25 de marzo de 2026
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Cuando el sueño de ser padres y madres no se da por vencido

Por Walter Gazzo

Analía y Diego son padres de Luciano y Gaspar, mellizos 3 de años y 5 meses. Ellos son los que alegran la casa, la familia, los que le dieron vida a la vida.

No fue para nada sencillo que Analía y Diego se convirtieran en madre y padre. Es que los óvulos de Ana no eran aptos y eso hizo que se les viniera el mundo abajo. Pero, cuando el amor puede más, nada te detiene. Y eso le sucedió a esta pareja mendocina que hoy disfruta de sus chicos.

Historias como estas hay muchas. Hay algunas que terminaron con felicidad y otras que no. Incluso, hay algunas inconclusas y es por eso que está bueno que Analía y Diego ofrezcan su testimonio, porque sirve como inspiración para saber que no hay que bajar los brazos, nunca.

Y es tan importante dar a conocer esta historia -y otras más- que por estos días apareció el libro "Historias de infertilidad, historias de familias" que fue presentado por la Asociación Concebir y el mismo recopila testimonios de lucha y esperanza además de relatos de parejas heterosexuales, parejas igualitarias y madres y padres solteros que compartieron sus vivencias.

En el libro se encuentran 25 experiencias en la búsqueda del sueño de tener un hijo y en el mismo hay historias de todo tipo. Y está la de Analía y Diego también. Pero desde Sitio Andino hablar con ellos fue una experiencia mucho más rica y conmovedora.

-¿En qué momento decidieron afrontar un tratamiento para poder ser padres?

Analía: Llevábamos 6 meses buscando y no lográbamos el embarazo, entonces fuimos con mi ginecólogo, le explicamos y me mandó a tomar pastillas para mejorar la ovulación. Era normal todo hasta ese momento. Al cabo de un año, nos sentó a ambos en su consultorio y nos dijo: "Vamos a tener que probar con una inseminación". Nos miramos y no lo dudamos, dijimos que sí. Aunque nunca nos imaginamos todo el camino que íbamos a tener que recorrer. Ahí empezamos con los primeros estudios de rutina y a mejorar algunos valores con tratamientos (más pastillas). El primer año nos hicieron 3 inseminaciones, todas negativas.

-¿Cómo fue buscar y optar por un tratamiento específico?

Analía: Los médicos te van guiando qué te conviene hacer, qué estudios, pastillas, tratamientos. Por mi parte me basaba en otras experiencias o historias y Diego -que es más estructurado y analítico- buscaba información en internet sobre los porcentajes de efectividad de los distintos tratamientos. Yo no quería saber nada de números, solo de estar positiva. Cuando falló nuestra segunda in vitro (mediante la técnica ICSI), el doctor nos dijo que mis óvulos no eran de buena calidad. Nos replanteamos todo el tema de ser padres ya que existía la posibilidad de serlo mediante la ovodonación. Era algo muy raro y difícil de asimilar; muchas cosas que pensar. Ahí buscamos una segunda opinión y nos fuimos a un doctor en Chile que nos recomendó -mediante medicación- ver de mejorar los óvulos o ir a ovodonación. Como mis óvulos no mejoraron por la medicación solo nos quedaba bajar los brazos o aceptar la ovodonación. Ahí me crucé con la gente de Concebir, una asociación de Buenos Aires que ayudan y acompañan a personas que buscan un hijo. Fui a una de sus charlas más mails continuos con ellos me ayudaron a despejar muchas dudas. Un año me llevó tomar la decisión sobre la ovodonación. No es fácil sobre todo para quien va a recibir el gameto. Estela Chardon (cofundadora de Concebir) me recomendó hacer el duelo genético, y así fue; lloré mucho, pensé en que no iba a tener nada mío, ningún rasgo. Es algo que nunca te lo planteás cuando es de manera natural.

Entonces cuando empezamos el proceso de ovodonación en Chile, la clínica de allá nos derivó a una psicóloga especializada en el tema. Por lo general cuando vas a recibir gametos tenés que pasar la prueba psicológica. Luego de unos meses, nos dijeron que había una donante para nosotros.

-¿Cuál fue el momento más difícil que tuvieron durante el tratamiento?

Analía: Fueron 3, ya que íbamos cruzando como barreras mentales que no pensábamos cruzar:

1) Las betas negativas de las inseminaciones, porque siempre decíamos que luego de las inseminaciones, nosotros ya estábamos esperando un bebé.

2) Cuando nos dijeron en la clínica de Mendoza que eran mis óvulos el problema. Lloramos todo un fin de semana, se nos derrumbó el cielo.

3) En Chile, cuando en el último tratamiento que probamos con óvulos propios, no dio resultado, ya que los embriones no llegaron a sobrevivir al 5 día.

-¿Cuántas veces bajaron los brazos y no quisieron seguir con la búsqueda?

Diego: Es agotador ir de examen en examen, de "a ver si esta vez se nos da", rezar (ya no sabes a quién). Llega un momento que tanto tu cuerpo como tu cabeza te dicen "hasta acá llegamos". Y si tu pareja no te apoya ni acompaña es imposible. Analía dijo "hasta acá llegué", le pedí que nos diéramos otra oportunidad, y nos dimos 2 oportunidades más.

-¿A quién escucharon como guía en todo ese tiempo?

Analía: Principalmente a mi ginecólogo (Eugenio Bianchi), fue él quien nos iba apuntalando en la parte médica, a nuestras psicólogas personales y a Estela Chardon, que la conocimos en el último tramo del camino. Tuvimos que entender que la infertilidad es un problema muy común pero nadie lo nombra, es un taboo social.

-Después de la experiencia y de tener los mellizos, ¿cuál es la definición de felicidad para ustedes?

Los dos: Que nunca nos rendimos. Lloramos mil veces pero todo valió la pena. Ver crecer a los mellis, verlos dormir, jugar, llamarnos "mamá" y "papá"... Ellos son nuestra felicidad.

Luciano y Gaspar nacieron el 3 de junio de en el Hospital Español. Llevaban 36 semanas de gestación y un viernes a la madrugada fue necesario llevar a Analía al hospital. "Sufrimos hasta el último momento" comenta ella, siempre con una sonrisa. Y recordó su embarazo: "Fue divino: no tuve ningún problema. Es más, cuando tenía 5 meses de embarazo fui a ver a Miranda! Y bailé un poquito...".

En estos tiempos de pandemia, de muertes silenciosas y dolores mundiales, hablar de un canto a la vida viene bien. 


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