A poco de despedir para siempre el año 2020 y de fijarse metas para el 2021, Mauricio Badaloni, presidente de la UIM (Unión Industrial de Mendoza) se pronunció, a partir del futuro incierto que ve para la provincia, sobre definiciones en temas que preocupan: un auténtico cambio de rumbo económico para revertir la pobreza y la educación, de la mano de una apuesta en serio a actividades sin explotar aún, como la industria del conocimiento y la minería.
"La visión estratégica de una provincia y un país tiene que ver con lo que los ciudadanos quieren no solo cuando votan, sino en el marco de las instituciones. La reflexión principal es ¿de qué vamos a vivir a futuro?. Siempre nos interpelamos acerca del pasado, pero poco sobre lo que está por venir, por ejemplo con la industria del conocimiento, o en la dualidad planteada entre la minería o industrias extractivas y el resto. Tenemos que pensar en un todo, como lo hicieron San Juan y Neuquén; si lo vamos a hacer, a quién le pediremos que nos controle", introdujo Badaloni.
Tras 12 años sin crecimiento del trabajo formal privado, para el dirigente "hay que ver cómo salimos de eso que la política encierra en cuestiones discursivas pero al final es matemática y económica, en tiempos en que siempre gastamos más de lo que producimos".
Logística, agua y algo más
El titular de la UIM sostiene sus afirmaciones con datos, como el 70% de los bienes transables con el Pacífico que salen por el Corredor Bioceánico, que tiene a Mendoza como polo estratégico. "Desde el Estado hay poco hecho en materia logística más allá de lo que hacen muchos empresarios. La primera inversión importante con Chile es el ferrocarril San Martín, y también la plataforma del Pacífico con la agilidad de los puertos nos permite contar con un lugar privilegiado que no ocupamos", aseveró.
Pero el cambio deseado incluye un propulsor que promete: la economía del conocimiento. Badaloni, a partir de la oferta universitaria, señala "un déficit de casi 5 mil jóvenes" que podrían insertarse en ese mercado. Y tampoco rehúye a un tema crítico: la escasez de agua.
"Debemos interpelar a la política pero también a nosotros mismos sobre los caminos a elegir. El agua escasea y será un límite para el resto de la producción, llámese agroindustrial o agropecuaria: el 80% se va entre esas dos actividades, y no va a alcanzar. Nos falta infraestructura hídrica y mucha inversión para no tener los problemas de desabastecimiento que ya estamos viviendo; eso no se va solucionará prescindiendo de alguna actividad, pero el Estado no tiene la plata para hacerlo".
En conjunto, el empresario cree que el "camino no es rivalizar ni generar banderas que tienen que ver con lo que pensamos, sino con la parte económica y cómo nos relacionaremos con el resto del mundo. Siempre estamos como el perro que se muerde la cola".
El futuro de la minería
Por supuesto, la actividad extractiva, que este año recibió un duro revés con el fracaso de la reforma a la ley 7722, también aparece en la agenda. "Es muy difícil en el mundo moderno prescindir de algunas cosas. El tema es que nos quedamos paralizados en un Boca-River, y si la gente no acompaña la política, con ese límite, tampoco va a asumir nuevos desafíos. Hay que entender que el gobernador Suarez tomo la iniciativa porque entendió que las dos fuerzas principales de Mendoza habían planteado un escenario de cambio de la matriz productiva y focalizarse en la actividad extractiva y la minería", observó al respecto, no sin trazar paralelismos con otras realidades.
"En el marco institucional buscamos que las cosas sucedan: al caso de Australia podemos sumar lo de Chile: al otro lado de la cordillera hay ciudadanos que cobran 2 mil dólares, y acá estamos lejos, porque Mendoza está por debajo de la media salarial nacional y tenemos una desocupación muy alta pese a que se dice que es una provincia rica", ejemplificó el número 1 de la UIM.
Chile exporta 10 mil millones de dólares solamente de cobre, mientras Mendoza no supera los 1.200. Para Badaloni, "San Juan está próxima a superarnos. Entonces, uno dice: "bueno, es lo que elegimos", pero no hay que equivocarse; la provincia tiene el 4% del área irrigable, mientras San Juan va por el 7%, y tiene tres diques mientras acá se hizo uno".
"En ese punto es donde proponemos que la agroindustria ejerza el poder de policía, para que el destino de ese dinero no sea a la caja común de gastos corrientes del Estado, sino pueda direccionarse de manera inteligente y eficiente. Para esto tambien necesitamos de otras industrias, para potenciar las rutas, bajar costos logísticos e impermeabilizar cauces, todo el dinero que se requiere para tener mayor área cultivable y que sea más barato cultivar y regar, porque no es lo mismo administrar el recurso que abrir la canilla", agregó.
Así, el dirigente pidió como su deseo para 2021 "un poco más de conciencia: la industria madre es la minería. No existe el resto de las actividades si no hay ruedas, equipos logísticos, hierro y acero, tampoco energías renovables sin materiales de innovación que no vienen de una planta sino de una serie de aleaciones. De hecho, la agroindustria necesita fertilizantes, lo mismo que el proyecto de sales de potasio que era tan importante para Mendoza y está desdibujado: un día los dos productores más importantes, Bielorrusia y Canadá, decidieron bajar costos y quedó bajo el agua".
El desafío de agregar valor y el peso de los impuestos
El debate de cómo prescindir de los commoditys para priorizar la oferta de productos con mayor valor agregado fue otro tema abordado por el dirigente. "Tenemos un país con un alto costo. Se cobra impuestos a la exportación, algo que no existe en el mundo. Cualquier alimento, lo básico para cualquier ciudadano, tiene más del 55% de componente impositivo, según Copal", consignó.
Según Badaloni "exportamos impuestos. Hay que entender el rol del Estado, pero también la balanza comercial y que el ciudadano no quiere pagar más. Así, muchos productos que son commodities, para agregar valor requieren inversiones que no se pueden hacer".
Una variable directamente vinculada es la de la oportunidad de una reforma impositiva a fondo. Y el negocio financiero, que avanza pese a todo.
"Si se toma el salario de una persona, sobre $100 el empresario debe poner $150. Del lado de los alimentos, si más de la mitad son impuestos, significa que el poder de compra es de $45 sobre $100. Lo que se necesita es producir y exportar más, esa es la cuestión virtuosa. Pero si le sacás aire al fuego, el fuego no va a prender; hay que ver cómo hacemos para cambiar la fórmula. Otra cuestión es que no puede ser que lo único que sea negocio sea la actividad financiera en vez de la plata puesta en el sector productivo, aunque a veces signifique pérdidas", concluyó el titular de la UIM.