17 de enero de 2026
{}
"Otra Vos" (Andina Gian)

Maternidad: del rosa romántico a un tono mas real

Toda una gran red que sostiene el rosa romántico de una maternidad idealizada. ¿Y si buscamos un tono más real?

Por Andrea Gianella

El día que nació mi hija se suponía que debía estar muy feliz. Pero no fue así. No entendía bien qué me pasaba, pero lloraba, lloraba mucho. Y cómo no me sentía feliz, lloraba un poco más. Qué desilusión y que miedo a decepcionarlos. ¿A quiénes? En ese momento no lo sabía. ¿Cuántos mandatos hay a la hora de ser madres? Y ni hablar a la hora de parir. Desde los nosocomios, nuestros padres y madres y lo que no queremos contar, toda una gran red que sostiene el rosa romántico de una maternidad idealizada. ¿Y si buscamos un tono más real?.

Color rosa

Sobre este color que tiñe a la maternidad ya sabemos. Nos contaron, y aún lo contamos algunas de nosotras, lo lindo que es ser mamá. Y es que una cosa no quita a la otra. Es hermoso, si! Pero es duro también.

Parece que el proceso biológico o legal para quienes sean madres adoptivas, nos prepara para lo que viene. Un poco sí y un poco no. Es decir, hay un momento en donde el cambio es brusco y radical. Como cuando alguien está muriendo lentamente, ese momento de despedida es único, fuerte y disruptivo.

En el caso de la maternidad es igual pero al revés. La vida que llega a la nuestra lo hace de un momento al otro y todo cambia. Sí, hay cosas que cambian a la vista, pero hay otras, como si fuera un río bajo el río, que cambian fuerte y no se ven.

Mucho tiempo me pregunté ¿cómo seguir siendo yo al ser mamá? Luego me di cuenta de que la pregunta no era la adecuada. Es que ya no seremos las mismas. Es ahí donde aparece esa cualidad disruptiva de ser madres. El orden que existía en nuestras vidas y nuestra identidad muta y en esa transición fugaz, al menos yo, tuve que parir de nuevo. Esta vez, a mí misma. Mi maternidad no fue tan rosada. Reformulo, mi maternidad fue y es como es, de mi propio color.

Recuerdo la primera vez que salí de casa sin la bebé. Debía hacer un trámite personal y era más práctico ir sola. Qué angustia. No sabía si lloraba por culpa al dejarla o por culpa de sentir alivio al poder estar sola un rato. También recuerdo el primer día que me quedé sola en casa con mi pequeña de tan solo 20 días. Pánico. Pensaba: Si estoy hecha para gestar y maternar ¿Por qué tengo tanto miedo a estar sola con una bebé? No podía ser, y así fue que no me permití pedir ayuda.

Supongo que una vez más debo pensar en que una cosa no excluye a la otra. Puedo estar hecha para gestar y maternar y aun así tener miedo. Y si vamos un poco más allá, podemos estar hechas para gestar y maternar, pero no deseamos hacerlo. ¿Acaso la biología se trae un mandato? ¿Será la sociedad usando a la “ciencia” para decirnos qué hacer? ¿Nuestros deseos no son ciencia también?

maternidad 3.jpg

¿Y ustedes qué esperan?

Con el ejercicio de la maternidad se activan un conjunto de expectativas sociales que a menudo son abrumadoras. La imagen de la madre perfecta, amorosa y siempre dispuesta, ha sido construida a lo largo del tiempo y perpetuada por los medios de comunicación, la literatura y las tradiciones familiares. Por suerte va cambiando la cosa.

La sociedad tiende a idealizar la maternidad, presentándola como una etapa de plenitud, amor incondicional y sacrificio. Esta visión romántica puede hacer que muchas mujeres sientan que deben ajustarse a un estándar inalcanzable. Sin embargo, detrás de esta fachada de felicidad, existe una realidad mucho más compleja. La maternidad puede ser también sinónimo de aislamiento, ansiedad y pérdida de identidad.

Volvemos a esa pregunta líneas arriba. ¿Cómo seguir siendo nosotras y ser mamás? ¿Cómo volver a nosotras? O mejor dicho ¿Cómo volver a sentirnos nosotras? La diferencia es sutil pero potente.

Los mandatos sociales imponen roles específicos: la madre que cuida, que educa, que se sacrifica. Estas expectativas pueden llevar a las mujeres a cuestionarse a sí mismas, a sentir que no están a la altura de lo que se espera. La presión por ser la madre "ideal" puede resultar en una lucha interna que muchas enfrentan en silencio, ya que hablar de la dificultad de ser madre a menudo se considera tabú. La maldita culpa nos indica que no podemos quejarnos de ser madres. ¡Si nos quejamos, oh! ¡Qué horror!! ¡No amamos a nuestros hijos! Por favor.

Es crucial reconocer que la maternidad no es una experiencia universal. Cada mujer vive su camino de manera distinta, y es fundamental validar las diversas emociones que pueden surgir: desde la alegría y el amor hasta la frustración y el agotamiento. La narrativa debe cambiar; debemos permitirnos hablar de la maternidad en todos sus colores y matices, sin miedo al juicio. Y juicio hay, y habrá. Estará en nosotras animarnos a lo disruptivo pero genuino. Eso será literalmente ser nosotras mismas siendo madres. Me pregunto, si la narrativa fuera distinta, ¿nos sentiríamos diferentes? Yo creo que sí. Un poco sí.

Maternidad Otra Vos 2.jpg

Empezar por una misma

Eso creo yo. Y en esto incluyo el ejercicio de no juzgar y no invadir con consejos que no nos pidieron otras madres. Recuerdo haber juzgado u opinado sobre otras. Hoy que yo soy una de ellas, quedo atenta de mí misma para no entrar en esa. Creo que este es el primer paso.

Ser mamá es, sin dudas, hermoso. En la misma dosis es difícil. Podremos llevarlo mejor o peor, pero la complejidad y la profundidad que se trae no se resta con un show rosado de idealizaciones.

Brindo por esas madres alborotadas, que se ríen de sí mismas, que confían en su criterio. Por aquellas que te ofrecen cuidar a tu hijo para que vos te bañes. Esas que no miran el desorden que hay en tu casa cuando estar en puerperio. Por las que arman un plan que te incluya sabiendo que salir con un bebe es todo un tema. Por las que están, a su manera, a su propio color. Ojalá pasemos de aquel rosado romántico a tonos más reales.

¡Salud!.