2 de marzo de 2026
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Apertura de Sesiones Ordinarias

El discurso económico de Javier Milei: números discutidos, ajuste y más grieta política

Javier Milei abrió las sesiones con un discurso económico sin sorpresas: ratificó el ajuste y la apertura, atacó a la industria y profundizó la grieta política.

Por Marcelo López Álvarez

Pocas sorpresas y ratificación del ajuste, de la apertura al mundo y la profundización del enfrentamiento con los industriales argentinos sería el resumen del capítulo económico del mensaje de apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación del presidente Javier Milei.

Como es su estilo, la catarata de números que van de algún dato objetivo, completados con cuentas poco claras y otros directamente falaces, dominaron la escena a la hora de recopilar sus logros en los dos primeros años de mandato.

Falta de rigurosidad y clima político

La recopilación histórica de la economía de los 50 años desde el Rodrigazo hasta aquí fue el primer síntoma de que la rigurosidad no sería el fuerte del discurso y dio el primer paso a la estudiantina en la que se transformó el recinto, no solo festejando los “logros políticos” sino también las agresiones y amenazas a la oposición, que representa a más del 40 por ciento de los argentinos.

Nunca en la historia institucional argentina se vio un discurso con tal grado de agresión, con un presidente absolutamente descontrolado que transformó el acto institucional y constitucional más importante del año del Congreso Nacional en un acto de barricada y profundización de la grieta política de la sociedad argentina. A tal punto que los legisladores comenzaron a abandonar el recinto, con la cordobesa Alejandra Vigo (esposa de Juan Schiaretti) haciendo punta.

Ejes declarados y cuestionamientos a la oposición

Milei aseguró que en la nueva Argentina que se propone fundar, en primer lugar estará lo moral, en segundo lugar la eficiencia económica y en tercero una construcción política.

En su agresión a la oposición, fuera del discurso escrito, Milei comenzó a imaginar números de oferta laboral, emisión y estadísticas de delito que no se condicen con los números oficiales del Ministerio de Seguridad.

Ataque al empresariado y contradicciones cambiarias

El presidente aprovechó un diagnóstico correcto de las SIRA para comenzar el ataque profundo contra el empresariado argentino.

A apenas horas de que se desatara el escándalo de las recategorizaciones de la AFIP, el presidente criticó el control de las transferencias y habló del cepo cambiario como si estuviera desterrado, mientras se mantiene un férreo control a las personas jurídicas.

Mientras alabó (una vez más) a Luis Caputo y al equipo económico, destacó la supuesta normalización del balance del Banco Central, que en realidad fue barrer bajo la alfombra con contabilidad creativa y una transferencia de los pasivos al Tesoro Nacional.

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Javier Milei ante el Congreso, pocos anuncios, mucha confrontación y números dudosos

Javier Milei ante el Congreso, pocos anuncios, mucha confrontación y números dudosos

RIGI, impuestos e inflación

Como era de esperarse, tuvo un capítulo para el RIGI, donde también mezcló los números de los proyectos presentados y aprobados, dio a algunos como en funcionamiento y aseguró que el proyecto es que toda la economía tenga los beneficios del RIGI y que este no sea la excepción.

También hubo un capítulo para las bajas de impuestos a diversos sectores de la economía, sobre todo las importaciones, pero también con medias verdades, como cuando habló de la baja de impuestos internos a vehículos y motos sin aclarar que solo alcanza a los de alta y altísima gama, mientras la carga impositiva para los automóviles de baja y media gama permanece inalterable.

Misma estrategia cuando habló del crecimiento de la economía sin discriminar o cuando volvió a traer a su discurso el 17.000 por ciento de inflación.

Inflación, “Riesgo Kuka” y respaldo externo

El presidente aseguró que el rebrote de la inflación fue culpa de empresarios que promovían la devaluación y del riesgo político de la vuelta del kirchnerismo y la disparada del “Riesgo Kuka”, para ensayar una explicación macroeconómica que no se compadece con la realidad y que él mismo había desmentido antes con los números de crecimiento económico. Oportunidad que aprovechó para destacar la ayuda de Donald Trump que posibilitó remediar de inmediato el daño generado por la ambición de poder de los políticos, para cerrar el párrafo asegurando que “La malaria se ha terminado”.

Gasto público, apertura y mercado laboral

No es sorpresa que prometió defender con uñas y dientes sus políticas de reducción del gasto y mantenimiento del superávit fiscal.

La política económica prometida hacia adelante estará basada en tres pilares: la desregulación de la economía; el capital humano para contar con ciudadanos que por sí mismos sepan ordenar sus necesidades; y la apertura comercial, ya que aseguró que la Argentina está atrapada en el fetiche industrialista, afirmando que solo llevó a una industria chica, subsidiaria y con salarios en dólares insignificantes, algo que no tiene respaldo en la historia.

A partir de allí comenzó un nuevo ataque a los industriales argentinos y su relación con los “políticos”, con un discurso basado en el liberalismo austríaco y referencias mitológicas.

De allí saltó al relato que ya había ensayado Adolfo Sturzenegger para realizar un análisis del mercado de trabajo que se favorecería con la apertura indiscriminada de importaciones, una explicación que ni vale la pena analizar por el grado de falacia y desconocimiento de cómo funciona la economía real.

No se privó de asegurar que la “apertura económica” es un planteo moral que ayudará, mediante el “principio de revelación”, a saber quiénes son los enemigos de la Argentina.

Más reformas

Sobre el cierre prometió una serie de leyes reformistas, como la impositiva y la del código aduanero, junto a la continuidad de las desregulaciones y adelanto que cada mes presentarán un paquete de 10 leyes de reformas profundas por cada ministerio en la línea de los fundamentos que expresó en su discurso

Javier Milei cerró un nuevo paso por el Congreso, sin sorpresas: la misma vuelta a los lugares comunes de su discurso y una profundización de la grieta que deja más preocupaciones que esperanzas.