Calidad de vida

Saber, actuar, enseñar

Cuando algo nos gusta, encontramos la manera de capacitarnos como sea y eso nos torna conocedores.

Por Marcela Heras - Instructora Método DeRose

Mi abuela es muy hábil con tareas que las mujeres de su edad necesitaban saber. De todas esas hay una que rescato con vehemencia (y aquí entro en duda, porque resulta que ella cocina de maravillas): el tejido al crochet. Es una verdadera Penélope moderna. Sólo que ella no deshace lo que realizó durante el día, sino que lleva el producto de su trabajo a lugares donde es necesario.

Un día, luego del almuerzo, la estuve observando: sería capaz de tejer hasta con los ojos cerrados. Tan interiorizado tiene su arte.

Comencé entonces a pensar en todos los oficios que, debido a los avances de la “vida moderna”, están en vías de extinción: el bordado, el tejido, el arte de “entotorar” sillas. Y cómo las necesidades actuales nos conducen a otros aprendizajes. Siendo realista, no podríamos reemplazar en las escuelas la enseñanza de idiomas o de computación por la del punto cruz o cómo construir una mesa de madera.

Son varias ideas las que quieren salir a borbollones. Por un lado se me ocurre, como dijo Albert Einstein, que “aquellos que tienen el privilegio de saber, tienen la obligación de actuar”. Y por mi cuenta agrego: también de poner sus conocimientos al servicio de los demás. Para cerrar el ciclo del aprendizaje es necesario enseñar.

Buscando la palabra entotorar, descubrí muchos videos que enseñan cómo hacer esa actividad. Entusiasmada, encontré también tutoriales de bordado, de tejido, de cómo armar una mesa de madera. Y en este punto me contradigo, ya que justamente es el avance de la tecnología el que pone a nuestra disposición herramientas para adquirir o perfeccionar antiguos saberes artesanales.

Pienso además en aquello que realizamos, cualquier tipo de expresión –ya sea que deje un resultado material o no– surgida como necesidad de encauzar algo que emerge desde nuestro interior. Lo hacemos para comunicarnos, para dejar nuestra marca en este fugaz paso o simplemente porque realizarlo nos otorga una sensación de bienestar y placer.

Cuando algo nos gusta, encontramos la manera de capacitarnos como sea y eso nos torna conocedores de esa materia. Y para cerrar ese círculo virtuoso, es necesario transmitirlo.

Entonces, volviendo a mi abuela: ella sabe, actúa y enseña. Su conocimiento ya se ha perpetuado. Sólo resta que sus discípulas sigan transmitiendo el arte de tejer al crochet.

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