Javier Milei en el Congreso: ataques al kirchnerismo, reformas y las claves de un encendido discurso
En la apertura del 144º período de sesiones ordinarias, el presidente habló durante más de dos horas con un tono marcadamente confrontativo. Defendió el rumbo económico y anunció un año de reformas estructurales.
Javier Milei inauguró el 144º período de Sesiones Ordinarias en el Congreso.
El presidente Javier Milei inauguró este domingo el 144º período de Sesiones Ordinarias en el Congreso. En un discurso de más de dos horas transmitido por cadena nacional, estuvo muy lejos de la moderación y el tono de consenso que ensayó en algunos tramos de la campaña electoral. Usó la Asamblea Legislativa para reafirmar su perfil confrontativo —y por momentos agresivo— con la oposición, reivindicar el rumbo económico y anunciar una batería de reformas estructurales.
El mensaje mostró a un Milei convencido de que el respaldo electoral lo habilita a profundizar el cambio sin negociar el tono.
En su lectura, las elecciones legislativas: fueron una ratificación del programa libertario y una derrota estratégica del kirchnerismo. Esa interpretación atravesó las dos horas de exposición. “La moral como política de Estado” fue la frase que repitió como síntesis conceptual.
Más confrontativo que nunca
Milei no intentó ampliar su base discursiva ni enviar señales de distensión al Congreso. Por el contrario, eligió el camino de la confrontación explícita. Tras los triunfos legislativos recientes, se mostró empoderado para chicanear, provocar y lanzar acusaciones políticas de alto voltaje, incluyendo referencias a supuestos intentos de desestabilización.
El kirchnerismo fue el blanco principal. Volvieron las descalificaciones directas a Cristina Fernández de Kirchner, la apelación a causas judiciales y la referencia al Memorándum con Irán y al caso Nisman. No fue una mención aislada: formó parte del núcleo simbólico del mensaje, en un contexto internacional marcado por la tensión entre Estados Unidos e Irán.
El Presidente fijó un antagonista claro y permanente. Habló de un “adversario que va a romper todas las reglas con tal de frenarnos” y deslizó la idea de maniobras para derrocar su gobierno. Milei está marcando el terreno: no habrá negociación sobre el rumbo estructural.
“La malaria se ha terminado”, afirmó, vinculando la recuperación económica con el resultado electoral. Esa frase sintetiza la lógica oficial: la sociedad ya eligió el cambio y ahora corresponde profundizarlo.
De allí surge el anuncio central: 90 paquetes de reformas estructurales, distribuidos durante nueve meses consecutivos.
El mensaje hacia el Congreso fue inequívoco: el Ejecutivo enviará proyectos en forma constante y pondrá a prueba la vocación reformista de cada bloque. Su lectura es concreta: el costo de frenar reformas será mayor que el de acompañarlas.
Reforma institucional y rediseño del Estado
El presidente no habló solo de leyes puntuales, sino de “rediseñar la arquitectura institucional de la nueva Argentina”.
Reformas del Código Civil y Comercial, cambios impositivos, modificación del esquema aduanero, transformación del sistema electoral y del financiamiento político forman parte de un mismo objetivo: reducir el tamaño del Estado y redefinir su rol.
Mantiene su marco ideológico sin matices: eliminar privilegios, bajar impuestos, abrir la economía y desregular mercados.
Los empresarios, blanco político
Milei no se limitó a señalar a la dirigencia política kirchnerista como responsable de la decadencia, sino que apuntó contra empresarios que —según su visión— se beneficiaron de marcos regulatorios diseñados para el privilegio.
Al afirmar que “lo legal no siempre es lícito” y cuestionar la industria subsidiada, se refirió indirectamente a casos como Fate y Techint.
El mensaje que dio es que el problema no es el mercado, sino el capitalismo de privilegios. Milei intentó diferenciar el libre mercado competitivo del entramado prebendario que —sostiene— caracterizó a la Argentina durante décadas.
Política exterior: alineamiento sin neutralidad
En el plano internacional, Milei dejó en claro que no habrá neutralidad estratégica.
Habló de un “nuevo orden mundial” en gestación y reafirmó la alianza con Estados Unidos y con el presidente Donald Trump. Incluso apeló a la consigna “crear el siglo de las Américas”, marcando una definición ideológica y geopolítica.
La política exterior no aparece como un capítulo separado, sino como parte de la arquitectura del modelo: inserción en Occidente, apertura comercial, defensa y posicionamiento estratégico sobre recursos naturales.
Ataques al kirchnerismo: el adversario permanente
Apenas tres minutos habían pasado cuando lanzó una de las frases que marcó la noche: “Soy presidente de ustedes aunque no les guste”.
Milei no sólo cuestionó políticas del pasado, sino que avanzó en descalificaciones personales y referencias judiciales directas.
Aseguró que Cristina Kirchner “va a seguir presa” y volvió sobre las causas Cuadernos, Vialidad y el Memorándum con Irán. El pedido de “venir a explicar qué pasó con Nisman” no fue solo un ataque político, fue una reapertura simbólica de una herida institucional que el oficialismo utiliza como contraste histórico.
Reivindicó los "valores judeo-cristianos".
Economía: de la estabilización a la expansión
En el plano económico, Milei volvió a presentar su gestión como la que “cortó el nudo gordiano” del déficit fiscal y la emisión monetaria.
Reivindicó la eliminación del déficit primario, la reducción del gasto público en términos reales y la desaceleración de la inflación como consecuencia directa del orden macroeconómico.
Pero el discurso no se quedó en la estabilización. Buscó mostrar una economía que dejó atrás la emergencia y entra en fase de crecimiento. Habló de recuperación de actividad, mejora acumulada y reducción de la pobreza respecto del pico posterior a la devaluación inicial.
El mensaje político fue contundente: no habrá relajación fiscal en año electoral.
Además delineó los pilares productivos del modelo que proyecta:
Energía, con un fuerte salto exportador.
Minería, especialmente minerales críticos como cobre y litio.
Agroindustria, con reducción progresiva de retenciones sujeta al equilibrio fiscal.
Sumó el RIGI como herramienta para atraer grandes inversiones y un régimen para medianas inversiones orientado a pymes. La idea es transformar los incentivos en política permanente y extender reglas similares al conjunto de la economía.
También anticipó reformas tributarias y del Código Aduanero bajo una consigna reiterada: menos impuestos y mayor apertura.