24 de junio de 2026
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Calidad de vida

El valor de nuestros pensamientos

Los pensamientos son como las piedras: construyen, entierran y matan. ¿Alguna vez se detuvo a analizarlo?

¿Alguna vez se detuvo a observar sus pensamientos? ¿Y luego pasó, de ser un mero espectador, a analizarlos?

En estos tiempos, afortunadamente, hay una revalorización del cuerpo. Y, a mi entender, no sólo en el sentido estético sino en busca de bienestar y calidad de vida. Después de todo, si tanto cuidamos nuestro auto realizando el mantenimiento requerido para optimizar sus funciones y su vida útil, es coherente e inteligente hacer lo mismo con nuestro cuerpo, nuestro “vehículo”.

Ahora bien, de la misma manera es importante cuidar los pensamientos. Cuidar la materia de la cual los construimos. Cuando los pensamientos son positivos y la visión es optimista, da la sensación de que se navega con viento a favor. La percepción del entorno es diferente y, por lo tanto, diferente la manera de actuar en él. Y a la inversa también funciona. Los pensamientos no constructivos no son inocentes: crecen y florecen, dando posteriormente frutos no tan deseables.

Es sabido que el ser humano utiliza una pequeña parte de la capacidad del cerebro. En consecuencia, comience a entrenarlo imagine con lujo de detalles aquello que quiere alcanzar. Es preferible empezar por pequeños objetivos; por ejemplo, al buscar estacionamiento en un shopping, visualice con riqueza de imágenes dónde quiere estacionar. Lo importante es hacerlo con la seguridad de quien ya consiguió lo que buscaba. 

Otra manera de entrenar es imaginando lo que ya sabemos que vamos a realizar. Cuando vaya a beber agua, antes de ese acto concreto, realice una representación mental. Imagine que acerca el vaso a su boca, se deleita con el líquido que ingresa a su organismo y se conecta luego con la sensación placentera de haber calmado la sed. 

Mientras más detalles y más sentidos involucre en esa construcción, mejor. Y luego, disfrute su vaso de agua. Estará aprendiendo así a crear un marco mental favorable en pos de sus metas, primero pequeñas y luego más ambiciosas, pero siempre una sola cosa por vez. Aprendiendo a cultivar pensamientos positivos y constructivos. Evolucionando a través y con ellos al mismo tiempo.

Y un individuo con deseos de evolucionar, lo quiera o no, ya significa un motor de cambio en la sociedad en la cual está inmerso.