Trabajo e ingresos en 2025: por qué la mejora de los indicadores no se traduce en bienestar
El mercado del trabajo cerró 2025 sin colapso, pero con salarios bajos, informalidad récord y una mejora estadística que no se refleja en la vida real.
Según el INDEC quienes se desempeñan en el trabajo informal mejoraron sus ingresos mas de 500% en 2 años
El mercado de trabajo argentino atravesó durante 2025 un proceso marcado de contradicciones y una afición del gobierno por la estadística creativa. A diferencia del derrumbe abrupto del empleo y del salario real registrado en los primeros meses del gobierno de Javier Milei -entre diciembre de 2023 y marzo-abril de 2024-, el último año no exhibió un nuevo colapso de los principales indicadores laborales y sociales. Sin embargo, esa aparente estabilización se asentó sobre bases frágiles: salarios históricamente bajos, expansión del empleo precario y una estructura productiva con escasa capacidad para generar puestos de trabajo de calidad. O sea que el proceso de degradación y colapso sigue, solo maquillado por la estadística creativa.
¿Pobreza en baja, precarización en alza?
El contraste con el inicio de la actual gestión resulta nítido. En los primeros meses de gobierno, los salarios perdieron cerca del 17% de su poder adquisitivo en un lapso muy breve, al tiempo que la pobreza escaló hasta alcanzar al 53% de la población, impulsada por la fuerte devaluación de diciembre de 2023. En 2025, en cambio, los ingresos dejaron de caer en términos promedio. Los salarios del sector privado registrado lograron sostener la recuperación parcial iniciada hacia fines de 2024, aunque sin revertir el deterioro acumulado desde 2017.
Algo similar ocurrió con los indicadores sociales. La pobreza retrocedió desde el pico del 52,9% registrado en el primer semestre de 2024 hasta ubicarse en torno al 31,6% en el primer semestre de 2025, según datos oficiales, con estimaciones privadas que la sitúan apenas por debajo de ese nivel para la segunda mitad del año. No obstante, esta mejora estadística convive con una realidad laboral cada vez más precarizada.
Creación de empleo: números y calidad
El gobierno destacó la creación de 238 mil puestos de trabajo entre el tercer trimestre de 2024 y el mismo período de 2025. Sin embargo, una lectura detallada de la Encuesta Permanente de Hogares revela que ese crecimiento tiene bases endebles. En primer lugar, se trata de apenas 88 mil empleos más que los existentes a fines de 2023. En segundo término -y este es el dato central-, el 85% de los nuevos ocupados se insertó en el sector informal. En los hechos, el proceso implicó una reconversión del empleo formal hacia modalidades precarias, sin derechos ni protección social.
Avance de la informalidad y el monotributo
La informalidad laboral alcanza hoy al 43,3% de las personas ocupadas. Incluso dentro del universo de los trabajadores registrados se observa un avance de formas más inestables de inserción. Entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025, los monotributistas crecieron en más de 53 mil personas, mientras la industria perdió 21 mil puestos y el empleo asalariado privado registrado se redujo en 26 mil. La suma de informales y monotributistas explica holgadamente la totalidad de los “nuevos” empleos celebrados por el Ejecutivo.
Mercado_Laboral_2025_Estabilidad_y_Precariedad
Los datos de trabajo e ingreso parecen no reflejar la realidad
Ingresos, inflación y estadísticas desconcertantes
Además, los datos del INDEC parecen diseñados para que las estadísticas le sonrían al gobierno; entre octubre de 2023 y octubre de 2025, los asalariados registrados del sector privado registraron un aumento salarial promedio del 272%, mientras que los del sector público alcanzaron el 215%. El dato más llamativo, sin embargo, corresponde a los trabajadores informales, que -según cifras oficiales- habrían obtenido una mejora promedio del 538%.
El registro resulta, cuanto menos, desconcertante. De acuerdo con el Indec, los ingresos de los trabajadores no registrados no solo más que duplicaron la suba de los salarios formales, sino que además superaron en 253 puntos a la inflación acumulada, estimada en 285%. De confirmarse esta dinámica en un contexto de elevada y creciente informalidad laboral, el escenario debería reflejar una expansión inédita del consumo masivo. Sin embargo, difícilmente pueda identificarse en la realidad reciente un antecedente en el que un sector social tan amplio haya experimentado una mejora de ingresos de semejante magnitud.
Estancamiento salarial y debilidad del consumo
Esta dinámica guarda una relación directa con la persistencia de la pobreza y con la debilidad del consumo. La actividad económica no logró consolidar una recuperación sostenida y muestra señales de una nueva fase contractiva. Según datos del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, los salarios privados registrados acumulan una pérdida del 22% en términos reales respecto de 2017, mientras que los del sector público retrocedieron un 37%. Durante el último año, los ingresos se mantuvieron prácticamente estancados en ese piso histórico.
Un equilibrio profundamente precario
El 2025 se caracterizó por un estancamiento relativo en niveles históricamente muy bajos. No se trató de un año de deterioro acelerado, pero sí de la consolidación de un equilibrio profundamente precario. El crecimiento del empleo se concentró en el trabajo por cuenta propia y, dentro de ese segmento, en el no registrado, impulsado por salarios insuficientes que obligan a complementar ingresos con informalidad.
El Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas advierte que, por primera vez, la suma de asalariados no registrados, cuentapropistas y autoempleados supera el 50% de la ocupación total. Este patrón de generación de empleo es, al mismo tiempo, el que produce menores ingresos y mayores niveles de pobreza. Estudios recientes del Instituto Gino Germani de la UBA confirman la destrucción neta de más de 400 mil puestos asalariados formales y un récord histórico de informalidad cercano al 48%.
La crisis salarial se expresa también en la expansión de los denominados “trabajadores pobres”: siete de cada diez ocupados no logran cubrir la Canasta Básica Total, aun trabajando jornadas completas. El pluriempleo alcanza al 12% de los trabajadores y se convierte en una estrategia defensiva frente a ingresos insuficientes. En paralelo, más de 430 mil personas se sumaron a la búsqueda activa de empleo desde fines de 2023, presionadas por la pérdida de poder adquisitivo.
Un patrón productivo desequilibrado
Detrás de este escenario subyace un patrón de crecimiento desequilibrado. El aumento del producto observado en el período se explica casi exclusivamente por sectores como la intermediación financiera, la pesca y el agronegocio, mientras la industria y la construcción registraron fuertes caídas. Esta dinámica ayuda a comprender tanto la destrucción de empleo asalariado como la proliferación del cuentapropismo de baja productividad.
Así, el mercado laboral cerró 2025 atrapado en una trampa de precarización estructural. La estabilización de los indicadores no implicó una mejora sustantiva de las condiciones de vida, sino la consolidación de un modelo que combina salarios deprimidos, empleo informal y una creciente fragilidad social con consecuencias profundas.