Como hobby o con la esperanza de crear un emprendimiento, familias mendocinas se iniciaron en la producción de huevos, pero optaron por centrarse en el bienestar animal y la sustentabilidad.
En el territorio mendocino existen diferentes emprendimientos que producen huevos, pero con gallinas libres de jaulas. Conocé de qué se trata.
Como hobby o con la esperanza de crear un emprendimiento, familias mendocinas se iniciaron en la producción de huevos, pero optaron por centrarse en el bienestar animal y la sustentabilidad.
Para diferenciarse de la industria a gran escala, estos emprendimientos se denominaron "huevos de gallinas felices", dado que están libres de jaulas. En el territorio mendocino existen diferentes experiencias en varios departamentos. En su mayoría, se trata de un trabajo familiar atravesado por el cuidado animal y el aprovechamiento de los recursos.
Cuando inició la pandemia, la familia de Tomás Scerca decidió mudarse de la ciudad de San Martín a Montecaseros. "Para evitar que yo estuviera encerrado en mi pieza con el celular, la computadora y los juegos, mis padres decidieron comprarme diez pollitas. Yo tenía 14 años en ese momento y desde ahí me mantuve ocupado criándolas hasta que empezaron a poner sus huevos, los cuales eran consumidos por nosotros o se los vendía a familiares", contó.
El joven expresó que, al probarlos por primera vez, notaron que tenían mejor color y sabor. "Cada peso que ganaba de las ventas, los ahorraba y seguía comprando más pollitas para cubrir la amplia demanda que se estaba generando", indicó.
Tomás trabaja solo en su emprendimiento llamado Granja Scerca. "El proceso es muy simple, alimento a las aves y garantizo su salud y bienestar, mientras que ellas se encargan de poner el huevo. Una vez que todas terminan, cosecho la producción del día, y luego preparo cada pedido a gusto del cliente. Por último, lo entrego a domicilio. Todo el proceso lo hago de forma personal y artesanalmente, sin intervención de maquinarias", explicó.
El emprendedor contó que la denominación de "gallinas felices" está relacionada a su libertad. "Corren libremente, excavan, toman sol, hacen baños de arena. Además, en todo momento se les brindan las condiciones necesarias para garantizar su bienestar, como una alimentación natural y balanceada, y obviamente no hay ningún tipo de maltrato", comentó.
El productor explicó las diferencias entre la crianza industrial y la centrada en el cuidado animal. "En la producción industrial se busca la mayor cantidad de huevos, sin que importe el bienestar de las aves. En muchos casos son criadas en galpones o encerradas en jaulas con luz artificial, y tienen baja alimentación para ahorrar costos. En cambio, con nuestro modo de crianza natural buscamos el bienestar de las gallinas", describió.
Actualmente produce 1.800 huevos por semana, con 580 gallinas. "Los huevos de gallinas criadas naturalmente presentan un mayor contenido de vitaminas A, D y E. Además, de antioxidantes y ácidos grasos saludables como el Omega 3. Visualmente presentan mejor color, textura y son más sabrosos", detalló.
Principalmente, Tomás vende su producción a consumidores finales que confían en él, y en especial familias que se preocupan por su alimentación y prefieren alimentos naturales. "Sostengo que cada vez hay más personas que se inclinan por productos éticos y que promuevan un ambiente sostenible, en vez de aquellos que solo son utilizados para adquirir ganancias. Creo que las personas prefieren consumir un alimento conociendo de dónde viene y qué contiene", expresó.
Sylvia Boriero también comenzó a producir en 2020, tras visitar a proyectos similares en la Pampa Húmeda y Entre Ríos. En diciembre de ese año, junto con su esposo, compró 250 pollitas y empezaron a construir un gallinero móvil en la localidad de Tres Esquinas, en el departamento de San Carlos.
En este caso, las gallinas son felices dado que la mayor parte del tiempo están libres y comen alfalfa e insectos que encuentran en la parcela. El gallinero es trasladado a diferentes sectores del campo cada cuatro o cinco días y alberga a las gallinas durante la noche.
"Además, disponen de comederos distribuidos en la parcela. Los bebederos se encuentran en el gallinero al que tienen fácil acceso. Al vivir naturalmente, no tienen estrés, picaje y padecen menos enfermedades. En síntesis, tienen mejor calidad de vida", comentó.
En la finca trabaja toda la familia: tres personas se dedican a cuidar las gallinas y el gallinero, recolectan y clasifican los huevos; otros tres integrantes están abocados a la venta y distribución en la Ciudad de Mendoza y, por último, hay una persona que se encarga de las redes sociales del emprendimiento.
"El proceso de producción cuenta de varias etapas, la recría que se realiza en un lugar acondicionado, esto es hasta las 18 semanas. Luego se trasladan al gallinero móvil equipado para la posterior postura, que se da a las 24 semanas aproximadamente. La recolección se hace dos veces al día, los huevos se limpian si es necesario, se clasifican por tamaño en maples de 30 unidades y se conservan en lugar fresco hasta su traslado", contó la productora.
La familia actualmente tiene 250 gallinas y recomienda consumir huevos producidos bajo bienestar animal. "Las diferencias en la nutrición se debe, a qué, además del balanceado, comen alfalfa y otras pasturas. También verduras de una huerta orgánica que tenemos e insectos que obtienen del picoteo en el potrero. Los consumidores se acostumbran a un producto distinto al industrial, por su consistencia, la yema más naranja y porque son más saludables", explicó Sylvia.
Algunos cuidados que implementan en la Finca Hijuelas son:
Al igual que la Granja Scerca, en Finca Hijuelas utilizan la materia fecal de las gallinas, en este caso para abonar el campo. "La sustentabilidad transversal, por ejemplo en el gallinero tenemos pantalla solar y materiales reciclados", agregó. Sylvia y su familia le venden la producción a particulares, bares, panaderías y dietéticas, que se contactan mediante las redes sociales.

