En esta época primaveral los mendocinos disfrutamos del incipiente calor, de los días con sol pero una gran parte de la población sufre con el polen y, en especial, con el que desprenden las moreras, especie que habita de gran manera en nuestra provincia.
Pero, ¿por qué debemos "sufrir" las moreras?
Pues hay una razón y es histórica.
Así lo contó la profesora de historia Celeste Aroca en el programa El Buen Salvaje, que se emite por Radio Andina: "Mendoza ha sido el núcleo de la región vitivinícola, pero siempre se llevaron a cabo importantes esfuerzos para implantar otras industrias de base agrícola. Entre ellas, resulta interesante conocer cómo el Estado provincial alentó la industria serícola, que se presumía como más rentable y de mayor alcance -incluso que la vid-, pudiendo ser desarrollada por grandes y pequeños productores, así como por familias en menor escala".
¿Qué es la sericultura?
Es una actividad que realiza el hombre criando en lugares cerrados gusanos de seda (Bombyx mori), con la finalidad de obtener la seda.
Se compone de 3 etapas: agrícola-forestal (cultivo de la mora, fruto que se alimenta el gusano), pecuaria (cría del gusano de seda) y transformación (obtención y procesado de la seda). El gusano tiene la capacidad de producir con sus glándulas sericígenas, cientos de metros de un filamento de una calidad no superada aún por ningún producto sintético.
Para el desarrollo de la sericultura no se requiere de mucha inversión inicial, sólo dedicación y cuidados. Puede realizarlo un núcleo familiar e incluso personas minusválidas.
La seda es un recurso natural de propiedades únicas. conserva el calor, absorbe el agua, gases y colorantes. Además es aislante de metales.
¿Cómo llegó a Mendoza?
Cuenta la profesora Aroca: "En 1821 fue Tomás Godoy Cruz, quien era gobernador de Mendoza, quien se ocupó de introducir las moreras en la provincia y traer desde Chile los huevos para poder desarrollar esta actividad. Fue él quien escribió un tratado sobre los gusanos de seda y la implantación de la industria sérica, porque se veía que podía ser una actividad económica muy rentable, accesible y sin inversión fuerte inicial.
Después de que ganaran los Federales en Mendoza, Godoy Cruz tuvo que exiliarse en Chile y, en 1840, Félix Aldao -que era el gobernador de Mendoza- convocó a Godoy Cruz para que se hiciera cargo de esta incipiente actividad. Entre 1840 y 1950 fue muy fuerte la producción pero no se alcanzó a montar una hilandería. Se producían los capullos que se vendían a Buenos Aires y Europa, siendo de muy buena calidad la seda.
Todo venía bien pero una plaga atacó a los gusanos y durante dos años se frenó la producción y desmotivó a todos los que estaban metido en esto".
Más adelante, la profesora relató: "En 1926, bajo el gobierno del lencinista Alejandro Orfila se le dio un impulso fuertísimo a la producción de los gusanos de seda. Ahí se implementaron políticas económicas que estaban destinadas a instalar esta práctica en Mendoza. Por ejemplo, se puso moreras en todos lados: como arbolado público, en las escuelas, en las viviendas rurales y todo lo hacía el gobierno, ayudando a los que estaban con interés de desarrollarse en esta economía con la compra de los primeros huevitos.
El lencinismo fue denominado como un populismo temprano y ya por 1920 pensaban y hablaban sobre la justicia social y ellos apuntaban que la industria de la seda iba a favorecer a familias humildes que podrían tener una ayuda por este lado, vendiendo capullos. Pero como durante la etapa del lencinismo sufrió de intervenciones y mandatos sin conclusión, el proyecto quedó trunco".
El sueño oficial era grande según lo que cuenta la profesora Aroca: "Uno de los proyectos que había en ese entonces era montar una hilandería de seda en el recientemente inaugurado pasaje San Martín pero no se pudo".
"Hay muchos estudios del INTA sobre las ventajas de esta industria y siempre hubo gobiernos que intentaron promoverlo, como en la década del 50, en los 70 y hace muy poco en el año 2009, que se impulsó un proyecto para impulsar la sericultura a nivel nacional" agregó y destacó que "siempre se abandonaron los proyectos porque aparecieron momentos políticos muy complejos".
Como detalle llamativo, la profesora cuenta que la sericultura era enseñada en la escuela para que fueran ellos los que ayudaran a sus padres y los formaran en esa industria. Esta iniciativa se abrió a toda la provincia y es por eso que hay moreras en toda la provincia.
Según el censo de arbolado público del 2012, el 41 por ciento de los árboles que hay en Mendoza son moreras. Estas fueron puestas a propósito porque las hojas son el alimento de los gusanos de seda.