26 de abril de 2026
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"Otra Vos" (Andina Gian)

¿Envidiosa? ¿Yo?

La envidia ha sido un tema de interés tanto en la psicología como en la filosofía a lo largo de la historia.

Por Andrea Gianella

La envidia es un sentimiento que, a menudo, se asocia exclusivamente a las relaciones entre mujeres. Sin embargo, este fenómeno no es propio de un género. ¿Sintieron envidia alguna vez? ¿Se dieron cuenta cuando alguien los envidiaba? ¿Podremos transformar la envidia en admiración y restarle así la incomodidad que genera? ¿Cómo expresamos la envidia? Veamos.

¿Qué es la envidia?

Es una emoción compleja que se experimenta cuando deseamos lo que otra persona tiene, ya sea sus logros, cualidades, posesiones o relaciones. A menudo se asocia con sentimientos de inferioridad, insatisfacción o resentimiento.

Desde un punto de vista psicológico, la envidia puede surgir de comparaciones sociales. Cuando vemos a otros que parecen tener más éxito o felicidad, podemos sentir que estamos en desventaja. Esto puede llevar a una baja autoestima y a la frustración, ya que sentimos que no estamos a la altura de esas expectativas. ¿O será que una baja autoestima nos lleva a sentir envidia? Atentos.

Romi, una vieja amiga, me contaba cómo ella identificaba la envidia que surgía respecto de algunas personas. Ella sentía que si otro tenía o lograba algo que ella había deseado, entonces ya no podría tenerlo o lograrlo. Era como si ese objetivo ya hubiese sido tomado por otro y no había posibilidades para ella.

La envidia ha sido un tema de interés tanto en la psicología como en la filosofía a lo largo de la historia. Sigmund Freud abordaba la envidia en el contexto de las relaciones humanas y la competencia, especialmente en el desarrollo infantil, donde introduce conceptos como la "envidia del pene" en la psicología de género.

Por su lado, la filosofía de Friedrich Nietzsche, quien en su obra "Así habló Zaratustra", reflexiona sobre la envidia como un obstáculo para el crecimiento personal y la autenticidad, sugiriendo que puede llevar a la mediocridad. A su vez, Schopenhauer trató la envidia como parte de la naturaleza humana, argumentando que es un resultado de la insatisfacción inherente a la existencia. ¿Será que siempre estamos mirando lo que tienen los otros? ¿Será que no vemos lo que sí tenemos nosotros?

Aunque no se centra exclusivamente en la envidia, Epicuro habla sobre cómo el deseo y la comparación social pueden afectar la felicidad, lo que incluye la envidia hacia lo que otros poseen.

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Envidiosa

Así se titula la nueva serie protagonizada por Griselda Siciliani, Esteban Lamothe y Benjamín Vicuña. Esta producción OTT (Overthe Top) cuenta con el guion de Carolina Aguirrey según dicen está basado en la personalidad de una amiga de la guionista.

La serie trata sobre Victoria, una mujer llegando a sus 40 años quien convive con el sentimiento de injusticia por no tener lo que otras tienen. Este relato se centra en su deseo de casarse y tener hijos.

Las preguntas que emergen son muchas. Entre ellas, ¿existe alguien que no haya sentido envidia en algún momento de su vida? ¿Qué hacemos cuando la sentimos?En la serie hay muchos ejemplos sobre cómo la envidia sale hacia afuera a través de comentarios, gestos y actitudes en general que buscan juzgar y perjudicar los momentos lindos de las personas “envidiables”. Pero esperen, ¿Quiénes serían las personas envidiables?

Bueno, creo que serán aquellos que tienen lo que nosotros queremos. Que logran lo que nosotros nos propusimos. Siendo así sentir envidia sería de lo más común y normal, ¿no? Cuanta gente hay por ahí haciendo y deseando cosas muy similares a las que uno mismo quiere. ¿Entonces? ¿Por qué tiene tan mala prensa? Evidentemente es un sentimiento que tiene cierto repudio social, y, sin embargo, sospecho, es algo que todos sentimos.

Si tan común es, ¿por qué tanto repudio disfrazado de “Sana envidia”? Seguramente han escuchado este término. ¿Qué sería esto? Bueno, se trata del sentimiento de envidia pero con una buena gestión. Es decir, en vez de tirar un cometario tóxico hacia nuestra “persona envidiable”, podemos darnos cuenta de cuánto deseamos que nos vaya tan bien como a ella.

Dentro de esta “sana gestión” estaría incluida la posibilidad de conectar con la idea de que si bien no estamos en su misma y envidiable situación, quizás y muy probablemente, estemos atravesando otro proceso, otros tiempos, otras formas, etcétera. Me gusta pensar lo siguiente “Que al otro le vaya bien, no quiere decir que a mí no me va a pasar”

Siendo así la envidia también puede ser un motor de cambio. Puede motivarnos a mejorar nuestras propias circunstancias o a establecer metas. Lo importante es, como dije líneas arriba, cómo gestionamos esa emoción: en lugar de dejarnos llevar por el resentimiento, podemos reflexionar sobre lo que realmente deseamos y trabajar hacia ello.

Es fundamental aprender a reconocer y aceptar la envidia como una parte normal de la experiencia humana, pero también es crucial transformarla en algo positivo, como la motivación para crecer y mejorar. Y por qué no, transmutarla en admiración hacia nuestra persona envidiable.

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La envidia y las mujeres

La envidia puede surgir de comparaciones, expectativas sociales y la presión por cumplir con estándares a veces inalcanzables. ¿Por qué se asocia este sentimiento, la competencia y la comparación a las mujeres?

Primero y antes que nada, me gustaría decir que la envidia es tan propia de las mujeres como de los hombres. Quizás a las mujeres se nos fomentó y se nos habilitó a expresarla. Pero no podemos negar que los hombres compiten entre sí. Seguramente sus “batallas” sean distintas a las nuestras, pero comparación y competencia existen entre ellos. Es que, claro, es un sentimiento propio de la humanidad, sin importar el género.

Por otro lado, existe aún, y con predominancia, cierta narrativa machista en dónde la mujer tiene que mostrarse, ser vista y elegida por su “macho”. Si aparece otra candidata, ¿no nos pone esto en una carrera? Según el discurso, sí. No par todas, pero aun para muchas.

Quiero aclarar que, si bien este discurso, por suerte y por esfuerzo de muchas, va cambiando, aún es el discurso dominante en muchos países. También es importante entender que del machismo no salva nadie. Es decir, con estas palabras no estamos culpando al “machismo” de la competencia y envidia femenina. Hagámonos cargo de que muchas veces las mujeres somos las machistas. Cuestionar las narrativas que nos han enseñado sobre cómo deberíamos ser y comportarnos será vital.

¿Podríamos transformar envidia en admiración? ¿Competencia en colaboración? ¿Comparación en aceptación? Si sos mujer te pregunto ¿Nunca pensaste o le dijiste a otra mujer que era “un gato”? ¿No es eso lo más machista del mundo? Yo personalmente lo he dicho. Incluso recuerdo haberlo pensado de mí misma. ¡Qué horror! Hoy que soy más consciente que antes ni se me ocurre pensarlo. Darnos cuenta será el primer paso. ¡Aceptarlo luego, y finalmente transformarlo!

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