decenas de pistas, que sirvieron de contención y acapararon una llamativa pasión, transmitida de generación en generación respaldando aquella inclusión ganada desde el aprendizaje y el trabajo en serio y serio; hoy está pasando su momento mas delicado y no precisamente en lo estrictamente deportivo - donde la función de aquellos chicos hoy hombres sobre ruedas, sigue dando réditos - sino en lo periférico, en lo relacionado a la conducta, en lo social y políticamente correcto, en el espíritu que le dio vida a esa pasión desbocada hoy.

Como el derrumbe de un castillo de naipes, que tanto sacrificio llevó relacionar para verlo ascender, esta cayendo cada fragmento de sus paredes a un abismo oscuro y siniestro.
La violencia en cada fecha de juego es casi ya un amigo intruso que se tutea y putea con los que ruedan y meten palos o con los que acompañan y disimulan desde su parentesco o amistad un amor por la camiseta o un club.
El grado de irritabilidad es extremadamente alto y los pibes o viejos no pretenden "comerse ninguna" pasando sin escala de la más absoluta actitud de aliento o juego por jugar a la puteada con lengua filosa o el amague de "romper todo por nada".

Y en cada acto donde comienza el hombre a actuar con "sin cerebro" el banco fácil de las críticas para a ser aquel que debe pugnar por la justicia -tan cuestionada en tantas esferas - en el rectángulo de juego: el/los árbitros.
Por ellos y con ellos; según donde caiga la moneda que se toma de referencia para medir lo que sirve o no para el molino propio; los exacerbados ejecutores de tan bella disciplina deportiva pierden la cabeza por completo, la separan de su cuerpo y la extienden sobre su cuerpo para darle paso al golpe o el empujón o la corrida detrás siempre con la boca llena y repulsiva con un pedido de justicia por lo que no vio o lo que cobró.
Ese "bolo" de actuación que se agranda y lo lleva a ser protagonista esencial con el insulto o agarrada por delante o por detrás es lo que no tiene comprensión o al menos un razonamiento con lógica inclusiva.

No la tiene porqué simplemente no la hay.
No la tuvo Famar el pibe de Godoy Cruz, ni los de Talleres y Petroleros cuando les tocó enfrentarse con "rabia", no la tuvo Martín Maldonado, ni Espín, ni Agustín Domínguez ni Néstor Perea en su momento... y hay mas que no la tuvieron y la seguirán sin tener.
Porque es más fácil estar del lado que no la tuvo que el de la tuvo. Comprensión y conciencia, primas hermanas.
Y los árbitros, "benditos ellos" entre tanto cólera. Muchas veces no la tienen. Sus fallos deportivos cargados de presión lo hacen equivocar, como Ud. o como yo.
Tendenciosamente o no, porque eso solo es menester de su conciencia.
Pero no pueden estar ajenos a este significativo grado de locura y bajos instintos. Desde sus pitadas o tarjetas muchas veces esas manchas ensuciaron los caminos ya agitados. Repasar, hablar, escuchar, es absolutamente imperioso encaminarlo.

Y la dirigencia o los que colaboran por que sienten hacerlo aquí o en una sociedad de fomento son también parte funcional de esta mecanismo inusual y destructor, con sus permitidos de seguir jugando sin policías o seguridad privada.
Todos están bajo los designios divinos, sin protección y a expensas de que el menos loco siga sin "volverse loco".
Amenazas, agresiones a protagonistas y acompañantes, patoterismo barato, todo en ese espacio que sigue siendo potestad de la familia, pero que va perdiendo espacio entre esas mismas familias.
Cada vez menos metro de cordura por recorrer, cada vez menos libertad para sentirse libre al aire libre. El hockey esta siendo enterrado por el patín acelerado, que a cualquier precio quiere llegar antes a cruzar esa línea que lo hizo grande, con piedras en una pista que permaneció por años impoluta y reluciente.
Algo está funcionando muy mal, con un serio desfajase entre realidad y utopías.
El sueño de los que hicieron grande a este deporte tan querido se está esfumando en una confusa carrera de violencia y desequilibrio.

