Apertura comercial: el impacto de las importaciones récord en la economía argentina
Las políticas de apertura comercial impulsan importaciones récord y consumo global, pero tensiona el empleo, la industria local y el equilibrio externo.
La apertura comercial impulsada por el gobierno de Javier Milei ha dejado de ser un debate doméstico para convertirse en una política que comienza a llamar la atención de medios internacionales. El cambio en los patrones de producción y consumo, motorizado por una liberalización acelerada de las importaciones y una flexibilización inédita de los mecanismos de compra externa, fue analizado esta semana por el diario británico Financial Times, que puso el acento en el crecimiento explosivo de las compras realizadas por consumidores locales a través de plataformas globales de comercio electrónico.
Importaciones récord y consumo globalizado
El medio internacional asegura que el fenómeno se apoya en una combinación de factores convergentes: precios internacionales sensiblemente más bajos, una oferta ampliada de bienes finales y un sistema logístico, legal y burocrático que dejó de funcionar como barrera estructural. El resultado ha sido un salto récord en las importaciones de bienes de consumo, con efectos visibles sobre los hábitos de compra y consecuencias profundas sobre sectores industriales que durante años operaron bajo esquemas de protección.
De acuerdo con datos oficiales recopilados por el medio británico, las importaciones de bienes de consumo crecieron un 55% interanual en 2025 y alcanzaron un máximo histórico de 11.400 millones de dólares. En paralelo, las compras realizadas por argentinos en plataformas internacionales se triplicaron, con un total de 955 millones de dólares, también un récord. Detrás de estas cifras se esconde una salida neta de divisas que no encuentra compensación inmediata y que, al mismo tiempo, expone a miles de pequeñas y medianas empresas locales a una competencia marcadamente desigual y, en algunos casos, casi deshonesta.
El desembarco de las grandes plataformas
Empresas como Amazon, Shein y Temu consolidaron por primera vez una presencia significativa en el mercado argentino. Amazon habilitó envíos gratuitos desde Estados Unidos a fines de 2024 e incorporó al país a su aplicación de bajo costo Amazon Bazaar. Shein y Temu, por su parte, realizaron sus primeras ventas masivas durante 2025, en un contexto de duplicación de las importaciones provenientes de China, que treparon a 1.900 millones de dólares. Entre los productos más demandados se destacaron artículos tecnológicos, juguetes y bienes de consumo cotidiano, como los termos Stanley, emblema del consumo aspiracional asociado al ritual del mate.
La reducción de barreras administrativas fue un elemento central en este proceso. En noviembre de 2024, el Gobierno elevó el límite para envíos vía courier y habilitó importaciones personales libres de aranceles dentro de un cupo anual. La medida facilitó el acceso de los consumidores al mercado global, pero también introdujo nuevas tensiones sobre el frente externo y la disponibilidad de divisas, en un contexto macroeconómico todavía frágil.
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Puertos llenos de conteiners que traen la avalancha de importaciones que vive la Argentina.
La brecha de precios y su impacto industrial
El atractivo principal de estas compras reside en la brecha de precios. Las plataformas internacionales ofrecen mayor variedad y valores sustancialmente más bajos que los comercios locales, condicionados por costos productivos, logísticos e impositivos. El Financial Times cita un ejemplo elocuente: los termos Stanley pueden adquirirse hasta un 45% más baratos en el exterior que en las tiendas oficiales argentinas. Esta diferencia actúa como un incentivo poderoso para el consumidor, pero como un factor de erosión para la industria local.
Textiles, empleo y conflictos empresariales
La industria textil, envuelta en estas horas en una polémica casi de realismo mágico con el ministro de Economía, Luis Caputo, que aseguró que nunca en su vida compró ropa en la Argentina, y con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que supone que los jeans se confeccionan solos, reclamó al Congreso medidas frente a lo que considera competencia desleal, en particular del comercio electrónico chino.
Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas, el sector perdió 16.000 empleos desde la asunción de Milei, lo que equivale al 13% de su dotación. En paralelo, se abrió un frente de disputa empresarial: Mercado Libre presentó una denuncia contra Temu por presuntas prácticas desleales y publicidad engañosa, un conflicto que podría escalar hasta la Corte Suprema y que encierra una paradoja significativa en un contexto de defensa irrestricta del libre mercado.
¿Shock transitorio o cambio estructural?
Terminado un 2025 marcado por la apertura acelerada y la corrección de precios relativos, el interrogante central es si el shock importador ha encontrado su techo o si se trata de una transformación estructural del entramado productivo. La transición hacia una cierta normalización macroeconómica (con un nuevo esquema de bandas cambiarias, desinflación gradual y la recalibración del acuerdo con el FMI) sugiere un escenario de continuidad, aunque sin un boom generalizado. Según la consultora Abeceb, en 2026 las importaciones mantendrán un sendero de crecimiento más selectivo y heterogéneo.
El punto de partida es una herencia pesada. En 2025, el superávit comercial se redujo de 18.000 millones a 11.286 millones de dólares, no por debilidad exportadora, sino por el crecimiento exponencial de las compras externas. Rubros como vehículos automotores crecieron un 110% interanual, mientras que el courier escaló un 274%, consolidándose como la categoría de mayor incremento absoluto.
Abeceb identifica tres grandes grupos sectoriales frente a este nuevo escenario. En el primero se ubican las actividades con alta presión importadora y riesgo de sustitución, como textil, indumentaria, electrónica de consumo, juguetes, neumáticos y parte del sector automotor. En el segundo grupo aparecen sectores con margen de adaptación, como la metalmecánica pyme, la maquinaria agrícola, la línea blanca y la industria farmacéutica en segmentos de alto valor. El tercer grupo lo conforman sectores resilientes, como alimentos y bebidas y ciertos rubros de la construcción, protegidos por ventajas comparativas o barreras logísticas.
El desafío productivo de 2026
De cara a 2026, el Gobierno buscará sostener una estabilidad macroeconómica todavía precaria, que le permitió avanzar con reformas clave en un año de baja tensión electoral. Según la consultora, las importaciones seguirán creciendo, aunque a un ritmo menor y de forma desigual, mientras que las exportaciones avanzarían alrededor de un 8%, con el sector energético y la agroindustria como pilares. El saldo comercial proyectado, entre 9.000 y 10.000 millones de dólares, permitiría exhibir un tercer superávit consecutivo.
El desafío para 2026, al cual el Gobierno no parece prestarle atención, no reside en el volumen de importaciones, sino en su composición y en su impacto sobre el tejido productivo.