29 de noviembre de 2025
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Comercio Pragmático

China recupera el liderazgo como socio comercial de Argentina pese al alineamiento con EE.UU.

China retoma el liderazgo comercial de Argentina pese al alineamiento con EE.UU., revelando una contradicción entre el discurso político y los datos económicos.

Por Marcelo López Álvarez

La geopolítica y el comercio nacional e internacional suelen transitar carriles paralelos que, en ocasiones, colisionan de frente. Mientras en los despachos de Washington se teje una narrativa de alianza irrestricta con la administración de Javier Milei, las declaraciones juradas de importación y exportación de Argentina cuentan otra historia. En un octubre marcado por la tensión financiera y la antesala electoral, el intercambio comercial ha arrojado un resultado pragmático: China no solo no se retira, sino que ha recuperado su trono como el principal socio comercial de la Argentina, desplazando a Brasil y relegando a Estados Unidos al cuarto lugar.

China lidera con récord de importaciones

El último reporte de intercambio comercial, basado en datos de ABECEB y el INDEC, revela un superávit de 800 millones de dólares para el mes de octubre en la balanza comercial argentina. El dato de la composición de ese flujo comercial es lo que parece contradecirse con las declaraciones políticas de alineamiento total con Estados Unidos.

Las importaciones desde China alcanzaron un récord de 1.862 millones de dólares, impulsadas por bienes intermedios y de consumo, pero también por una notoria penetración en el mercado automotriz. La llegada de vehículos eléctricos, con arancel cero, ha disparado el déficit en este sector, evidenciando una dependencia tecnológica y de manufacturas que la retórica libertaria no ha logrado -o no ha querido- frenar.

El pragmatismo comercial detrás de la confrontación ideológica

Este escenario económico choca frontalmente con las declaraciones de Scott Bessent, secretario del Tesoro de los Estados Unidos. En una reciente intervención en Fox News, el funcionario norteamericano fue categórico al asegurar que el rescate financiero otorgado a la Argentina conlleva un compromiso tácito: sacar a China de la región. Para Washington, Milei es un “faro” en América Latina, la pieza clave para revertir la influencia asiática. No obstante, la realidad de los números impone límites a los deseos diplomáticos. La embajada china, lejos de guardar silencio, ha calificado esta postura como un remanente de la Guerra Fría, recordando que la región no es el “patio trasero” de nadie.

La contradicción es palpable. Si bien Milei aseguró en campaña que no haría negocios con “comunistas”, su gestión ha sido testigo de un incremento del 241,4% interanual en las exportaciones de granos hacia China durante octubre, apalancado en la polémica medida de llevar las retenciones a cero durante unos días y que generaron el malestar entre los productores de soja estadounidenses, quienes denunciaron que su propio gobierno financiaba a un competidor directo en el mercado de commodities.

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China recuperó el primer lugar como socio comercial de Argentina

China recuperó el primer lugar como socio comercial de Argentina

Una asimetría estructural imposible de revertir

El problema que parece ser insalvable en el comercio exterior argentino es la existencia de una asimetría estructural de imposible resolución. Mientras que las economías de Argentina y Estados Unidos son competitivas -ambas buscan vender alimentos al mundo-, la relación con China es complementaria. Beijing demanda lo que Argentina produce y oferta lo que Argentina necesita, desde infraestructura hasta bienes de capital. Desplazar a China para favorecer a un competidor comercial como Estados Unidos excede la voluntad política y entra en el terreno de la inviabilidad económica.

La “eliminación” de China de la región y de Argentina, como propone Bessent, no es un escenario realista. Las inversiones en litio, energía o infraestructura responden a lógicas de largo plazo que no se desmantelan con declaraciones de prensa. Además, el modelo federal argentino juega su parte: los gobernadores, necesitados de inversiones en infraestructura y minería, difícilmente acepten cortar el flujo de capitales asiáticos por alineamientos ideológicos circunstanciales con la Casa Blanca. Un viejo axioma de la política argentina es que los presidentes pasan pero los gobernadores quedan.

Superávit y una disyuntiva inevitable

Las proyecciones indican que el superávit comercial podría rondar los 9.900 millones de dólares al cierre de este año. La incógnita no es el monto, sino la procedencia. El gobierno de Javier Milei se encuentra ante la disyuntiva de sostener un discurso de alineamiento occidental mientras su economía respira gracias al pulmón asiático. De alguna manera deberá decidir si privilegia la ideología, con el costo económico que ello implica, o si acepta el pragmatismo de un mundo multipolar donde, al final del día, el capital no tiene bandera política.

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