"Otra Vos" (Andina Gian)

Expectativas: ¿Sí o No? ¿Se puede no esperar?

¿Qué son las expectativas? ¿Para qué sirven y cómo pueden afectar nuestro bienestar? ¿Se puede no tener expectativas? ¿Es malo tenerlas? Pasá que te cuento.

Por Andrea Gianella

Cuando hablamos de expectativas nos referimos a esa esperanza y/o espera por algo que suceda en el futuro. Podemos definirlas también como una construcción significativa que hacemos en función de experiencias que esperamos vivir en adelante. ¿Se puede o no esperar?.

Esta construcción es individual y muy personal. En mi caso y quizás en usted, mi queridísimo lector las expectativas nos ayudan a fijar destino, poner límites e incluso a conocernos mejor a nosotros mismos. Veamos.

Una historia, muchos aprendizajes

Hace algunos años conocí a Leandro. Salimos un tiempo. La relación fue tomando cierta forma y llego al punto en dónde tuvimos que hacer preguntas algo incómodas. Él llegó a la conclusión de que no teníamos que esperar nada del otro. Yo, como buena curiosa, no pude evitar la catarata de preguntas.

Antes de que él terminara de responder a mi curioso, ¿por qué?, sentí que era imposible no esperar algo de él. De él y de cualquier otra persona que se vincule conmigo, como mis amigas, mi familia y mis alumnos en las clases de yoga.

Esas expectativas habían sido el motor que me ponía en marcha a la hora de conocerme a mí misma, eran información valiosa sobre la persona que estaba siendo en ese entonces. Además, eran un límite, ya que indicaban como quería que me traten, con respeto, genuinidad y bondad. No solo Leandro, sino cualquier persona cercana a mí.

¿Se puede no esperar algo del otro? ¿Estaría mal tener expectativas?

Adelantándome un poco en esta historia, me fui dando cuenta de que yo sí esperaba algo de Leandro, pero que él no estaba pudiendo cumplir o corresponder a mis expectativas. Pude identificar enseguida que aquellas tenían relación con lo que me pasaba a mí con él, con la forma en que yo me vinculaba con las personas, con mi crianza y mi propia historia.

Después de otra conversación incómoda y una respuesta no favorable, pero genuina, no tuve más que dos caminos y una decisión que tomar. Podía tomar a mis expectativas y convertirlas en exigencias frustradas y broncas o bien podía aceptar que dichas expectativas no se correspondían con la realidad.

Más preguntas vinieron ese día al rescate. Si lo que yo esperaba no se corresponde con lo que realmente está pasando, ¿Entonces? ¿Puedo tomar a Leandro con lo que él puede darme hoy? En caso negativo, ¿Qué estoy haciendo acá? ¿Qué estoy eligiendo para mí?

image.png

También te puede interesar leer: Productividad en modo slow

Aprendizajes

En lo que va de la historia puedo decir que aprendí bastante:

  • No se puede no esperar algo de los demás
  • Las expectativas nos ayudan a conocernos más y nos ponen en marcha para ir por aquello que deseamos o que nos gustaría vivenciar. Si no esperamos nada de nadie, todo nos daría lo mismo. Si todo nos da lo mismo, ¿cómo ser quiénes somos? ¿No seriamos todos iguales?
  • El problema no son las expectativas, sino cómo gestionamos la frustración ante expectativas que no se corresponden con la realidad.
  • Funcionan como límite. Nos dan información valiosa sobre cómo queremos que sean las cosas haciendo de borde para identificar que sí y que no.

¿Qué estamos evitando?

Sigamos con la historia, pero retrocedamos un poco en el tiempo. Leandro finalmente dio su respuesta a mi intensa curiosidad, ¿por qué es mejor no esperar nada del otro? :

“Al no esperar nada evitamos la desilusión. ¿En serio?, me pregunté “

Esto reforzó mi idea sobre la tolerancia a la frustración. Más que tolerancia prefiero decirle gestión. Este cambio de palabra nos invita a apreciar que quien tolera no trasciende, sino que aguanta y quien gestiona aprende, se libera y se desarrolla mejor en su entorno.

