Con el apoyo del INTA, el vino casero se posiciona como motor productivo en Lavalle
En el norte de Mendoza, 25 familias viñateras impulsan la identidad vitivinícola de Lavalle con vinos caseros y con el apoyo del INTA fortalecen la producción artesanal.
Con el apoyo del INTA, el vino casero se posiciona como motor productivo en Lavalle
En el departamento de Lavalle, el vino casero no es únicamente un producto, sino que es una herencia familiar, un ritual que se comparte y una forma de reflejar la historia. Desde hace años, la Asociación de Elaboradores de Vinos Caseros de Lavalle (integrada por 25 familias productoras) trabaja junto al INTA y otras instituciones para fortalecer la tradición.
El objetivo no es solo mejorar la calidad del vino, sino también consolidar un modelo de desarrollo local basado en la identidad, el conocimiento y el valor agregado.
En Lavalle, el vino casero no es únicamente un producto, sino que es una herencia familiar, un ritual que se comparte
Mariana Díaz Valentín, investigadora de la Agencia de Extensión Rural (AER) Lavalle, destacó que “el INTA contribuyó desde sus inicios con la asociación de vinos caseros, en este proceso han participado muchos profesionales de la institución, tanto del área de investigación como de extensión, aportando asistencia técnica, capacitaciones y nuevos conocimientos que han permitido innovaciones en la producción primaria y en los procesos de agregado de valor”.
El paso a paso del vino casero mendocino
Aunque cada familia guarda sus secretos, el proceso de elaboración del vino casero en Lavalle conserva una estructura común, que combina técnicas tradicionales con cuidados modernos:
Cosecha manual: Se recolectan los racimos en su punto justo de maduración, evaluando color, sabor y dulzor.
Despalillado y molienda: Se separan los granos del escobajo y se trituran suavemente para liberar el jugo.
Fermentación controlada: El mosto fermenta en recipientes aptos, transformando los azúcares en alcohol, mientras se controla la temperatura.
lavalle, vino casero, inta
Gracias al trabajo colectivo y el acompañamiento institucional, Lavalle se ha ganado un lugar en el mapa vitivinícola
Removido, prensado y trasiegos: Durante y después de la fermentación, se remueve el sombrero de hollejos, se prensa el orujo y se realizan trasiegos para clarificar el vino.
Fraccionamiento y guarda: Finalmente, se embotella sin dejar aire y se almacenan las botellas en lugares oscuros y frescos para su maduración.
Este proceso refleja el equilibrio entre la herencia artesanal y el conocimiento técnico que define al vino casero mendocino.
Un sello lavallino con proyección
Gracias al trabajo colectivo y el acompañamiento institucional, Lavalle se ha ganado un lugar en el mapa vitivinícola como una zona de vinos jóvenes, con fuerte carácter artesanal. Desde la AER Lavalle, el INTA sigue apoyando a las familias productoras con asistencia técnica y presencia activa en eventos como el concurso anual de vinos caseros o el seminario regional, donde se comparten experiencias y aprendizajes.
Viñedos
El objetivo no es solo mejorar la calidad del vino, sino también consolidar un modelo de desarrollo local
Sitio Andino
“El reconocimiento de Lavalle como una zona de vinos jóvenes, con perfil artesanal y sello propio es el resultado de un trabajo sostenido en el tiempo, donde la investigación, la extensión y el compromiso de la comunidad productiva se entrelazan para generar oportunidades, mejorar la calidad y afrontar los nuevos desafíos de un sector en constante transformación”, concluyó Díaz Valentín.
En cada copa de vino casero de Lavalle no solo se perciben aromas y sabores, sino también una historia de trabajo, colaboración y amor por la tierra.