La llegada "Súper El Niño" en 2026
La llegada de un Súper El Niño en el segundo semestre de 2026 marcará un punto de inflexión en las condiciones climáticas de Argentina, con impactos muy particulares en Mendoza. A diferencia de otras regiones del país donde se esperan lluvias intensas, en territorio mendocino el fenómeno se manifestará principalmente con más nevadas en la cordillera y un aumento del viento Zonda en el llano.
Este evento extraordinario (provocado por un calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial) favorecerá el ingreso de sistemas meteorológicos desde el oeste. Como resultado, se prevé un incremento significativo de precipitaciones níveas en alta montaña, lo que no solo afectará el paisaje cordillerano sino también las condiciones climáticas en zonas habitadas.
Las áreas que sentirán con mayor fuerza estos efectos serán: la cordillera sur, especialmente en Malargüe, la cordillera central, incluyendo el Valle de Uco y el corredor de alta montaña de la Ruta Nacional 7, donde se ubica el paso internacional Cristo Redentor.
En estos sectores, las nevadas podrían ser más frecuentes e intensas de lo habitual, generando acumulaciones importantes de nieve. Esta situación, lejos de quedar aislada en la montaña, tendrá consecuencias directas en el resto de la provincia.
En el llano mendocino, el impacto se traducirá en una mayor probabilidad de episodios de viento Zonda, un fenómeno cálido y seco característico de la región. La relación es directa: a mayor acumulación de nieve en la cordillera, mayores condiciones para la formación de Zonda, lo que podría derivar en más jornadas con este viento tanto en precordillera como en el Gran Mendoza.
Transición climática y el escenario inmediato
El ingeniero agrónomo Omar Puig, de la Agencia de Extensión Rural Bandera (Santiago del Estero), explicó que durante el trimestre abril-mayo-junio se consolida una transición hacia condiciones neutrales del sistema ENOS (El Niño–Oscilación del Sur), luego de una fase débil de La Niña. Según los modelos climáticos, dinámicos y estadísticos, existe cerca de un 80% de probabilidad de que este estado neutral se mantenga en el corto plazo.
En paralelo, las lluvias registradas a mediados de abril en las principales zonas sojeras, sumadas a nuevos eventos previstos, están agravando los problemas de anegamiento y saturación de suelos. Este exceso hídrico complica la logística rural y retrasa el avance de las labores agrícolas.
Hacia fines de abril y comienzos de mayo se espera un descenso térmico significativo, aunque sin riesgo inmediato de heladas. Luego, una estabilización atmosférica (con jornadas más frescas y cielos despejados) podría abrir una ventana operativa para retomar la cosecha de soja en los lotes donde el terreno lo permita.
Tendencias para el trimestre y el invierno
Las proyecciones para el trimestre en curso indican entre un 40% y 45% de probabilidad de lluvias por encima de lo normal, junto con una chance similar de temperaturas superiores al promedio histórico. Este patrón refuerza la perspectiva de un otoño con mayor disponibilidad hídrica.
De cara al invierno, se espera un comportamiento dentro de parámetros normales en cuanto a precipitaciones. Sin embargo, no se descarta una mayor frecuencia o intensidad de heladas, lo que introduce un riesgo adicional para ciertos cultivos y sistemas productivos.
La posible reaparición de El Niño
En el mediano y largo plazo, los modelos climáticos muestran una creciente probabilidad de desarrollo de un evento El Niño de intensidad débil hacia la primavera y el verano. Aun así, los especialistas advierten que persiste un margen importante de incertidumbre.
Para que el fenómeno se consolide no alcanza con el calentamiento del Pacífico ecuatorial: también es necesario el llamado acople atmosférico, vinculado a cambios en la circulación de los vientos alisios. Sin ese proceso, los efectos sobre las lluvias pueden ser más limitados o demorados.
Históricamente, El Niño suele favorecer mayores precipitaciones en la región central, la pampa húmeda y el Litoral, mientras que en el noroeste argentino y zonas como Santiago del Estero o Cuyo los impactos tienden a ser más tardíos o incluso deficitarios en las primeras etapas.
Tormenta - Lluvias - Mendoza
El clima de otoño más húmedo y con lluvias por la llegada del El Niño
Escenario global y riesgos asociados
A nivel internacional, las señales del océano Pacífico refuerzan la hipótesis de un cambio de fase. El fenómeno El Niño (caracterizado por el aumento de la temperatura superficial del mar y alteraciones en la circulación atmosférica) tiene efectos globales, modificando patrones de lluvias y temperaturas.
Aunque algunas proyecciones han sugerido la posibilidad de un “Súper El Niño”, los datos actuales no respaldan ese escenario. Las estimaciones indican una probabilidad cercana al 61% de ocurrencia, pero apenas un 25% de que alcance intensidad fuerte.
Incluso en versiones moderadas, el impacto puede ser relevante. El Niño suele implicar mayor energía en la atmósfera, lo que se traduce en eventos extremos más frecuentes: lluvias intensas, crecidas de ríos y olas de calor prolongadas.
Para Argentina, esto se traduce en una señal húmeda más marcada en el noreste, con posibles excesos de precipitaciones durante la primavera y el verano. Desde el punto de vista productivo, el efecto es dual: puede aliviar déficits hídricos, pero también incrementar el riesgo de inundaciones en zonas ya saturadas.
Impacto sobre el agro y las áreas urbanas
El sector agropecuario es uno de los más expuestos a estas variaciones. Los excesos hídricos afectan tanto la cosecha como la sanidad animal, especialmente en sistemas ganaderos ubicados en zonas bajas o humedales. Además, la infraestructura rural enfrenta mayores exigencias por suelos inestables y caminos deteriorados.
Las áreas urbanas tampoco quedan al margen. En ciudades ubicadas en cuencas fluviales, el aumento del caudal de ríos como el Paraná o el Uruguay eleva el riesgo de inundaciones y desbordes, especialmente cuando coinciden con períodos de lluvias intensas. Históricamente, estos eventos han generado evacuaciones masivas y pérdidas materiales significativas.
Un contexto climático más exigente
El aumento sostenido de las temperaturas globales eleva el umbral de impacto de los fenómenos climáticos. En este contexto, incluso un evento de El Niño moderado puede generar efectos comparables (o superiores) a los de episodios más intensos en décadas pasadas.
La evolución de los próximos meses será clave para confirmar la trayectoria del sistema climático. La superación de la barrera de predictibilidad hacia mediados de año permitirá afinar los pronósticos y evaluar con mayor precisión los riesgos.
En síntesis, el panorama combina un otoño más húmedo, un invierno dentro de parámetros normales pero con posibles heladas más intensas, y una probable reaparición de El Niño hacia fin de año. Un escenario que exige monitoreo constante y capacidad de adaptación, tanto en el sector productivo como en la gestión territorial, en un contexto marcado además por la política del Gobierno nacional de desmantelamiento del Servicio Meteorológico Nacional.