Historia de vida

Día de la toma de conciencia sobre el autismo: Jason McElwain, un juego de básquet y su emotiva historia

En esta jornada de concientización, repasamos una historia de vida que pone en valor la superación y perseverancia, así como el amor y la amistad.

Este 2 de abril se conmemora en todo el planeta el Día mundial de la toma de conciencia sobre el Autismo, con la finalidad de realizar acciones para sensibilizar y concientizar a más personas sobre las condiciones del espectro autista.

En el marco de esta jornada de concientización, la cuenta de X (exTwitter) @VarskySports publicó una historia poco conocida en estas tierras, ocurrida hace unas décadas atrás, que encuadra perfecto para el espíritu de esta fecha especial.

Se trata de la historia de vida de Jason McElwain, un joven estadounidense que –a través del deporte- conmocionó a todo el mundo, con su experiencia de superación y perseverancia.

Toma de conciencia sobre el autismo: la emotiva e increíble historia de Jason McElwain

Jason nació en Rochester, New York, el 1 de octubre de 1987. Desde sus primeros días de vida presentó problemas de desarrollo/comunicación. Tenía trastornos inusuales sobre los cuales no podía definirse un patrón. A los 2 años le diagnosticaron autismo. No consiguió hablar hasta cumplir 5.

La interacción con otros chicos era nula, hasta que apareció en su vida una pelota de básquet, la pasión de su hermano. Josh lanzaba a un aro y Jason a un cesto de basura. Primero, un mundo de fantasía reducido al patio trasero del hogar. Luego, un planeta en un gimnasio escolar.

Jason bebé.png

Esas barreras se fueron evaporando y, con la sencilla excusa de ver jugar a los demás, Jason comenzó a crear, a su manera, vínculos y amistades. Estudiaba en una escuela que, más allá de contener y formar a alumnos de sus características, tenía su propio programa deportivo.

Ya en el Greece Athena HS, pasó de "hincha" a mucho más: el equipo de básquet lo había integrado y nombrado capitán de honor y asistente del entrenador Jim Johnson. Luego de tres años como utilero de sus compañeros, lo anotaron como jugador de cara a la última temporada.

Fue la primera manera de decirle "gracias" que tuvo ese grupo de compañeros memorable. “Fui un gran utilero. Llegaba cansado porque corría del aula al gimnasio y jamás se me cayó una toalla o un vaso. Probablemente me premiaron por eso”, bromeó con los años.

Jason era feliz en ese rol. Le intrigaba el mundo estadístico y de vez en cuando le acercaba al entrenador teorías de lo que él creía podía serle útil. Sus días más felices eran cuando un compañero faltaba a practicar y él era elegido para reemplazarlo en algún ensayo sin pelota.

En el último partido de la última temporada de instituto, los compañeros, sin que Jason lo supiera, le pidieron al entrenador que le diera la oportunidad de jugar. Casi ninguno de ellos lo había visto en acción. Uno o dos sabían que si el coach no lo veía, Jason lanzaba libres.

Jason compañeros.png

La prioridad era que todo estuviera ordenado y que el entrenador no se enojara por ver pelotas dispersadas por la cancha. Observar su nombre en la planilla era una forma más de pertenecer y una responsabilidad. Johnson contempló el pedido de los compañeros.

Llegó el momento de la decisión. Jason se vestiría de jugador. Esa era la única garantía. Nada de promesas sobre jugar, nada de crear falsas expectativas. El 15 de febrero de 2006 no fue un día más. Ni para él, ni para sus compañeros, ni para cualquiera que conozca esta historia.

Antes de salir a cancha, el coach incentivó al equipo: "Si consiguen una ventaja importante, Jason jugará. El resultado no estará en discusión. No quiero que se sienta mal si perdemos. Lo más importante es su felicidad y le importan demasiado ustedes como para poner eso en juego".

15 de febero de 2006. Jason McElwain y el Nº 52 en la espalda. Greece Athena vs. Spencerport. Él, lookeado para la ocasión con bandana. Sus amigos (a esta altura es un error llamarlos compañeros), encendidos: consiguieron la ventaja solicitada. Quedaban poco menos de 5 minutos.

