En 1994, Carlos Menem selló su reelección en laselecciones de ese año con un fenómeno que quedó en la memoria política como el “voto cuota”. La expansión del consumo a través del financiamiento en tiempos de convertibilidad moldeó una alianza entre el bienestar material y el respaldo electoral.
Hoy, bajo la gestión de Javier Milei, una nueva pregunta se impone: ¿hay un “voto dólar” que surja de la paz cambiaria y el consumo incentivado por un tipo de cambio atrasado?
La pregunta no es retórica. El dólar barato, o “atrasado”, como lo definen los economistas, está funcionando como ancla para la inflación y como estímulo para el consumo de bienes durables y viajes. Esa sensación de estabilidad —aunque sea temporal— mejora el humor social y puede tener correlato en el cuarto oscuro. En otras palabras: cuando el clima económico es benigno, el elector-consumidor se tranquiliza, compra y vota.
De la calle al shopping: una constante argentina
“Con todo lo antagónico que son ambos modelos, hay un factor común entre el menemismo y el kirchnerismo: ambos encontraron un país devastado, uno por la híper y otro por el desempleo. Ambos corrigieron el problema central, pero no vieron los nuevos problemas que generaron”, señala Guillermo Oliveto, analista de consumo y autor del libro ArgenChip.
Menem bajó la inflación pero creó desempleo. Kirchner bajó el desempleo pero encendió la inflación. “Ambos entendieron que había que sacar a la gente de la protesta y de la calle, y ponerla en el shopping”, resume Oliveto, con ironía.
Ese proceso de transformación de la angustia social en consumo como válvula de escape no fue exclusivo de los noventa ni del kirchnerismo. Hoy, con un dólar estabilizado y precios controlados por atraso cambiario, parece reeditarse. “Controlar el dólar es central para el corto plazo político”, afirma Oliveto, porque implica una señal simbólica poderosa para el argentino promedio.
Ambos especialistas dieron su parecer en una publicación del Diario Perfil antes de las elecciones de este último domingo en la Ciudad de Buenos Aires.
¿Es el “voto dólar” una nueva categoría?
Oliveto, sin embargo, prefirió no hablar de “voto dólar”. Según su visión, coexisten múltiples factores que inciden en la decisión electoral, entre ellos el empleo y el consumo. Pero sí advierte que hay una constante sociocultural subyacente: “El consumo es más relevante de lo que muchos creen”.
La razón es sencilla pero profunda: consumir es pertenecer. Cambiar el auto, tener vacaciones o lucir determinada ropa, no son actos triviales. “Definen la pertenencia a la clase media, y el 80% de los argentinos se autoperciben dentro de esa clase”, argumenta.
Tecnología, identidad y miedo al cambio
Ana Wortman, socióloga del Instituto Gino Germani, aporta otro ángulo al fenómeno. “La gente le presta mucha atención a la tecnología hogareña”, sostiene. No se trata solo de electrodomésticos: son símbolos de estatus, de identidad social e incluso de derechos adquiridos.
Ese repertorio de bienes es tan central para la identidad de la clase media que el temor a perderlo ante un eventual cambio de rumbo político se convierte en un factor de peso en la decisión electoral.
Radiografía porteña del “voto en dólares”
Sin embargo, más allá de los análisis la realidad es contundente (por lo menos en CABA), un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), rápido de reflejos, analizó el comportamiento electoral en la Ciudad de Buenos Aires, cruzando datos de ingresos en dólares por comuna y resultados de los principales candidatos.
Los resultados marcan una línea clara:
En las zonas de mayor poder adquisitivo, donde el ingreso familiar promedio en dólares ronda los 2.800 dólares, Adorni (LLA) obtuvo una ventaja significativa (33,0% vs 22,1% de Santoro). Estas son comunas donde el ahorro en dólares creció con Milei.
En las comunas populares, donde el ingreso promedio no supera los 2.050 dólares, Santoro (Unión por la Patria) ganó por margen (31,4% vs 28,3%). Allí, el consumo es de subsistencia, sin margen para el ahorro.
En las comunas intermedias, con ingresos cercanos a 2.500 dólares, la disputa fue pareja, con una leve ventaja para Santoro.
image.png
La radiografía del resultado de las elecciones del domingo parece clara.
El dato parece confirmar una constante de la política argentina: el bolsillo marca la tendencia electoral.
¿Qué se vota cuando se vota?
Parece quedar claro es que, más allá de ideologías, símbolos o liderazgos, el consumo y la estabilidad económica siguen siendo determinantes clave del voto argentino. Ya sea en cuotas, con dólar barato o con precios congelados, la idea de que “estamos mejor que antes” sigue siendo un argumento poderoso a la hora de decidir el voto de quienes deciden ir hasta la urna a expresar su opinión.