27 de mayo de 2026
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Fintech

Fintech y bancos bajo presión: sube la mora y crece el riesgo financiero

La morosidad en Argentina alcanzó niveles récord por las altas tasas y la caída salarial. Fintech y bancos enfrentan un fuerte deterioro crediticio.

Por Marcelo López Álvarez

La morosidad en el sistema financiero argentino, incluidas las fintech, alcanzó en marzo de 2026 su nivel más alto en más de veinte años. El porcentaje de préstamos en situación irregular para personas físicas trepó al 11,5%, frente al 3,3% registrado doce meses antes. En el segmento de préstamos personales, el incumplimiento llegó a su punto más elevado en quince años. El Banco Central confirmó que la irregularidad crediticia del sector privado en su conjunto alcanzó el 7%, cinco puntos por encima del registro de igual período del año anterior.

El crédito otorgado por empresas fintech (billeteras virtuales y entidades financieras no bancarias) exhibe niveles de mora aún más pronunciados, que hasta desató alertas internacionales. El 30,5% de su cartera total se encuentra en situación irregular, según el Informe de Crédito Fintech elaborado por la Cámara Argentina Fintech y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires. Sin embargo, ese dato convive con una señal que el sector considera alentadora: la irregularidad operativa, que son los préstamos con atrasos de entre 30 y 360 días, se estabilizó en el 22,7% desde noviembre de 2025 y los indicadores tempranos de deterioro muestran una desaceleración.

Expansión con costo

El crecimiento del crédito fintech en los últimos dos años fue notable. La cantidad de personas atendidas por estas plataformas pasó de 3,7 millones a 8,1 millones, un incremento del 121%. Las billeteras virtuales pasaron de representar el 16% de los préstamos totales del sistema en 2024 al 25% en la actualidad: hoy, uno de cada cuatro préstamos a personas es otorgado por una fintech. La participación del sector en el crédito total se duplicó y alcanza el 3,3%.

Ese crecimiento, sin embargo, ocurrió en un entorno financiero adverso. La desinflación acelerada no fue acompañada por una baja proporcional de las tasas activas, lo que encareció el crédito en términos reales. De esta manera, la expansión convivió el último año con una suba en la morosidad debido al encarecimiento del costo real del crédito, fruto de una desinflación importante mientras las tasas de las fintech y tarjetas de crédito se mantienen a niveles de usura contra una inflación que ronda los 30 puntos anuales. Siempre es bueno recordar que la usura es un delito (de difícil probanza) en el Código Penal Argentino, según el artículo 175.

El deterioro en el cumplimiento de las obligaciones crediticias de los hogares responde a la combinación de tasas de interés activas elevadas y la ausencia de una mejora real en los salarios. La deuda, en lugar de licuarse por inflación como ocurrió en otros ciclos, mantiene su peso real e incluso lo incrementa.

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Las fintech encabezan la morosidad y también las tasas usurarias

Las fintech encabezan la morosidad y también las tasas usurarias

Inclusión en los márgenes

Según el informe, 2,3 millones de argentinos tienen a las fintech como único proveedor de crédito disponible. Sin estas plataformas, ese universo de personas quedaría completamente al margen del sistema financiero formal. En términos más amplios, el 32% de los 8,1 millones de tomadores de crédito fintech no tiene ningún vínculo con los bancos tradicionales.

El monto promedio del crédito fintech es de 540.000 pesos, frente a los 4.100.000 pesos de los préstamos bancarios. La diferencia refleja el perfil del usuario: sectores de ingresos bajos y medios que acceden a microcréditos para consumo o para sostener el gasto corriente ante la caída del poder adquisitivo. El director ejecutivo de la Cámara Argentina Fintech, Mariano Biocca, sintetizó al presentar el proyecto que el desafío de la Argentina no es solo prestar más, sino también prestar mejor para llegar a quienes históricamente quedaron afuera.

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La contradicción de las tasas

La situación expone una tensión que el propio Gobierno no logró resolver. El ministro de Economía, Luis Caputo, a principios de mayo pidió públicamente a los bancos extender plazos y reducir tasas para los deudores en dificultades, pero el pedido parece haber llegado a oídos sordos.

El Banco Nación ofrece su línea de refinanciación “Consolidación de Deuda” (destinada a clientes con préstamos o tarjetas en situación comprometida) a una tasa efectiva anual del 114,21% más IVA. Lo que da un costo financiero total que supera por más de tres veces la inflación anual y mucho más la actualización de salarios.

El Banco Ciudad aplica costos financieros similares para asalariados que perciben sus haberes en la entidad, y superiores al 174% para clientes de mercado abierto. En la banca privada, las tasas para préstamos personales oscilan entre el 100% y el 300% anual según el perfil de riesgo del solicitante. La usura nunca más presente, ante la mirada silenciosa y cómplice del BCRA y el Estado nacional.

Crédito escaso en perspectiva regional

El diagnóstico estructural del sistema agrava el cuadro coyuntural. El crédito al sector privado representa el 13,1% del producto bruto interno, por encima del mínimo del 10,6% registrado en 2022, pero muy lejos del promedio regional: América Latina en su conjunto alcanza el 47,8%, Chile el 75,6% y Brasil el 74,9%.

El proceso de estabilización macroeconómica y el desarme de las Letras de Liquidez del Banco Central generaron un efecto positivo: los bancos pasaron de destinar el 22,3% de sus activos al financiamiento del sector privado al 44,4%. Pero ese avance no alcanza para compensar décadas de represión financiera y la reciente erosión de la capacidad de pago de los hogares.

La mora fintech habría alcanzado su pico entre octubre y noviembre de 2025. Los bancos, por su parte, reconocen que los indicadores de incumplimiento comenzaron a estabilizarse en los primeros meses de 2026. La tendencia, si se confirma, marcaría el inicio de una normalización. Pero la fragilidad es evidente: millones de trabajadores sostienen sus finanzas personales con créditos de corto plazo a tasas que, en términos anualizados, superan el 400%. Una bomba de tiempo que siempre está a punto de estallar.

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