Vitivinicultura argentina: El Chardonnay pierde superficie pero gana en exportaciones
Chardonnay, variedad importante de la vitivinicultura argentina, destaca por su calidad, exportaciones y potencial en el competitivo mercado del vino blanco
En mayo, el mundo del vino celebra a una de las principales uvas blancas, la Chardonnay. No hay consenso exacto sobre la fecha -algunos calendarios la ubican el 22 y otros el 29-, pero lo cierto es que esta variedad ocupa un lugar indiscutido en la vitivinicultura global.
Adaptable, versátil y expresiva, la Chardonnay se destaca tanto en los viñedos franceses de Borgoña, Chablis y Champagne como en los del Valle de Napa en California, el Valle de Yarra en Australia o Mendoza y San Juan en Argentina.
En el país, la Chardonnay representa un eslabón clave de las exportaciones de vino blanco, especialmente en el segmento a granel. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en 2024 había en Argentina 5.542 hectáreas de Chardonnay, lo que equivale al 2,8% del total de vid y al 17% de las variedades blancas aptas para elaboración.
Exportación a granel: una puerta al mundo
Aunque suele vincularse al consumo interno o a vinos espumantes, la Chardonnay es la variedad blanca más exportada de Argentina si se suman los formatos fraccionado y a granel. En este último segmento, ocupa el sexto lugar entre todas las variedades y concentra el 21% de los envíos de vinos blancos al exterior.
Durante 2024 se exportaron 702 mil litros de Chardonnay en formato granel. Los principales destinos fueron Japón (32% del total), Estados Unidos (18%), Suecia y Bélgica (14% cada uno) y el Reino Unido (11%). Esta lista muestra que el varietal no solo conserva prestigio en mercados tradicionales, sino que también logra mantener una presencia constante en países exigentes en calidad.
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La vitivinicultura argentina gana espacio en las exportaciones a granel de Chardonnay
Perfil aromático y potencial enológico
La Chardonnay es reconocida mundialmente por su capacidad de adaptación a diversos climas y suelos, lo que se traduce en una paleta aromática muy amplia. En Argentina, tiende a ofrecer vinos con notas de frutas tropicales maduras. No obstante, cuando se la cultiva en zonas más frescas o se cosecha en fechas tempranas, también puede exhibir aromas cítricos y florales.
Además, cuando pasa por crianza en barricas, el Chardonnay gana cuerpo, untuosidad y complejidad, con toques de vainilla y ahumados, que le permiten una excelente capacidad de guarda.
Una superficie en retracción
A pesar de su protagonismo exportador, la superficie de Chardonnay en Argentina muestra una tendencia a la baja. En la última década, se redujo un 13%, con una pérdida de 828 hectáreas desde 2014. Esta caída fue más marcada en San Juan (22%) que en Mendoza (12,9%), mientras que el resto del país mostró una leve suba del 3,7%.
La Chardonnay tiene presencia en 17 provincias argentinas, aunque Mendoza y San Juan concentran el 93,5% del total plantado. Mendoza lidera con 4.591 hectáreas, lo que representa el 83,1% del total nacional, seguida por San Juan con 575 hectáreas (10,4%).
En el ranking general, es la novena variedad más plantada del país, y la tercera entre las blancas de elaboración, detrás de Pedro Giménez (8.719 ha) y Torrontés Riojano (7.141 ha).
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Una apuesta con futuro
La dinámica del mercado global y el creciente interés por vinos blancos frescos y versátiles, particularmente en formatos como el granel, podrían renovar el atractivo de la Chardonnay para el negocio vitivinícola argentino en los próximos años.
Las exportaciones a granel son una alternativa estratégica dentro del contexto de caída del consumo interno y desafíos económicos para las bodegas que ven incrementar sus costos y perder competitividad por el dólar bajo. La Chardonnay, con su versatilidad enológica, reconocimiento internacional y buen rendimiento en mercados exigentes, puede consolidarse como una interesante propuesta de la vitivinicultura argentina en el escenario global del vino blanco.