25 de junio de 2026
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Calidad de vida

Del dicho al hecho… la realización de las palabras

Nuestra columnista invita a una cruzada de revalorización de la palabra dada. "Si uno dice “voy a hacer tal cosa”… ¡pues hay que hacerla!", afirma.

Por Marcela Heras - Instructora Método DeRose

Mi abuela solía decir “del dicho al hecho hay mucho trecho”, haciendo alusión a que muchas veces hablamos por hablar sin tener la capacidad de transformar en tangible esa energía de vibración que constituyen las palabras. También escuché decir a mis abuelos: “Antes la palabra valía”.

¿Qué fue lo que provocó esa ruptura entre lo expresado en forma verbal y su posterior concreción?

Se puede pensar, por ofrecer una hipótesis, que en los tiempos actuales, cuando los medios de comunicación entre seres humanos son cada vez más vertiginosos, la palabra –escrita o pronunciada– fue perdiendo pragmatismo, quedando relegada a la inocencia de la infancia. A su vez, no creo que sea casual que sólo los niños pidan cándidamente: “¿Me das tu palabra?”

Por lo general, lo que pensamos lo convertimos en palabras y, de allí, al plano de la acción. Alguna vez nos dijimos: “Me gustaría estudiar determinada carrera”, luego lo expresamos, quizás primero como un deseo sutil e introvertido, para finalmente llevarlo a la realidad, poniendo manos a la obra: averiguando sobre esa profesión y consultando a profesionales exitosos en la materia, por ejemplo.

Por otro lado, sabemos que las palabras no son inocentes: tienen fuerza, peso y un poder colosal del cual, muchas veces, no somos del todo conscientes. Cuando decimos que vamos a hacer algo y no lo hacemos, se desencadena un proceso que incluye insatisfacción, frustración, sensación de no realización… Existe un vacío que no ocupó la acción que proseguía a lo que enunciamos.

En el idioma portugués existe un neologismo por demás elocuente: acabativa, cuyo significado se refiere a la capacidad o aptitud demostrada por personas que poseen facilidad y/o competencia para finalizar aquello que otros comenzaron o concluir lo que alguien inició. 

Se usa en oposición a iniciativa (www.dicio.com.br). El escritor DeRose, en una entrevista concedida al periodista Antonio Mateus, nos dice: “Mucha gente tiene iniciativas, pero pocos tienen acabativas. Una de las cosas que una conciencia mayor nos concede es darnos cuenta de que no sirve sólo el discurso, no basta la intención: es preciso llevar a cabo”.

Por lo tanto, estimado lector, le extiendo una invitación: esta es una cruzada de revalorización de la palabra dada. La palabra es sagrada. Si uno dice “voy a hacer tal cosa”… ¡pues hay que hacerla! Aunque el compromiso asumido no sea más que con uno mismo. ¿O acaso le gustaría defraudarse?

Tómese en consideración y haga lo propio con los demás: si afirma “la próxima semana visito a mis padres/amigos/hermanos”, lleve eso al plano de la acción. Y así con todo lo que manifieste. La tarea no va a ser fácil sin lugar a dudas (además nadie aseguró lo contrario), pero seguro lo acercará a una interesante sensación de plenitud.

Me tomo la libertad de trastocar el refrán popular: “Del dicho al hecho hay poco trecho”.


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