jueves 1 dic 2022
Estado de Sitio

Importaciones y divisas, un camino de sustitución inteligente

En medio de las clásicas operaciones recurrimos a un eminente investigador argentino para discutir seriamente la sustitución de importaciones.

Por Marcelo López Álvarez 7 de julio de 2022 - 10:10

Por la difícil administración de la divisas que produce la balanza comercial de la Argentina y el flujo de dólares de las inversiones generan una serie de debates interesantes respecto a los procesos de sustitución de importaciones, de la necesidad de estas para poner en marcha la industria y cómo generar además las condiciones para atravesar periodos de crisis recurrentes.

Hace algunas horas los títulos de algunos medios daban a entender que durante la discusión de la ley de promoción y beneficios fiscales para la industria automotriz había estallado la matrix del debate y ponían a José Luis Espert como sugiriendo un plan de sustitución de importaciones y lo bautizaban como Plan Rastrojero porque al parecer sugería fabricar tractores y camionetas para el campo en la Argentina como forma de ahorrar divisas.

Bueno tranquilos, no estalló ninguna matrix, ni Espert cerró una alianza con el kirchnerismo (porque con la izquierda tradicional argentina ya hace rato que están aliados) ni cambio de ideas, sino que es solo una pésima lectura y recorte de lo que dijo que es todo lo contrario.

Espert en su alocución en Diputados sólo una vez más fue vocero de la profundización del modelo de dependencia del desarrollo y la industria externa a cambio de commodities, o sea nada nuevo bajo el sol.

Es más, propuso directamente, importar todos los autos que se consuman en la Argentina en una economía libre y abierta (que solo existe en algunos países subdesarrollados) y aseguró insólitamente que “Importar es una manera indirecta de producir. Animémonos a abrir la economía al comercio y poner toda nuestra energía productiva en minería, hidrógeno verde, agro, agroindustria, economías regionales, turismo, energía solar” . O sea importar zapatos y exportar cuero como hace 200 años. Nunca sugieren esos discursos exportar baterías en vez de carbonato de litio.

Por suerte tenemos en nuestros país científicos y pensadores serios (eso sí no ocupan bancas de diputados ni sillas en la televisión) y que piensan seriamente estos temas de sustitución de importaciones y de modelos ya probados en el mundo que verdaderamente en el mediano plazo podrían significar el despegue de la Argentina y por lo menos el ordenamiento del eterno problema de la restricción externa.

Uno de esos pensadores es Eduardo Dvorkin, cuyo currículum es imposible traducir en estas líneas, solo vamos a agregar que en 10 años fue dos veces premio Konex; en 1993 en Ingeniería Electrónica y de Comunicaciones y Computación y en 2003 en Desarrollo Tecnológico.

“La incompleta industria argentina requiere un elevado nivel de importaciones para poder producir localmente. Es imprescindible un cambio de la estructura productiva argentina trabajando sobre la localización nacional de cadenas de valor" “La incompleta industria argentina requiere un elevado nivel de importaciones para poder producir localmente. Es imprescindible un cambio de la estructura productiva argentina trabajando sobre la localización nacional de cadenas de valor"

Dvorkin publicó hace unos días un interesantísimo artículo donde plantea la sustitución de importaciones inteligente a base de desarrollo tecnológico propio y propone comenzar imaginando una Argentina en la que, por ejemplo, el Estado no interviniese y el precio de los alimentos se igualase al internacional. La consecuencia sería un desastre nutricional masivo. También podemos imaginar que la no intervención del Estado permitiese que el precio local de la energía se iguale al internacional. La consecuencia sería que solamente un bajo porcentaje de la población tendría acceso a la energía.

Si el Estado le cede al mercado su lugar en el ordenamiento de la sociedad no habrá forma de aislar los precios internos de los externos y, teniendo en cuenta el nivel de los salarios internos, el previsible resultado sería una catástrofe social”

Amparándose en el fenómeno físico de los vasos comunicantes que llenan su nivel hasta igualarse, Dvorkin asegura que “En nuestra economía, los precios nacionales e internacionales, de mantenerse canales comunicantes sin control, se igualarían con la consiguiente ruina total de nuestro país”

Y plantea cuáles son los vasos comunicantes que el Estado debe controlar para evitar el estallido En primer término “Los egresos de divisas como pago de deudas de privados, pagos de royalties, giros de dividendos, etcétera, son canales que no pueden quedar librados al mercado y deben ser rigurosamente administrados por el Estado”.

