La Unión Europea ya comenzó el esperado bombardeo al acuerdo Mercosur-UE y excluirá a Brasil de su mercado agroalimentario a partir del 3 de septiembre, alegando incumplimientos sanitarios vinculados al uso de antimicrobianos.
La Unión Europea excluirá a Brasil de su mercado agroalimentario por presuntos incumplimientos sanitarios y tensiona el acuerdo Mercosur-UE.
La Unión Europea ya comenzó el esperado bombardeo al acuerdo Mercosur-UE y excluirá a Brasil de su mercado agroalimentario a partir del 3 de septiembre, alegando incumplimientos sanitarios vinculados al uso de antimicrobianos.
La medida, que amenaza exportaciones valuadas en 1.800 millones de dólares anuales, llega apenas semanas después de la entrada en vigor del histórico acuerdo comercial entre ambos bloques.
Bruselas anunció que, a partir del 3 de septiembre, prohibirá la importación de carne bovina, aves, miel, huevos, embutidos, pescado y otros productos de origen animal provenientes del país sudamericano. La decisión, adoptada en el marco de la política sanitaria comunitaria de lucha contra la resistencia a los antimicrobianos, excluye a Brasil del listado de naciones autorizadas para exportar productos animales al bloque europeo. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva respondió de inmediato y anunció gestiones diplomáticas urgentes para revertir la medida.
La medida no es sorpresa para quienes analizan desde una visión crítica y desprovista de simplismos la historia y realidad del acuerdo. La aparición de barreras paraarancelarias y sanitarias es la herramienta que tiene Bruselas y sus políticos para seguir pateando hacia adelante la concreción real del acuerdo.
La Comisión Europea sostiene que Brasil no logró demostrar que su producción ganadera cumple plenamente con las normas comunitarias en materia de resistencia antimicrobiana, una exigencia de la estrategia sanitaria conocida como "One Health". Según esa política, los productos de origen animal destinados al consumo humano deben estar completamente libres de agentes antimicrobianos utilizados como promotores de crecimiento o engorde. Los antimicrobianos comprenden antibióticos, antivirales, antifúngicos y antiparasitarios.
Al presentar la lista actualizada de países autorizados, Bruselas subrayó que "la resistencia a los antimicrobianos es una de las mayores amenazas para la salud pública" y que "al garantizar el uso prudente en animales, la UE protege la salud de sus ciudadanos". Brasil, en cambio, defiende la solidez de su sistema sanitario, al que describe como robusto e internacionalmente reconocido, y alega que exporta a la Unión Europea de manera ininterrumpida desde hace cuatro décadas.
La prohibición sanitaria (¿y política?) se hace efectiva apenas doce días después de la entrada en vigor del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, un tratado negociado durante más de un cuarto de siglo. Lula había invertido un capital político considerable en destrabar ese acuerdo durante los últimos tres años, esfuerzo que la conducción europea reconoció en más de una ocasión.
El contraste es difícil de barrer bajo la alfombra de la diplomacia: mientras el acuerdo prometía reducir aranceles, ampliar mercados y facilitar el comercio entre más de 700 millones de consumidores, la primera gran medida adoptada por el bloque en materia agroalimentaria después de su firma perjudica directamente a la principal potencia agrícola de la región.
Para Brasilia, la decisión tiene, además de su dimensión técnica, un evidente componente político: desde hace años, agricultores y sindicatos agropecuarios europeos se oponen al acuerdo con el Mercosur, argumentando que la producción sudamericana no cumple las mismas exigencias ambientales y sanitarias que la europea. Francia, Bélgica y España han sido los países en los que productores y dirigentes expresaron mayores rechazos al acuerdo. La decisión sanitaria-política de Bruselas pone en alerta a los países del Mercosur ante una avanzada que pone en riesgo la verdadera puesta en práctica del acuerdo.