Jason partido.png

Jason ingresó y recibió una ovación de pie. El gimnasio explotó de felicidad. Todos eran uno impulsándolo a disfrutar y dispuestos a contenerlo si los errores ganaban la partida. Pero nadie se imaginó lo que estaba a punto de suceder.

El muchacho recibió el primer pase y automáticamente intentó un triple que ni siquiera tocó aro. Los espectadores, su enorme familia al menos por esos 5 minutos, le devolvieron aplausos y alzaron pancartas. Sus amigos insistieron y lo buscaron para una bandeja que también falló.

¿Qué hizo Jason? ¿Renunciar, rendirse? Por favor, eso no figura en su "accionario". Luego de un par de pases a sus amigos, comenzó a pedir nuevamente la pelota, pero le agregó desmarque. Y recibió una bola... Y fue triple... ¡Adentro!

El estadio se volvió una marea que mezcló lo más puro de sonrisas y lágrimas. Jason recibió otro pase. Tiró de 3... Y encestó. Fueron dos seguidos. Y tres. Y cuatro. Y cinco. Y seis... ¡Terminó con 20 puntos en menos de 5 minutos!

Embed

Eran sus primeros minutos oficiales de básquet escolar en su vida. Era vivir una de las secuencias más bellas de la historia del deporte y más allá del deporte también. Su equipo ganó 79-43. Su madre, Debbie, dijo: “El autismo a veces es como el Muro de Berlín. Mi hijo lo rompió".

“El autismo a veces es como el Muro de Berlín. Mi hijo lo rompió" “El autismo a veces es como el Muro de Berlín. Mi hijo lo rompió"

Luego de ese día, y por recomendación de los especialistas, Jason no volvió a jugar un partido de esas características, con puntos en juego, hasta después de varios años. Su familia lo entendió. Él aceptó. La noticia había llegado a los medios nacionales. Una presión innecesaria.

Desde Magic Johnson y Peyton Manning, pasando por Steve Kerr, otro ex alumno del Greece Athena, casi un centenar de celebridades del deporte se interesaron en conocerlo, convocarlo para conferencias para ser ejemplo para otros y hasta financiar una película sobre su historia.

Jason escribió un libro titulado The Game of My Life. Trabajó en un supermercado, ocasionalmente despuntó el vicio como entrenador de básquet y se dedicó a recaudar fondos para investigar el autismo. Sus conferencias siempre tienen la base "amor, compañerismo, familia, deporte".

The Game of My Life libro.png

Aquellos cuatro minutos y monedas del 15 de febrero de 2006 ganaron el premio ESPN al Momento del Año postergando a los 81 puntos de Kobe Bryant ante Toronto.

Jason McElwain, Kobe Bryant.webp
Día de la toma de conciencia sobre el autismo: Jason junto a Kobe Bryant

Día de la toma de conciencia sobre el autismo: Jason junto a Kobe Bryant

En 2012, Jason decidió ser parte del Health Care Rochester Marathon. Finalizó en el 15º lugar y consiguió el tiempo para participar en la clásica cita de la disciplina en Boston, la cual logró completar.

Jason McElwain, maratón.jpg

En 2016, Rochester Razorsharks, un equipo profesional de una de liga menor, lo contrató por un día. Se enfrentaron a Western New York Thundersnow. Se repitiría la historia. Si el equipo generaba una ventaja apreciable, Jason jugaría. Así fue. Colaboró con 10 puntos (2 triples).

En el Día Mundial De La Toma De Conciencia Sobre El Autismo, que la historia de este bebé que llegó a conseguir tanto te inspire e impulse a abrazar la causa de la manera que puedas, porque como él dijo: "Si aquel día estuve encendido fue por el amor de mi familia y mis amigos".

Si aquel día estuve encendido fue por el amor de mi familia y mis amigos Si aquel día estuve encendido fue por el amor de mi familia y mis amigos

Fuente: @VarskySports en X

Te Puede Interesar