La economía de Mendoza atraviesa un período de crecimiento moderado luego de un repunte inicial que sucedió a la abrupta contracción de fines de 2023. El último informe del IERAL de la Fundación Mediterránea advierte que, si bien el 2025 cerraría con un incremento estimado en torno al 5% del producto provincial, la expansión presenta matices sectoriales y está condicionada por un conjunto de limitaciones estructurales que afectan la capacidad de sostener un sendero de crecimiento de largo plazo.
El comportamiento no se diferencia de la dinámica nacional, en la que la recuperación iniciada en los primeros meses del año se ve atenuada por factores macroeconómicos, como la incertidumbre cambiaria y el encarecimiento del financiamiento. En el caso de Mendoza, las características propias de su estructura productiva, junto con la situación de sus principales motores económicos, determinan un cuadro de evolución desigual.
En el plano nacional, el nivel de actividad creció en torno al 8% interanual a abril de 2025, aunque con crecimiento muy heterogéneo, con actividades como la financiera creciendo muy por encima de la media, impulsada por la normalización post-devaluación de diciembre de 2023 y por el arrastre estadístico derivado de la fuerte caída de fines de ese año.
Sin embargo, la falta de definiciones cambiarias entre marzo y abril generó volatilidad, y el desarme de instrumentos financieros (LEFI) en julio sumó presión al sistema. La emisión de nuevas letras (Lecaps) a tasas más elevadas encareció el crédito, frenando parte del impulso inicial.
En Mendoza, la recuperación también se sintió de manera heterogénea. Algunos sectores mostraron mejoras notorias, mientras otros se mantienen rezagados. El agro tuvo un desempeño positivo gracias a la buena cosecha del año anterior, aunque su tasa de expansión tiende a moderarse. La industria, en cambio, presenta un comportamiento más débil que el promedio nacional debido a menores ventas de vino y una refinación de petróleo que se mantiene estable. La minería, con una extracción de crudo convencional en declive, no logra replicar la dinámica que exhibe Vaca Muerta en la provincia de Neuquén.
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La actividad económica de Mendoza se ralentiza. El sector financiero (al igual que a nivel nacional) tracciona fuerte el promedio.
El techo de 2011 y la dificultad para superarlo
Más allá de las oscilaciones coyunturales, el análisis de mediano plazo revela un problema recurrente: la economía argentina no ha podido superar sostenidamente el nivel de actividad alcanzado en 2011. Desde entonces, los ciclos de expansión han sido seguidos por períodos de retracción o estancamiento, configurando una tendencia horizontal.
El informe del IERAL identifica dos factores centrales detrás de este comportamiento. En primer lugar, la plena utilización de la capacidad instalada en sectores dinámicos, lo que limita la expansión sin nuevas inversiones. En segundo término, la incertidumbre macroeconómica persistente, que desalienta la llegada de capitales y dificulta la planificación de proyectos a largo plazo.
Para romper este techo, el estudio plantea la necesidad de elevar la productividad, producir más con los mismos recursos y mejorar la eficiencia de los procesos productivos. La menor inflación actual, que reduce la posibilidad de licuar costos, obliga a las empresas a ajustar estrategias de producción y ventas.
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Una actividad bien citadina como la financiera es la que resulto como motor económico del arranque del año en Mendoza
Inversión y financiamiento: asignatura pendiente
El nivel de inversión continúa concentrándose en sectores con claras ventajas comparativas y proyección de rentabilidad, como el petróleo y la minería. Sin embargo, ambos enfrentan costos internos elevados en dólares y restricciones vinculadas a infraestructura. En el ámbito energético, la mejora en las tarifas ha incentivado cierta reactivación, aunque persisten cuellos de botella que limitan su expansión.
El riesgo país, si bien menor a los picos previos, se mantiene en niveles altos para estándares internacionales, lo que encarece el financiamiento y condiciona la llegada de capitales externos a tasas razonables. Sin una reducción sostenida de este indicador, será difícil ampliar la capacidad productiva más allá de los sectores que hoy concentran el flujo inversor.
Mendoza ante el desafío de nuevos motores productivos
La estructura económica mendocina presenta un perfil diversificado, aunque con particularidades que definen sus márgenes de maniobra. En décadas pasadas, el petróleo fue un recurso clave: en los años 80, las regalías representaban alrededor del 30% de los ingresos provinciales. Hoy, ese aporte es menor al 5% debido a la madurez de los yacimientos de la cuenca Norte y las dificultades para incrementar la explotación en la cuenca Sur.
El boom vitivinícola de comienzos de siglo quintuplicó las exportaciones y proyectó a la provincia en mercados internacionales. No obstante, la combinación de inestabilidad macroeconómica interna y tendencias globales de consumo en retroceso limitan la posibilidad de sostener el dinamismo que caracterizó a la actividad en esa etapa.
El informe plantea interrogantes sobre qué sectores pueden asumir el rol de motor económico en el futuro. La minería metalífera podría generar un impacto similar al que tuvo el petróleo, aunque su desarrollo está condicionado por un debate social que aún no encuentra consenso. El turismo de alta gama, la economía del conocimiento y la agroindustria —en la medida en que se superen problemas logísticos— se presentan como alternativas viables, aunque ninguna parece capaz de sustituir de manera inmediata la magnitud de ingresos que en su momento aportó la actividad petrolera.
El IERAL sostiene que la clave para que Mendoza evite caer en un estancamiento prolongado reside en su capacidad para adaptar su matriz productiva y construir consensos que permitan aprovechar oportunidades de inversión sin comprometer la sostenibilidad económica y social.
La coyuntura actual muestra que la provincia transita un período de transición económica, donde los márgenes de expansión dependen tanto de variables nacionales —como la estabilidad cambiaria y el costo del financiamiento— como de decisiones internas para potenciar sectores con potencial de crecimiento.
Mendoza enfrenta un doble desafío: consolidar la recuperación en el corto plazo y diseñar estrategias que le permitan superar las limitaciones estructurales que desde hace más de una década condicionan su desempeño. El equilibrio entre ambas dimensiones será determinante para definir si la actual desaceleración es solo una pausa en el ciclo o el comienzo de una nueva etapa de meseta prolongada.