Suba del petróleo: impacto global y efectos inmediatos en Argentina
El petróleo supero los 120 dólares por tensiones entre EE.UU. e Irán. Suben los riesgos inflacionarios y crece el impacto económico global y en Argentina.
El precio del Petróleo vuelve a subir y se abren interrogantes sobre la inflación global
El precio del barril de petróleo Brent superó esta semana la barrera de los 120 dólares y llegó a un máximo de 126,41 dólares en las cotizaciones de junio de 2026, el nivel más alto desde mayo de 2022. Sin embargo, en la apertura del jueves, en la antesala de un feriado prácticamente global, retrocedía cerca de 10 dólares y se ubicaba en torno a los 116 dólares por barril.
Este movimiento se da en un contexto marcado por la escalada de tensiones geopolíticas entre Estados Unidos e Irán y por la creciente incertidumbre sobre el suministro energético mundial. La suba reavivó las expectativas inflacionarias globales y también tuvo impacto en Argentina, donde YPF dio por terminado el “buffer” de precios y ajustó los combustibles antes de los 45 días de congelamiento que había anunciado.
El crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia del mercado estadounidense, acompañó la tendencia alcista y cotizó a 110,93 dólares por barril para entrega en junio, frente a los 106,88 dólares del cierre previo, lo que implicó un salto diario superior al 8%. Ambos marcadores acumulan subas significativas desde finales de febrero: el Brent trepó casi un 67% desde los 72,29 dólares, mientras que el WTI avanzó un 61% en el mismo período.
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El petróleo se disparó el YPF rompió el congelamiento
El estrecho de Ormuz, epicentro de la crisis
El detonante inmediato de esta nueva escalada fue la publicación del portal estadounidense Axios, que indicó que el Comando Central de Estados Unidos habría presentado al presidente Donald Trump planes para una eventual acción militar contra Irán. La información, basada en fuentes anónimas, alcanzó para activar una reacción inmediata en los mercados globales.
El foco de la tensión se concentra en el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo clave por el que circula una porción sustancial del comercio mundial de petróleo. La posibilidad (o incluso la amenaza) de una interrupción en esa vía estratégica genera de forma casi automática un shock de oferta que los mercados trasladan rápidamente a los precios.
A este escenario se sumó la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, una decisión que profundizó la incertidumbre sobre la capacidad productiva del bloque y debilitó los mecanismos de coordinación que históricamente han funcionado como amortiguadores frente a crisis.
La falta de avances diplomáticos entre Washington y Teherán refuerza la percepción de riesgo. En este tipo de conflictos, la prima geopolítica del crudo (es decir, el sobreprecio asociado a la incertidumbre política) tiende a sostenerse mientras no aparezcan señales claras de desescalada. Por ahora, esas señales no están.
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El petróleo (y el mundo) al ritmo de las declaraciones y caprichos de Trump y la conducción de Irán
Un mercado que reacciona a hechos y expectativas
Lo ocurrido en las últimas semanas confirma una característica central del mercado petrolero actual: las expectativas pesan tanto como los datos concretos. Informes sobre caídas en inventarios, rumores de nuevas sanciones o declaraciones de líderes políticos tienen capacidad para mover los precios de los futuros, aun sin medidas efectivas detrás.
El propio Trump protagonizó varios de estos episodios. Sus declaraciones públicas sobre Irán y el estrecho de Ormuz generaron movimientos bruscos en las cotizaciones sin que mediaran acciones concretas. Este comportamiento refleja, en parte, la fragilidad del equilibrio entre oferta y demanda: en un contexto de alta tensión, cualquier indicio de restricción adicional puede provocar reacciones amplificadas.
Impacto global y efectos en Argentina
Un barril de petróleo por encima de los 110 dólares tiene efectos directos y medibles sobre la economía global. El encarecimiento del crudo se traslada con rapidez a los costos de transporte, a los precios de la producción industrial y, de manera particularmente sensible, al valor de los alimentos. La inflación energética no se limita a un sector: se filtra en toda la estructura económica.
En los mercados financieros, la incertidumbre ya se refleja en una mayor volatilidad de las bolsas, mientras que la renta fija incorpora crecientes temores inflacionarios que presionan sobre las expectativas de política monetaria.
En el caso de Argentina, la situación presenta una doble cara. Como país productor, puede beneficiarse en el corto plazo de mayores ingresos fiscales. Sin embargo, el aumento generalizado de los costos energéticos presiona sobre la inflación interna y complica la estabilidad macroeconómica. La estructura productiva local, que depende en buena medida de la importación de energía, fertilizantes y otros insumos, amplifica el impacto de un escenario internacional con precios en alza.