La persistencia de las tensiones en Medio Oriente continúa impactando de lleno en el mercado energético global. El Brent, referencia internacional del crudo, registró subas significativas que, en distinta magnitud, se trasladaron a los surtidores de toda Sudamérica. En consecuencia, los precios de la nafta y el diésel aumentaron de forma generalizada en la región, aunque con intensidades dispares según el modelo de mercado, la política de subsidios y el régimen cambiario de cada país.
Guerra en Oriente Medio y su impacto en Sudamérica
Un relevamiento de los últimos tres meses, publicado por Bloomberg, expone contrastes marcados. Uruguay lidera el ranking regional en nafta, con un precio de 2,04 dólares por litro, seguido por Chile (1,70) y Perú (1,60). En el extremo opuesto, Venezuela ofrece el combustible a un valor prácticamente simbólico de 0,035 dólares, resultado de un esquema de subsidio masivo que desacopla por completo el precio local del internacional. Colombia y Ecuador, con valores cercanos a 0,80 dólares, también se ubican por debajo del promedio regional.
En el segmento del diésel, Perú encabeza los precios más elevados, con 1,709 dólares por litro, seguido de cerca por Argentina (1,60) y Chile (1,59). Brasil, con 1,48 dólares, y Bolivia, con 1,40 (aun con precios congelados desde hace meses) completan los primeros puestos. En contraste, Colombia registró una leve baja del 3,8%, la única reducción observada en la región durante el período analizado.
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La guerra por el control del petróleo y el Estrecho de Ormuz en oriente medio complica la economía global.
Alzas de hasta 45%
Las variaciones porcentuales resultan incluso más elocuentes que los valores absolutos. Chile y Perú lideraron los incrementos del trimestre: el diésel subió 45% en Chile y 43,4% en Perú. En cuanto a la nafta, el aumento fue cercano al 38% en Perú y del 24,2% en Chile. Argentina registró subas del 22,1% en nafta y del 29,1% en diésel, mientras que Brasil acumuló incrementos del 8,8% y 23,6%, respectivamente.
En el otro extremo, Bolivia, Venezuela y Colombia mantuvieron precios prácticamente sin cambios, aunque por motivos distintos: los dos primeros por decisión política de absorber los costos mediante subsidios estatales; el tercero, por una combinación de regulación y menor exposición a la volatilidad externa.
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Modelos en tensión
El mapa de precios sudamericano refleja, en gran medida, las decisiones políticas de cada gobierno. La región convive con modelos estructuralmente opuestos: desde mercados con formación de precios casi libre, como Chile y Perú, hasta esquemas donde el Estado absorbe la brecha entre el costo real y el precio final, como ocurre en Bolivia y Venezuela.
El caso argentino incorpora una variable adicional que complejiza el análisis: el tipo de cambio. La apreciación real del peso (con un dólar que corre por detrás de la inflación) eleva artificialmente los precios en moneda extranjera. Esto ayuda a explicar por qué Argentina aparece entre los países con diésel más caro de la región, pese a ser un productor neto de petróleo y contar con instrumentos de regulación activos.
Las respuestas de los gobiernos
Frente a la presión inflacionaria derivada del encarecimiento de los combustibles, varios gobiernos implementaron medidas de contención en los últimos meses.
Brasil desplegó la intervención más significativa. La administración de Lula da Silva avanzó con una exención de impuestos federales y un esquema de asistencia a productores e importadores de diésel, con un costo fiscal estimado en 5.800 millones de dólares. El objetivo es reducir el precio final en aproximadamente 0,64 reales por litro y evitar una traslación plena del aumento del crudo a los consumidores.
En Argentina, el Gobierno apeló a herramientas habituales de su esquema regulatorio: la postergación de la actualización de impuestos a los combustibles (prevista para abril) y la flexibilización de las especificaciones técnicas de las naftas, ampliando el límite de oxígeno permitido para habilitar mezclas de menor costo. A esto se sumó la decisión de YPF, principal empresa del sector y de mayoría estatal, de mantener sus precios estables durante 45 días, una señal de moderación que condiciona, al menos de forma transitoria, al resto del mercado.
Perú, donde los precios se determinan por oferta y demanda sin intervención directa del Estado, adoptó un enfoque distinto: ante las fuertes subas, el Gobierno anunció sanciones a prácticas especulativas, reforzando el marco regulatorio sin alterar la lógica de mercado.
Chile, por su parte, combinó aumentos relevantes con ajustes técnicos en su mecanismo de estabilización de precios. Entre las modificaciones, amplió el período de referencia utilizado para calcular los valores internacionales, con el objetivo de suavizar la transmisión de la volatilidad externa a los surtidores.
El escenario regional deja en claro que, en Sudamérica, el precio de los combustibles no responde únicamente a la cotización del barril de petróleo. Las decisiones fiscales, la política cambiaria, la estructura de mercado y los esquemas de subsidios resultan variables tan determinantes como el precio internacional del crudo.