“Elegí Andorra por la facilidad de acceso al trabajo en el exterior. Como no forma parte de la Comunidad Europea, tiene sus propias reglas y no te exige ser ciudadano. Es más fácil desde ese lado poder ingresar a buscar trabajo”, explicó María José Garballo.
La joven vivió 17 años en Malargüe por lo que de cierta forma conocía el movimiento de los centros de ski. Sin embargo, eligió Bariloche para hacer su primera temporada. Tras trabajar en la Patagonia, se subió a un avión rumbo a Andorra.
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Andorra, entre España y Francia, permite trabajar legalmente sin contar con ciudadanía europea.
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“Nunca viví la nieve desde ese lugar, básicamente desde el disfrute y de subir a una tabla de snowboard. En Las Leñas eso no lo hice jamás. Me gustó mucho toda esta parte del invierno, pero sobre todo me gustó la gente y la buena onda que hay en los laburos”, contó.
María José explicó que en Andorra los trabajos que abundan son en tiendas que alquilan todo para practicar ski y snowboard, como también en la venta de indumentaria y botas. A su vez, hay muchas oportunidades laborales en la gastronomía, hotelería o atención al cliente en comercios.
“La experiencia para mí fue hermosa, personalmente me encanta la montaña. Nunca la había vivido en estas intensidades. Viví en el mismo lugar donde trabajaba, entonces abría las persianas y tenía una vista hermosa del paisaje nevado, caminaba diez minutos y estaba mi trabajo, donde seguía viendo la montaña con nieve. En el tiempo de descanso me ponía las botas, subía a esquiar y aprovechaba, quizás, a comer un sanguchito con un amigo. Esas cuestiones a mí me parecen fantásticas”, expresó.
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Los viajeros destacan los bellos paisajes de Andorra.
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Además, destacó que no se siente la distancia dado que en dicho país europeo hay muchos argentinos, es por eso que también lo nombran “Argendorra”. “Hay un supermercado muy grande que tiene una góndola para argentinos con galletitas, dulce de leche, yerba, entre otros productos. Para ellos es re común vender dulce de leche, aunque solo nosotros lo comemos. Este año todo el mundo estaba contento porque habían llegado los bizcochitos Don Satur, lo cual es muy importante porque nos encantan para acompañar el mate”, detalló.
El problema suele ser conseguir alquiler y trabajo, dado que son requisitos mutuos, por lo que María José recomendó resolver alguna de las dos situaciones antes de partir a Andorra.
La joven indicó que este país de Europa es un buen lugar para una primera experiencia fuera del país. “También empieza a picar el bichito de la curiosidad, para salir un poquito de lo que estamos acostumbrados”, expresó.
Nivel experimentado
Celeste Basoalto inició la vida nómada hace dos años, recientemente finalizó su segunda temporada invernal en Andorra. “De noviembre a abril viajo a Europa con mi pareja Víctor y de junio a septiembre, aproximadamente, hacemos temporada en Las Leñas”, contó.
Víctor comenzó a trabajar y viajar en 2013, dado que se dedica a la fabricación de nieve artificial, mientras que Celeste trabaja de secretaria administrativa en las oficinas de servicio de pistas. “Las Leñas tiene mis montañas favoritas. Acá tengo mi familia, mis amigos y mi trabajo. Acá soy feliz, es donde me siento como en mi casa”, expresó la joven.
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Celeste y Víctor comparten la vida nómada en busca del invierno durante todo el año.
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Al igual que otros viajeros, eligieron Andorra por la flexibilidad para residir y trabajar sin contar con ciudadanía europea, como sí exigen otros países. “Nos da la oportunidad a personas que no tenemos pasaporte europeo de trabajar legalmente. Allá trabajo como camarera en un restaurante. En agosto o septiembre ya se ponen en contacto con nosotros para verificar si vamos a volver a ocupar el puesto de trabajo”, indicó.
Además, expresó: “Viajar a Andorra es una experiencia diferente, vivir allí es extrañar un montón a la familia y el hogar. Extrañamos todo. También nos brinda miles de oportunidades, no solamente en lo laboral sino de conocer personas con culturas y costumbres diferentes a las nuestras. Hoy tenemos muchos amigos en Andorra que forman parte de nuestra historia”.
Según la joven, emigrar te invita a conocer varios países y no solo quedarse en uno, como también conocer historias, y hablar otros idiomas. “Esta es la magia de la aventura, es la vida que me gusta y nuestros trabajos corresponden al invierno. Hacemos lo que nos gusta mientras vivimos rodeados de nieve”, expresó.
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Celeste siente que las montañas de Las Leñas son su hogar.
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Viaje sin regreso
Jesica Retamal viajó a Andorra por primera vez para trabajar en la temporada 2008–2009. La primera experiencia la enamoró del lugar y al año siguiente fue para quedarse.
“Vivo en Andorra de manera estable desde el año 2010, pero mi historia con este pequeño país empezó un poco antes. Por aquel entonces trabajaba en Las Leñas, y era común escuchar hablar de Andorra como un destino casi mítico entre quienes hacíamos temporada, así que me animé a probar”, relató.
Tras su primer viaje a Andorra, regresó a Malargüe con la idea de volver a Europa. “Desde entonces, no me fui más. Al principio, mi idea era hacer un par de temporadas, como muchos malargüinos: ir, volver, trabajar, juntar algo de dinero y seguir, pero el destino tenía otros planes”, contó.
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Jesica eligió Andorra para construir su hogar y familia.
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Encontró el amor en Europa y ambos compartían el mismo sueño: trabajar un tiempo y después invertir en Argentina. “Lo intentamos, lo soñamos, pero no se dio. Finalmente, entendimos que nuestro camino estaba acá. Decidimos construir una vida en Andorra, invertimos en nuestra casa y formamos una familia. Después de 15 años, seguimos afianzados y felices en esta tierra que también sentimos como nuestra”, comentó.
Los nómadas invernales coinciden en que Andorra tiene magia y paisajes que enamoran. “Es un lugar especial. Tiene calidad de vida, seguridad, naturaleza, oportunidades y algo que para los que venimos de lugares chicos como Malargüe, significa mucho: acá uno puede crecer, emprender, y al mismo tiempo vivir tranquilo”, indicó.
Entre nieve y montañas, muchos oriundos de la tierra del sol y del buen vino, eligen ir y venir para mantenerse con temperaturas bajo cero y escapar del verano. “Muchos malargüinos han elegido este destino por las mismas razones, porque entre montañas y desafíos, también se encuentra una vida posible, distinta, pero muy gratificante. Hay algo en Andorra que nos atrapa, nos hace sentir en casa a pesar de estar lejos”, expresó Jesica.