La presión económica sobre los hogares del oasis norte de Mendoza encuentra ya una expresión concreta en los hábitos cotidianos de trabajo y consumo. Un relevamiento reciente de la Federación Económica de Mendoza (FEM), realizado en conjunto con la consultora Demokratía, permite observar con precisión cómo se reorganizan las estrategias domésticas frente a la pérdida del poder adquisitivo y la desaceleración de la actividad económica.
El estudio, efectuado entre el 2 y el 6 de marzo, abarcó los departamentos de Ciudad de Mendoza, Godoy Cruz, Guaymallén, Las Heras, Luján de Cuyo y Maipú. Sobre una muestra de 715 entrevistas presenciales a personas mayores de 16 años, con un nivel de confianza del 95%, el informe presenta dos dimensiones centrales: las tácticas individuales para sostener los ingresos y la reconfiguración de los canales de compra.
El dato más significativo del sondeo es la extensión de las actividades informales o complementarias. Más del 76% de los encuestados declaró haber realizado o tener previsto realizar changas para afrontar sus gastos. La necesidad de ampliar las fuentes de ingreso más allá del empleo principal ya no es una situación de trabajadores de bajos ingresos, sino que alcanza a trabajadores asalariados y profesionales.
A esta estrategia se suman otras prácticas que, en muchos casos, se implementan de manera simultánea. El 65,12% de los consultados señaló que incrementó su carga horaria en el trabajo habitual, mientras que el 61,95% indicó haber incorporado una ocupación adicional. En paralelo, el 42,93% manifestó haber iniciado algún tipo de emprendimiento propio en un contexto de marcada incertidumbre.
La reducción de gastos aparece como una medida complementaria. Un 32,93% de los encuestados afirmó haber ajustado su consumo para equilibrar sus cuentas. Solo el 15,37% declaró no haber recurrido a ninguna de estas estrategias, lo que confirma que la presión sobre los ingresos alcanza a la mayoría de los hogares.
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La crisis económica hace mella en Mendoza. Los trabajadores hacen malabares para sobrevivir
Brechas de género en las estrategias económicas
El análisis por género introduce otros datos más preocupantes. Las mujeres registran una mayor participación en la realización de changas, con un 79,13%, frente al 73,53% de los varones. También muestran una mayor inclinación a la reducción de gastos. Este comportamiento sugiere una mayor implicación femenina en la administración cotidiana de los recursos domésticos.
Los jubilados en crisis
En el plano etario, la realidad no es menos preocupante; el grupo de mayores de 65 años presenta el porcentaje más alto en la realización de changas, con un 90%. Este dato resulta relevante en la medida en que refleja el impacto de la inflación sobre ingresos fijos, como jubilaciones o pensiones.
En el extremo opuesto, los jóvenes de entre 16 y 30 años concentran la mayor proporción de respuestas en la categoría “ninguna de las anteriores”, aunque sin superar el 25%, lo que indica que incluso en ese segmento las estrategias de ajuste son frecuentes.
Una economía en adaptación permanente
Los resultados describen una economía doméstica en adaptación permanente. La ampliación de la jornada laboral, el pluriempleo y la informalidad aparecen como respuestas a una misma presión: la distancia entre ingresos y costo de vida.
El estudio ofrece una imagen precisa de la crisis en el oasis norte mendocino. Una sociedad que reorganiza sus prácticas laborales y de ingreso para sostener su vida cotidiana.