Durante 2024, la Argentina experimentó una inflación acumulada del 117,8%, en los primeros tres meses de este año acumula 8,6% y en los últimos seis meses 16,1%.
En Argentina, la baja de la inflación no mejora el bolsillo: el salario disponible cae y crecen los gastos fijos y la incertidumbre crece con la salida del cepo.
Durante 2024, la Argentina experimentó una inflación acumulada del 117,8%, en los primeros tres meses de este año acumula 8,6% y en los últimos seis meses 16,1%.
Números que muestran una baja de la inflación respecto a los valores a los cuales se había disparado a fines de 2023 y principios de 2024. Sin embargo, la sensación generalizada entre la población es que el salario alcanza cada vez menos. ¿Por qué ocurre esto? La clave está en el análisis del salario disponible.
Para colmo, la inflación de marzo marca un nuevo camino ascendente que seguramente potenciará el nuevo esquema cambiario que implica la salida del famoso cepo.
El salario disponible es el dinero que le queda a una persona o familia luego de cubrir los gastos fijos del hogar, como agua, luz, gas, expensas y transporte público. La consultora Empiria, dirigida por el exministro de Hacienda Hernán Lacunza, elaboró un índice que mide este remanente en tres niveles de ingresos (alto, medio y bajo) de hogares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
“El ingreso puede crecer, incluso en términos reales, pero si los gastos fijos crecen más, entonces el ingreso disponible cae”, explicó Federico González Rouco, economista de Empiria. Y eso fue lo que ocurrió en 2024: el ingreso disponible cayó en todos los segmentos, siendo más pronunciado entre los sectores de menores ingresos, con una baja de hasta el 25%.
El motivo principal fue el fuerte ajuste en las tarifas y servicios públicos, que absorbió gran parte de los ingresos, aun en un contexto de inflación más moderada.
Mientras el índice de Empiria refleja una caída del ingreso disponible, el INDEC reportó una suba interanual del 2,5% real en el salario privado en noviembre de 2024. Esta discrepancia se explica por la metodología del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que mide la inflación basada en una canasta de bienes y servicios que ya está desactualizada.
Actualmente, el IPC se calcula con base en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004, que otorga mayor ponderación a rubros como alimentos, y menor a otros como transporte, servicios públicos y comunicaciones, cuyo peso ha crecido significativamente en los últimos años.
Por ejemplo, el rubro de alimentos representaba el 31,5% de la canasta en 2004, pero cayó al 21,1% en 2017. En contraste, los servicios públicos pasaron del 10,5% al 14,5%, y el transporte y las comunicaciones del 16,6% al 19,6%.
Según el econometrista Martín González-Rozada, si en 2024 se hubiera utilizado la canasta de 2017, la inflación oficial habría sido entre un 6% y un 16% mayor.
Durante 2024, los precios relativos —la relación entre los precios de diferentes rubros— se reacomodaron fuertemente. Los mayores aumentos se dieron en servicios públicos, educación y transporte, mientras que alimentos y vestimenta, que tienen menor peso en la canasta actual, crecieron menos.
El Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP indicó que en 2024 la canasta básica representó el 11,9% del salario promedio, el doble que en 2023. Además, el costo del transporte público llegó a ocupar un 20% del salario mínimo, un nivel no visto desde 2016.
En 2023, con un mayor nivel de subsidios estatales, los gastos fijos estaban contenidos, lo que artificialmente elevaba el salario disponible. Pero en 2024, con menos subsidios y mayores tarifas, esa relación cambió bruscamente.
Mientras los ciudadanos siguen viendo cómo los alimentos se disparan y sus salarios se desintegran, en marzo los precios de los alimentos volvieron a tomar impulso tras una desaceleración en febrero. Según la Fundación COLSECOR, la Canasta Alimentaria aumentó un 4,9% en localidades del interior, cifra similar al 4,7% registrado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Así, un adulto equivalente necesitó 146.624 pesos para no ser indigente en marzo, un 42,9% más que el año anterior. Una familia tipo (dos adultos y dos menores) requirió 453.067 pesos para cubrir sus necesidades básicas.
En CABA, los alimentos acumulan un 43,4% de aumento interanual, y un 9,5% solo en el primer trimestre de 2025.
La situación parece tender a profundizarse, el Gobierno asegura querer estabilizar la economía, sin embargo, el anuncio del fin del cepo y la flotación entre bandas que, si la moneda norteamericana se ubica en el nivel superior, significará una devaluación cercana al 30%, desata otra vez presiones inflacionarias mientras el Ejecutivo preanuncia una aceleración del ajuste hasta llegar a un superávit del 1,6% del PBI, un combo mortal para el ingreso de los trabajadores y el desarrollo de la economía real y productiva.

