No hacen falta grandes peleas, escenas dramáticas ni diagnósticos rimbombantes para que una relación empiece a erosionarse. A veces alcanza con un gesto a destiempo, una palabra dicha sin afecto o un silencio mal entendido. Las parejas “comunes” atraviesan distintas etapas del vínculo y que, sin darse cuenta, pueden ir sumando pequeños granos de arena hasta colmar el balde de la paciencia.
La pareja es como un río. En el enamoramiento, el cauce es suave, sin piedras ni obstáculos. Todo fluye casi sin esfuerzo. Con el paso del tiempo, aparecen los primeros desniveles: hay que remar, coordinar, prestar atención. Y en etapas más avanzadas —con convivencia, hijos o familias ensambladas— el río se vuelve de montaña: exige trabajo conjunto, empatía y mucha comunicación.
Es en ese recorrido donde surgen los gestos, palabras o silencios que no parecen graves, pero generan ruido interno. Un cumpleaños olvidado, un plan importante postergado, una decisión tomada sin consultar. Situaciones frecuentes que, sobre todo en épocas sensibles como las fiestas de fin de año, pueden tensar aún más los vínculos. No importa tanto qué se come o dónde se pasa, sino el clima que se logra crear, es decir, el impacto de decidir unilateralmente, porque allí aparece una diferencia de poder que daña la idea de pareja.
Entre los gestos que más enfrían la relación hay uno muy actual: el celular. Escuchar a medias, mirar la pantalla mientras el otro intenta contar algo importante, corta de raíz la posibilidad de conexión. De ese gesto no se vuelve, no se trata solo de hechos felices: muchas veces la pareja es el primer refugio para compartir miedos, problemas laborales o angustias. Si del otro lado no hay atención plena, el mensaje queda trunco.
ChatGPT Image 17 dic 2025, 20_11_53
Hay un concepto clave: la escucha empática. Mirar a los ojos, no interrumpir, no anticiparse con soluciones. Preguntar qué necesita el otro: ¿solo ser escuchado o también una opinión? Muchas veces no se busca resolver, sino sentirse comprendido. Dar consejos cuando no se pidieron puede resultar tan invasivo como el silencio indiferente.
También hay distintos modos de procesar lo que duele. Hay personas que necesitan hablar y otras que prefieren el silencio. Respetar ese tiempo, incluso cuando va contra la lógica de “acompañar”, también es un gesto de amor. Lo mismo ocurre con anticiparse a las necesidades del otro, asumir tareas sin reproches ni heroicidades, simplemente por compromiso afectivo.
Las palabras no son un detalle menor. El tono, el modo de decir, el uso —o no— de términos afectivos marcan la diferencia, especialmente cuando uno de los dos está sensible. La palabra amorosa no se reserva solo para la noche o para el sexo: se construye durante todo el día. Incluso en la comunicación digital, un mensaje frío puede sentirse distante, mientras que un pequeño gesto refuerza el vínculo.
A su vez, hay que poner la lupa en los silencios. No es lo mismo callar para escuchar que callar desde el “no me jodas”. Y hay otro punto revelador: los gestos cotidianos hacia terceros, cómo se trata a un mozo, a un subordinado, a los animales. Esos comportamientos, invisibles, pero constantes, enamoran o desenamoran más que cualquier promesa.
Gestos, palabras y familias
En las parejas ensambladas, el cuidado debe ser aún mayor. Los hijos de relaciones anteriores son un territorio sensible: ni exceso de autoridad ni distancia emocional. Un gesto mal interpretado puede ser el detonante de una crisis que, desde afuera, parece inexplicable.
La conclusión es clara: la relación de pareja es una maratón, no una carrera corta. Requiere administrar esfuerzos, afecto y atención a lo largo del tiempo. Los gestos y las palabras se acumulan, segundo a segundo. No hay psicopatías ni grandes violencias en juego, pero sí algo igual de dañino: el desamor que se construye en silencio.
Es necesaria más empatía entre las personas y, especialmente, dentro de las parejas, porque muchas veces, un gesto a tiempo puede cambiar el curso del río.
Escuchá mi columna todos los miércoles a las 17, enAconcagua Radio 90.1 en el programa Haciendo Cumbre, con la conducción de Emiliano Serrano y Cecilia Zabala.