Agroindustria en Mendoza: Una historia de valor agregado ejemplo para el sector
Durang creció desde un emprendimiento familiar hasta liderar la agroindustria mendocina, con innovación, valor agregado y foco en calidad.
La linea de industrialización de los morrones mendocinos. Un ejemplo de la agroindustria de Mendoza
En enero de 1984, con apenas 19 años y el título de enólogo y bachiller frutihortícola recién obtenido, Daniel Isgró comenzó a elaborar encurtidos en el patio de la casa de sus padres, una forma de aumentar la vida útil y comercial de las hortalizas y verduras que cosechaba su familia en la finca en la que la chacra convivía con vides y olivos. Una agroindustria nacía casí sin saberlo.
"Como había chacra y sobraba la mercadería por falta de precio o porque no se vendía, empecé a elaborar lo que sobraba en salmuera para poder venderlo durante todo el año", recuerda.
Hoy, tras 42 años de aquellas primeras ventas a granel, Durang se erige como un referente de la agroindustria mendocina y las economías regionales procesando volúmenes que llegan a 3 millones de kilos anuales, mientras siguen creciendo y la segunda generación de la familia, encarnada en Romina Isgró se suma a la empresa trayendo con ella la certificación de procesos y la búsqueda y desarrollo de nuevos productos.
Los primeros pasos de la compañía se dieron con infraestructura precaria, empleando vasijas y toneles de madera y comercializando productos a granel en los clásicos tambores azules de 200 litros. De la casa de los padres mudó la elaboración a un galponcito en la finca de la familia, en el predio donde hoy funciona la moderna planta con tecnología de última generación.
"No empezamos fraccionando con la marca Durang", aclara Isgró, señalando que la venta al consumidor con identidad propia comenzó hace apenas dos décadas, momento en el cual la empresa experimentó su mayor salto.
El crecimiento cuantitativo evidencia el desarrollo operativo: de procesar en sus inicios 500 kilos de pepinos y 100 kilos de apio, la planta actualmente industrializa 800.000 kilos de aceitunas y casi dos millones de kilos de diversas verduras.
"Hoy, en una mañana, procesamos los kilos que yo trabajé durante todo el primer año", dimensiona el fundador. Para sostener la expansión, fue imperativo modificar metodologías e incorporar maquinaria acorde a las crecientes exigencias comerciales.
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La agroindustria de alimentos moderna necesita de alta tecnología pero también del ojo y las manos humanas
Red de productores y materia prima
La materia prima es el corazón de la agroindustria y se articula la producción con una red de aproximadamente 50 productores locales, ubicados en regiones agrícolas clave de Mendoza como Guaymallén, Maipú, Rivadavia, Agrelo y San Carlos.
Mientras que en el rubro olivícola la empresa posee producción propia, en el segmento de hortalizas adquiere el 90% a terceros. La fábrica opera como una herramienta de estabilización frente a la volatilidad estacional.
Isgró explica la dinámica del sector: "Hay momentos en que vender el producto en el mercado en fresco es muy rentable, pero son pocos momentos. Cuando hay más mercadería, sobra. Ahí es donde tener a la mano una fábrica que puede industrializar eso es una bendición para el productor".
Allí radica el secreto de una industria que debería tener mayor expansión en la provincia, ya que es el camino para agregar valor a productos estacionales que dependen de factores climáticos y económicos año tras año.
El camino de agregar valor para defender a los productores debería ser una política de Estado, junto con los incentivos para desarrollar la agroindustria.
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Romina y Daniel Isgró, lideres de la agroindustria de alimentos de Mendoza
Innovación y recambio generacional
En un rubro donde muchos competidores fracasan, Isgró tiene claro que la inversión y el compromiso con la excelencia es un camino sin retorno: "Muchos lo intentaron y se quedaron en el camino por no haber elegido la calidad. La constancia vence al genio", reflexiona.
Esta filosofía encontró un nuevo espacio con la incorporación de su hija, Romina Isgró, en el año 2013. Su llegada representó un quiebre en la gestión tradicional.
A medida que fue adquiriendo experiencia y espacio en la empresa, "una de las primeras cosas fue plantear por qué no empezábamos a certificar. Fue una crisis, porque implicaba cambiar algunas costumbres por metodologías de trabajo orientadas a los controles", detalla Romina.
Gracias a esta visión técnica, la compañía obtuvo certificaciones de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), productos libres de gluten, y avales tanto kosher como veganos.
Nuevos hábitos de consumo
El recambio generacional no solo optimizó los procesos internos, sino que redefinió la estrategia de mercado frente a consumidores con nuevos hábitos.
"Las generaciones nuevas no se abocan a los productos más tradicionales de esta industria con mucho vinagre o salmuera. Por eso desarrollamos nuevos productos. Me gustaría que el consumo fuera un poco más masivo, pero creo que es un cambio cultural que hay que hacer adaptando los productos a los nuevos requisitos", sostiene Romina.
En respuesta a esta demanda, la firma desarrolló una línea inédita de vegetales agridulces sin vinagre, orientada a quienes rechazan la acidez invasiva de los encurtidos tradicionales.
El producto requirió un complejo trabajo térmico para garantizar una vida útil prolongada sin comprometer la inocuidad alimentaria. Además, exigió una reformulación estética: los cortes de las verduras fueron modificados y el envasado se realiza de forma cien por ciento manual para lograr un armado por capas que impacte visualmente y lo diferencie del clásico pickle.
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La líneas de producción de la agroindustria de Corralitos. En primer plano la linea de coliflor más atrás la de zanahorias.
Impacto en economías regionales
En la actualidad, el establecimiento emplea a 39 personas en temporada y opera al 80% de su capacidad en una planta instalada sobre un predio de dos hectáreas.
A pesar de enfrentar un mercado interno retraído, característico de los bienes que no integran la canasta básica, la empresa proyecta el lanzamiento de diez nuevos productos.
Sobre las perspectivas de expansión y una eventual reinserción en el comercio internacional, tras experiencias en la región que no fueron tan gratas, la directiva mantiene el optimismo.
"Podemos salir a buscar mercados afuera tranquilamente con el producto agridulce, hay consumo en el mundo de esto", asegura Daniel Isgró, y concluye: "No hay límites para crecer; lo que hay que tener son ganas, y que mejoren las condiciones económicas del país y del mundo".
La planta ubicada en Corralitos, con una superficie cercana a las dos hectáreas de galpones, maquinarias y equipamiento para la industrialización y encurtido de verduras, es el ejemplo de que con inversión y visión se puede mejorar notablemente la situación de los productores y potenciar las economías regionales, haciéndolas menos vulnerables a los tradicionales vaivenes del agro argentino.