Mendoza es reconocida mundialmente por sus vinos y paisajes, pero ahora se posiciona también como una opción dentro del turismo ufológico. Los cielos diáfanos de nuestra provincia atraen a miles de buscadores de misterios espaciales cada año. Esta nueva tendencia combina la aventura en la montaña con la observación de fenómenos celestes que desafían toda explicación lógica posible.
El origen del turismo ufológico
Esta práctica no es nueva, ya que surgió con fuerza a finales de la década del 40. Durante el año 1947, en un rancho cerca de Roswell (Nuevo México, EE.UU.), la Fuerza Aérea reportó un choque de una nave extraterrestre. Sin embargo, días más tarde, el ejército dijo que se trataba de un “globo meteorológico convencional”, lo cual generó décadas de teorías de encubrimiento.
Desde ese entonces, miles de aficionados hicieron de Roswell el epicentro de la confirmación de la existencia extraterrestre. A diario personas se acercaban al lugar en búsqueda de rastros o indicios que confirman que no estamos solos en la Galaxia. Como respuesta a esto, Roswell capitalizó la peregrinación de los entusiastas y levantó museos, un centro de investigación e incluso hacen festivales anuales destinados a la ufología.
Características y evolución de la ufología recreativa
Una de las características principales de este tipo de viajes es el uso de tecnología avanzada para el monitoreo del firmamento nocturno. Los turistas suelen equiparse con cámaras de alta sensibilidad, punteros láser y aplicaciones de rastreo satelital para distinguir naves convencionales de objetos que realmente no tienen explicación.
Además, el factor energético juega un rol fundamental, ya que muchos de estos sitios son considerados "portales" o centros de gran magnetismo. El perfil del viajero suele ser alguien que busca respuestas espirituales o científicas, valorando el silencio y la desconexión total de los grandes centros urbanos.
Embed - RUTA UFOLÓGICA POR PASO PEHUENCHE
Los 4 sitios imperdibles en la provincia de Mendoza para buscar un ovni
Piedra de Isidris: Ubicada en la base del Cerro Arco en El Challao, es mundialmente conocida como un centro energético de gran potencia. Los aficionados aseguran que es una entrada a una ciudad subterránea y reportan constantes destellos de luz que aparecen súbitamente sobre las crestas de la montaña.
Cerro Tunduqueral: Este sitio en Uspallata es famoso por sus petroglifos milenarios, donde los antiguos habitantes grabaron figuras que hoy se interpretan como visitantes estelares. La claridad del aire andino y su pasado sagrado lo convierten en un observatorio natural ideal para largas vigilias nocturnas.
Paso Pehuenche: Situado en Malargüe, este cruce internacional ofrece una oscuridad absoluta que permite detectar cualquier movimiento anómalo en el cielo. Es una zona de tránsito frecuente para quienes buscan documentar naves que se desplazan a velocidades imposibles sobre los picos nevados de la cordillera.
Planetario de Malargüe: Funciona como el complemento científico indispensable para cualquier expedición, brindando charlas y proyecciones sobre la estructura del universo. Permite a los visitantes educar la mirada para saber diferenciar entre basura espacial, satélites de baja órbita y verdaderos fenómenos desconocidos.
Explorar estos rincones mendocinos es una invitación a mirar más allá de lo cotidiano y animarse a lo desconocido. La provincia ofrece hoy una infraestructura cada vez más preparada para recibir a quienes, con binoculares en mano, esperan ese contacto que cambie su forma de entender el mundo.