Ante eventual falta de cosechadores "golondrina", prevén capacitar a mendocinos desempleados
Según estimaciones, las distintas cosechas en Mendoza movilizan a unos 48 mil trabajadores, y aproximadamente 25% llegan cada año desde las provincias del Norte argentino. Es la cuota ahora en duda ante las restricciones que impone la pandemia para la circulación, y mientras el Gobierno intenta destrabarlas el calendario agrícola marca que en pocas semanas será la recolección de ajo y algunas frutas, lo que empieza potenciar una alternativa válida: capacitar a mendocinos, a cambio de un pago mensual, para emplearse en esas tareas.
Es lo que permitiría la ampliación del Programa Enlace (Entrenamiento Laboral Certificado), lanzado en agosto para permitir la inserción laboral de personas de entre 18 y 55 años sin trabajo actualmente, a cambio de $7000 mensuales mientras dure la capacitación. Aunque contempla otro tipo de habilidades, dada la incertidumbre sobre una demanda del sector primario que podría no ser satisfecha del todo, ahora se analiza incorporar ese cambio que por la tarde del miércoles se trató en una reunión vía Zoom con distintas entidades sectoriales.
En realidad, desde el Ministerio de Economía ponen énfasis en resolver la prioridad temporal, ya que el ajo necesita contar con los recursos humanos suficientes para la segunda quincena de octubre. Y asumen que formar trabajadores nuevos llevará tiempo, lo que hace pensar que se podría llegar al momento de una vendimia que suele requerir al menos 2.500 cosechadores, si antes no se resuelve el tránsito entre provincias mediante protocolos y una intervención efectiva del Gobierno nacional.
El secretario de Agricultura, Sergio Moralejo, asumió que "el foco está puesto en lograr la llegada de los cosechadores como cada daño. Veremos si hay una perspectiva de faltante y avanzaremos con la capacitación de mano de obra local, pero no como un plan B: siempre ha sido parte de la primera opción que los mendocinos tengan trabajo, para lo cual corresponde ver la conformación de la población desocupada por zonas rurales o urbanas".
Primero Jujuy, ahora Salta y Tucumán
Moralejo mantuvo una reunión con Ezequiel Ivacevich, ministro de Producción de Jujuy, para avanzar en las condiciones para el desplazamiento de trabajadores desde esa provincia hacia Mendoza, que contemple "alertas tempranas".
Es el primero de una serie de contactos con el mismo esquema, en la que sigue Salta, Tucumán y Santiago del Estero, los principales orígenes. Para Moralejo, "también hay que garantizar que haya transporte, y que Nación garantice la libre circulación y la ayuda social que reciben muchas familias, además de los protocolos para el arribo. Es una logística única, porque, por ejemplo, no se cuenta con micros de larga distancia, habitual medio de transporte".
Quedan algunas tareas, como el pedido expreso a Nación (con aval empresario) para quienes son beneficiarios de asignaciones no dejen de cobrarlo. Y ya hay gestiones con la CNRT (Comisión Nacional de Regulación del Transporte), que tiene la potestad para autorizar las condiciones para el tránsito interprovincial de micros, algo que, en su defectó, obligará a otra negociación con las provincias más "duras", como San Juan.
El panorama del ajo y la cereza
El almanaque marca a continuación el turno de la cereza y el ajo, seguida de los frutales de carozo. Sus referentes tampoco pueden disimular la preocupación por la coyuntura con este efecto colateral de la pandemia.
Sólo en el caso de las fincas con cerezos, entre 600 y 700 hectáreas productivas concentradas sobre todo en el Valle de Uco, se emplean entre 1.200 y 1.500 obreros en total (alrededor del 30% son foráneos) que suelen solaparse con la recolección para los galpones ajeros. Es parte de la migración que termina casi en abril con los frutos secos, antes de seguir rumbo a las cosechas de la Patagonia.
Mientras se intenta avanzar en protocolos interjurisdiccionales que incluyan tests rápidos e hisopados en origen, algunos directivos ya tienen opinión.
"Formar mano de obra local a través de Enlace no es imposible ante una circunstancia que impida el traslado de gente de otras provincias. Implica considerar un par de circunstancias, como que la gente esté dispuesta a ir a trabajar al campo. La otra es la capacitación: es una cosecha muy especializada, porque la cereza es una fruta sensible que requiere cuidado, sin dañar la planta, y con la particularidad de que en un mes la tarea terminó", señaló Alberto Carleti, presidente de la FEM y productor de cerezas del Valle de Uco.
Para la vitivinicultura, una opción viable
La vitivinicultura emplea anualmente unos 2.500 cosechadores. Y aunque tiene unos 5 meses por delante para el comienzo de la vendimia la actividad ya está abocada a definir las condiciones para asegurarse la mano de obra necesaria, incluso con la formación de recurso humano local como alternativa.
Para Nicolás Vicchi, subgerente de Acovi, aún es pronto para hablar de riesgos para la cosecha si faltan cosechadores golondrina "porque la realidad obligará a resolverlo de alguna manera. El problema no es sólo la interjurisdiccionalidad, sino la cuarentena y los hisopados, entre otras cuestiones".
De ahí que, a criterio de Vicchi, "hay que a analizar el alcance del programa Enlace y su instrumentación. Algo a plantear y discutir es cómo, por ejemplo, poder destinar una misma cuadrillas a distintas fincas, que permita a varios pequeños productores aunados poder sobrellevar dos meses de capacitación y trabajo".
Luego de la vendimia, a quienes viven de cada cosecha estacional los esperan las fincas con papa y nogales, entre otros frutos secos.