Cambio de moneda

¿Qué es la dolarización y cómo puede impactar en el bolsillo?

Milei vuelve a la carga con su promesa de dolarización. Cómo implementarlo con salarios por el piso y precios por las nubes. Opinan los economistas.

Por Miguel Ángel Flores

El presidente Javier Milei retomó en estos días un tema rutilante durante su campaña electoral, como la promesa de dolarización de la economía. Y si bien admitió que es difícil terminar de implementarla durante 2024, surgen muchas preguntas: ¿qué implica dolarizar? ¿cómo pegaría en una Argentina donde los salarios pierden por goleada con una inflación galopante reemplazar al peso por el dólar como moneda de cambio?

No es un plan económico porque lo único que hizo el presidente es dejar que la inflación haga un trabajo sucio. Tengo miedo que este plan, que por ahora es sólo aumento de impuestos y tarifas y enorme licuación de nuestros ingresos que afecta particularmente a la clase media y baja, se convierta en algo irreversible que es la dolarización”.

De esa manera define el alcance de un eventual cambio de moneda que implicaría la dolarización el economista y ex titular de Hacienda Martín Lousteau. Una apuesta a, ni más ni menos, que atar la economía argentina al dólar estadounidense y por ende a la política monetaria a las decisiones de la autoridad regulatoria del país del Norte (la FED o Reserva Federal), como el manejo de la tasa de interés de referencia.

El economista mendocino del Centro de Estudios Económicos de la Uncuyo, Nicolás Aroma, asegura que la dolarización ya empezó.

"Está en una primera etapa. Licuar salarios con una inflación alta facilita el proceso de dolarización, porque cada vez el Gobierno va a necesitar muchos menos dólares para recomprar la base monetaria de pesos", analiza Aroma, que añade al análisis la baja de las tasas de interés para depósitos a plazo fijo, que fueron la "vedette" durante el Gobierno de Alberto Fernández producto de la búsqueda de descomprimir la presión sobre el tipo de cambio.

Eso también mete en la "licuadora" tanto la deuda del Banco Central que Milei prometió incinerar, como depósitos en pesos para así acelerar los pasos hacia la dolarización.

Tras el equilibrio fiscal pregonado por el actual ministro de Economía Luis Caputo, la administración nacional empezó el "saneamiento" de las reservas del Banco Central que venían debilitándose. Viene haciéndolo desde la devaluación de 52% en diciembre (que estimuló la liquidación de divisas en dólares de los exportadores), lo que para no pocos es la primera señal.

¿Dónde están los dólares?

Aún con la voluntad del Gobierno de avanzar con ese propósito, para Gustavo Reyes, economista jefe del IERAL- Fundación Mediterránea hay dudas respecto de su viabilidad.

Según Reyes, si bien genera entusiasmo en gran parte de la opinión pública, adoptar al dólar, además de atarse a la política monetaria de Estados Unidos, implica cumplir una serie de requisitos de las llamadas 3 "áreas monetarias óptimas": una economía con ciclos sincronizados (y no crisis cíclicas), mercados laborales integrados y transferencias inter-gubernamentales (de economías sólidas a otras más débiles).

"Es difícil pensar que en caso de que Argentina esté en recesión Estados Unidos le transfiera dólares para salir de esa situación", dice Reyes, para quien "la dolarización no asegura crecimiento económico".

La duda es ¿de dónde van a salir esos dólares?

Más allá de los ingresos de divisas por turismo y exportaciones, los expertos consideran que hay una "dolarización encubierta" a través del Bopreal (Bono para la Recuperación de una Argentina Libre), que Caputo lanzó en enero para saldar la deuda a los importadores.

El objetivo, tal como ocurrió en los '90 con la convertibilidad, es eliminar de cuajo la inflación. Aunque implique daños colaterales evidentes, como la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.

Aroma explica que "controlar la inflación implica congelar los salarios. Se dice que hay muchos otros atrasados en la economía argentina, es el único precio que no se ha actualizado".

Por su parte, Reyes advierte que por más que el Banco Central haya comprado dólares en los últimos meses y así haber recuperado reservas "faltan muchísimos para poder hacer una conversión adecuada de base monetaria". Y por eso lo considera "muy difícil" en este momento de la economía argentina.

La diferencia entre dolarización y convertibilidad

Desde que Milei instaló el término "dolarización" hubo incluso comparaciones con la paridad 1-1 entre peso y dólar que reinó durante la década de los '90 con el menemismo. ¿Puede repetirse el esquema de la convertibilidad, o vamos a uno más fundamentalista?.

Se como sea, hay dos variables sensibles expuestas a reflejar los efectos: además de la pobreza, el desempleo. Tristes recuerdos de la década menemista.

"Las consecuencias pueden ser más bruscas, o peores, con la dolarización. Con el corset que implica perder la soberanía monetaria y fiscal al atarnos a otra moneda, no existe la posibilidad de aplicar una política que permita reducir la tasa de desempleo, y eso obviamente genera un mayor nivel de pobreza", acota Aroma.

A su turno, Reyes ejemplifica con el caso Ecuador, que si bien tuvo que lidiar con gran parte de su población caída en la pobreza "pudo lograr una baja rápida, pero no instantánea, de inflación. Pero cuidado: dolarizar no es sinónimo de ajuste de las cuentas fiscales".

Por ahora, para avanzar parece faltar mucho. Aunque el Gobierno ya dio un primer paso con la desregulación de la economía, los expertos coinciden en que hacerlo exige una serie de reformas, para muchos temidas, en el plano impositivo, pero sobre todo en el laboral y el previsional que, por ahora, mantienen a la gestión Milei sumida en muchos interrogantes.

Y queda una consideración no menor: cómo será cobrar en dólares, y pagar precios dolarizados.

"Al trabajador, que pasaría a cobrar en dólares su salario hay que ver realmente cuanto le alcanza en términos de poder de compra para adquirir la canasta básica de alimentos y otros bienes que también estará dolarizada", resume Aroma.

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