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El científico e investigador argentino Eduardo Dvorkin, dos veces premio Konex plantea una sustitución inteligente de importaciones

El científico e investigador argentino Eduardo Dvorkin, dos veces premio Konex plantea una sustitución inteligente de importaciones

En cuanto al comercio exterior plantea que se debe controlar “tanto las exportaciones/importaciones físicas como el –en general– fraudulento comercio inter-empresas. El IAPI (1946-1955) fue el organismo utilizado por el gobierno del general Perón para controlar este canal y posiblemente haya sido una de las causas principales por las que la alta burguesía decidió el golpe militar del ‘55. Las Juntas Nacionales de Granos y de Carnes, fundadas en los ‘30 por el Presidente Agustín P. Justo, fueron antecedentes del IAPI, se fusionaron con este organismo y a partir del ‘55 lo sobrevivieron… hasta que fueron liquidadas por Domingo Cavallo, abriendo definitivamente la válvula que controlaba el canal del comercio exterior. El control del comercio exterior debe tener como objetivos evitar maniobras de triangulación que buscan evadir impuestos en el país, ya sea utilizando artilugios ilegales o legales (tax planning) de las grandes corporaciones y fuga de divisas. Asimismo, el control del comercio exterior debe establecer cupos de exportación para no desabastecer al mercado interno, manteniendo un riguroso control de precios y utilizando el instrumento de las retenciones a las exportaciones para controlar el flujo en los vasos comunicantes. La acumulación por parte de las industrias de stocks importados, más allá de las necesidades de su producción y muchas veces sobre-facturando su importación, es una forma de comprar dólares baratos para formar activos externos. La no liquidación en tiempo de las exportaciones y la subfacturación de las mismas es otro vaso comunicante a ser suprimido. Hoy las importaciones de gas natural licuado (GNL) ocupan un lugar destacado en el conjunto de los canales abiertos para la pérdida de divisas. La guerra en Ucrania ha subido enormemente el precio del GNL en el mercado internacional y la capacidad de utilizar el gas de Vaca Muerta está limitada hasta que se construya y ponga en funcionamiento el gasoducto Néstor Kirchner, una obra urgente”.

Dvorkin advierte que “La incompleta industria argentina requiere un elevado nivel de importaciones para poder producir localmente. Es imprescindible un cambio de la estructura productiva argentina trabajando sobre la localización nacional de cadenas de valor, lo que requiere el desarrollo local de tecnología, porque cuando se importa la tecnología se importan también las cadenas de proveedores externos (ejemplos claros son las industrias de electrónica de consumo y la industria automotriz). El desarrollo propio de tecnología permitirá evolucionar hacia el establecimientos de cadenas de valor con encadenamientos locales aguas arriba y aguas abajo, permitirá utilizar el conocimiento disponible en el sistema nacional de CyT y permitirá crear trabajo de calidad como ya está ocurriendo con la planta de celdas / baterías de litio de La Plata, un desarrollo entre Y-TEC, la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET que entrará en funcionamiento en diciembre”.

Dvorkin pone en números justamente el ejemplo que más de una vez hemos usado en este espacio el del litio y las baterías y asegura que “Es fundamental evitar el viejo y perjudicial esquema agroexportador aplicado también a actividades no-agro; por ejemplo, la exportación de carbonato de litio sin fabricar localmente baterías (la incidencia del costo del carbonato de litio en el precio de una batería no pasa del 7%); otro ejemplo es la importación de generadores eólicos y electrolizadores para producir y exportar hidrógeno verde, equipos que es posible desarrollar y fabricar localmente”

El investigador argentino autor de ¿Qué ciencia quiere el país? recurre al ejemplo de Brasil con el Presal “que es un gran yacimiento de petróleo y gas en aguas ultra profundas. Es muy importante el desarrollo industrial y de CyT que en época de Lula impulsó el Presal: ninguna compañía podía tener acceso al Presal (no solo las operadoras petroleras o las compañías de servicios petroleros sino tampoco los fabricantes de equipos offshore) sin tener desarrollado en Brasil y en convenio con las universidades brasileñas contratos de I+D y sin poner en marcha proyectos productivos asociados a las provisiones de equipos, insumos y servicios para el yacimiento. Como resultado, con años de trabajo, junto a Petrobras, la COPPE (UFRJ) es hoy uno de los más importantes referentes internacionales en tecnologías offshore y la industria de equipos offshore está muy desarrollada en Brasil”.

Y remarca como conclusión lo que también quedará como cierre de este espacio para aportar a un debate que es fundamental para reconstruir la Argentina y aunque parezca mentira también revalorizar nuestra moneda, “En la clásica sustitución de importaciones, se hacía ingeniería inversa de un insumo o equipo importado obteniéndose una versión algo desmejorada respecto del original pero que ahorraba divisas; hoy, utilizando nuestro potencial de CyT debemos desarrollar una sustitución inteligente de importaciones, en la que, sobre la base del conocimiento tecnológico propio, se superen las prestaciones de los insumos o equipos importados y simultáneamente se ahorren divisas al país”.

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