¿Por qué la inflación "real" se siente más alta que la del INDEC?
El INDEC informó una inflación del 2,8%, pero los precios que siente el bolsillo cuentan otra historia. ¿Cómo se mide realmente la inflación en Argentina?
La inflación oficial navega por alrededor del 3% después del aumento sostenido en la última parte del gobierno de Alberto Fernández y la disparada posterior al triunfo de Javier Milei y sus promesas de devaluación y dolarización. Sin embargo, hay una verdad incontrastable: el bolsillo no lo nota.
Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en abril una suba del 2,8% mensual, lo que consolida la desaceleración respecto a 2024, pero sin embargo el acumulado desde diciembre de 2023 —cuando asumió la presidencia Javier Milei— llega a 204,82%, y de abril 2024 al mismo mes de 2025 acumula un 60,25%, pero muchos productos de primera necesidad y los servicios esenciales muestran aumentos muy por encima de ese promedio.
La pregunta que se multiplica en redes sociales, charlas de café y sobremesas familiares es directa: ¿cómo puede ser que la inflación sea del 2,8% si todo aumenta mucho más? La respuesta no es sencilla, pero está lejos de ser conspirativa. El problema está en cómo se mide la inflación en Argentina, y sobre todo, en qué cosas tienen más peso (ponderación) que otras dentro del índice.
Qué mide el INDEC (y qué no)
En términos técnicos, el IPC es el indicador que refleja la evolución de los precios de una canasta representativa de bienes y servicios consumidos por los hogares urbanos. Esa canasta se construye a partir de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHO), que en la actualidad está basada en datos de 2004/2005. Sí: una radiografía del consumo argentino con 20 años de antigüedad.
El INDEC releva más de 320.000 precios diarios en supermercados, negocios barriales y prestadoras de servicios. A partir de allí, organiza los datos en 12 divisiones principales, como Alimentos y Bebidas, Vivienda, Educación, Salud, Transporte, entre otras. Cada una de esas divisiones tiene un peso diferente en el índice, según cuánto se supone que las familias destinan a cada rubro.
Ahí empieza el problema: los pesos están desactualizados. Por ejemplo, en el Gran Buenos Aires, Alimentos y Bebidas tiene una ponderación del 23,4%, mientras que rubros como Vivienda, Educación y Comunicaciones —que vienen liderando los aumentos— pesan apenas 10,5%, 3% y 2,8% respectivamente.
Así, aunque los servicios esenciales hayan subido entre 164% y 260% en el último año, su bajo peso en la medición hace que el impacto en el índice general sea menor al que realmente sufren las familias.
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La suba de alimentos sigue estando en promedio por arriba de la inflación que informa el INDEC
Una canasta vieja para una economía distinta
El consumo de los hogares cambió radicalmente en las últimas dos décadas. El avance de las tecnologías, el mayor peso de los servicios, la inflación crónica y las sucesivas crisis económicas modificaron las prioridades del gasto. Aun así, la canasta que sirve de base para medir la inflación sigue siendo la misma.
Según Fabián Amico, economista de CITRA (UMET-CONICET), el problema radica en que la actualización de las ponderaciones de 2016 —realizada durante el gobierno de Mauricio Macri— se hizo sin reflejar esos cambios. “Debería haberse ajustado el peso de las tarifas, que aumentaron muchísimo. Pero no se hizo”, explicó en una entrevista reciente.
El propio director del INDEC, Marco Lavagna, reconoció en septiembre que la institución está trabajando en una nueva canasta basada en la ENGHO 2017-2018, que reflejaría de forma más fiel el gasto actual de los hogares. Según Lavagna, esa nueva versión incluiría 500.000 precios y 24.000 informantes. Sin embargo, todavía no se implementó, y no hay una fecha confirmada para su lanzamiento. Si hay una seguridad, todos los analistas y consultoras coinciden en que ajustando a la forma de cálculo que espera la luz verde, la inflación del último año sería entre 12 y 15 puntos más alta.
Pero no solo eso, en la consideración de los alimentos de la canasta básica aparecen productos, cortes de carne, etcétera, que han desaparecido de la mesa diaria de las familias argentinas y brillan por su ausencia otros que han llegado para quedarse, como por ejemplo las milanesas de pollo preparadas.
Pero si eso no fuera poco para mostrar la distancia entre lo que siente el bolsillo y los datos estadísticos, como se observa en el cuadro, los precios de referencia que toma el INDEC a partir de sus “promedios” también distan bastante de la realidad.
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Inflación: Una desconexión evidente
La pérdida de poder adquisitivo es evidente. Los salarios reales han caído de forma generalizada desde el inicio de la gestión Milei, tanto en el sector público como en el privado. Según distintas consultoras, el consumo masivo, a pesar de la recuperación del 0,1% de abril, continúa casi 15 puntos por debajo de abril de 2023. Ni los alimentos ni los medicamentos —que suelen ser los últimos gastos en recortarse— escapan al ajuste.
Paradójicamente, el rubro de alimentos es el que más peso tiene en el IPC y donde más se desaceleraron los aumentos en los últimos meses. Esto se debe, en parte, a la política de ancla cambiaria aplicada por el Gobierno, y al mismo tiempo, al freno en el consumo que empuja a las empresas a contener los precios. Así y todo, el comportamiento de los alimentos es irregular y en abril subieron por encima de la media del IPC, mientras los servicios esenciales se disparan, pero pesan poco en el índice. El resultado: una inflación oficial más baja que la inflación "percibida" por la mayoría de la población.
¿Es posible mejorar la medición?
Los especialistas coinciden en que el IPC es útil como herramienta técnica, pero advierten que debe actualizarse regularmente. El propio INDEC recomienda revisar las ponderaciones al menos cada cinco años. Sin embargo, el problema no es solo técnico.
En definitiva, la inflación del 2,8% que el INDEC informó en abril no es mentira, pero (al igual que en el período de Guillermo Moreno) tampoco refleja con precisión la experiencia cotidiana de los argentinos. Hasta que no se actualicen las canastas y ponderaciones, el índice seguirá mostrando una realidad recortada, que puede ser útil para análisis macroeconómicos, pero que no explica por qué cada vez más personas sienten que no les alcanza para llegar a fin de mes.