Como conclusión puedo decir que así cómo las expectativas difícilmente pueden evitarse, la desilusión y la frustración son parte de la vida y aunque suene fuerte, me animo a decir que bienvenidas sean en tanto y en cuanto podamos aprender de ellas. No solo de ella podemos aprender, pero si cada vez que aparecen es una oportunidad de aprender algo valioso.

La otra cara de la expectativa:

Recuerdo mi primer examen desaprobado en la facultad de derecho. Definitivamente, mi gestión de la frustración no era muy funcional por aquel entonces, ya que ese día me sentí terrible y me traté bastante mal.

Una vez que me recibí, unos años después de ese fatídico día, solicite el cargo de adscripta a la materia en la cual tuve ese primer desaprobado. ¿Qué estaba tratando de hacer?

Desde que decidí estudiar derecho sentí sobre mí una carga pesada de expectativas que venían de una familia llena, llenísima de títulos de abogados. No voy a saber con certeza la realidad sobre aquella carga, pero en ese entonces yo lo vivía de esa forma, como real justamente.

Una parte mía debía rendir pleitesía a “los que esperaban de mí” cosas tales como ejercer de aquello que estudié, ser docente, ser y parecer todas esas cosas. Y si bien solía preguntarme quienes eran aquellos y si realmente estaban esperando eso de mí, el beneficio de la duda no jugaba a mi favor.

Preguntas otra vez. ¿Estaba eligiendo unirme a esa cátedra porque realmente deseaba eso? ¿O estaba tratando de cumplir con expectativas ajenas?

Lo cierto es que ni la materia ni la cátedra me interesaban, pero sí mantener a mis expectantes satisfechos. Así cómo Leandro no quería desilusionarse, yo no quería desilusionar a otros.

En un caso, como en el otro, las expectativas por exceso o por defecto nos afectan. El miedo a sentir desilusión o a desilusionar nos condiciona. Y al final, sea como sea nunca se trata de si o no tener expectativas, sino de cómo gestionarlas ante la no correspondencia con la realidad.

image.png

Algunos consejos para expectativas amigables:

  • Conocernos a través de ellas. Preguntarnos: ¿Qué estoy esperando de tal persona o situación? ¿Esa expectativa la convierto es exigencias? ¿Si eso que espero no se da cómo lo quiero, puedo igualmente sentirme feliz?
  • Comunicar nuestras expectativas sin miedo a caer bajo la etiqueta de “tóxico”. Comentarle al otro lo que yo espero es sano y si lo hacemos de forma amable y respetuosa no tiene por qué ser malo. Estamos contando lo que nos gustaría, no lo hagamos desde la exigencia.
  • Gestión de la frustración: En caso de no corresponder lo que esperamos con la realidad, lo que podemos hacer después de identificar esto es:
    • Reconocer que nos sentimos frustrados. Quizás lo más perceptible sea el enojo, pero puede haber una gama de emociones que aparecen ante la frustración. Aceptarlas es la base para poder gestionar más tarde.
    • Encontrar un medio de expresión como por ejemplo salir a la naturaleza, escuchar música, bailar, hacer yoga o meditación.
    • Actualizar: Revisa tus opciones, tus vínculos con otros y con vos mismo. Cuestiona tus expectativas y si es necesario actualiza tu versión.
  • Para cerrar les comparto un texto de Fritz Perls sobre este tema

“Yo no vine a este mundo a cumplir con tus expectativas. Vos no viniste para cumplir con las mías. Si en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse. Falto de amor a mí mismo cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falto de amor hacia vos cuando intento que no seas como yo quiero en vez de aceptarte como realmente sos. Vos sos vos y yo soy yo” “Yo no vine a este mundo a cumplir con tus expectativas. Vos no viniste para cumplir con las mías. Si en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse. Falto de amor a mí mismo cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falto de amor hacia vos cuando intento que no seas como yo quiero en vez de aceptarte como realmente sos. Vos sos vos y yo soy yo”

Pueden encontrar más sobre este tema en el podcast de Otra vos donde hablamos con la Psicóloga Julia Quiroga

Espero hayan disfrutado de la lectura, tanto como yo disfruté escribir…

Te Puede Interesar