En su primera aparición pública como ministro de Economía en un programa televisivo Luis Caputo confirmó lo que era un secreto a voces. Para la casta no hay ajuste.
En su primera aparición pública como ministro de Economía en un programa televisivo Luis Caputo confirmó lo que era un secreto a voces. Para la casta no hay ajuste.
Sin dudar y sin nombrar ni una vez un posible recorte a sus compañeros de clase, aseveró que "esta vez el esfuerzo que va a hacer la gente va a tener un sentido". Tras cartón aseguró que "La gente está muy contenta porque entendió el problema". Es difícil comprender ese razonamiento.
Tanto como entender el desenlace de la interna entre Javier Milei y Victoria Villarruel que le terminó entregando la presidencia del Senado y el segundo lugar en la línea de sucesión al puntano Bartolome Abdala, un dúctil de la política que fue Ministro de Turismo de Alberto Rodríguez Saá, después presidente del PRO puntano y finalmente candidato de Javier Milei en San Luis, según cuentan, por el sistema de loteo de candidaturas.
Quienes están cerca de Abdala aseguran que sigue siendo PRO y que solo se salió del partido por su conflicto con Patricia Bullrich que le intervino el partido en San Luis. Además aseguran que tiene línea directa con Mauricio Macri que habría sido quien finalmente le autorizo ser candidato libertario.
Cuánto durará la nueva alianza PRO, Radicalismo y LLA es un misterio. Pero tiene toda la pinta de ser de tranco corto.
Mientras las pantallas televisivas se repartían entre el Senado y el Naftazo 2, el ministro Caputo comenzaba el juego para el cuál lo llamaron, tomar deuda y regalar negocios a los amigos.
El BCRA lanzó los Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre (Bopreal), volvieron los nombres pomposos, un fantástico negocio para quienes tienen “deuda” acumulada en el extranjero por el pago de importaciones.
El bono es una papita que los importadores que tengan deuda con sus proveedores pueden comprar en pesos pero será pagado en dólares con un interés del 5 por ciento anual.
Según el último dato del Banco Central la viscosa deuda de importadores con sus proveedores llegaba a los 28.142 millones de dólares pero más de la mitad 15.842 millones se justifican con flujo entre empresas del mismo conglomerado o con casas matrices. No hace falta aclarar que esas deudas deberían ser auditadas a fondo bajo la seria sospecha de que podrían ser maniobras para acceder a dólar barato y sacarlo del país maximizando rentas.
El resto también debería ser auditado ya que fue denunciado en reiteradas oportunidad el sobrestock de productos importados para cubrirse de posibles devaluaciones.
Sin embargo las nuevas autoridades decidieron directamente dar por válida la deuda emitir el bono y transformarla en una nueva especie de pasivo remunerado.
La solución se parece mucho a lo que le planteo un par de días antes de asumir a Javier Milei la AmCham (Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina) que representa los intereses de las empresas norteamericanas le envió a Milei una nota que solicitaba garantizar el pago de las deudas generadas y que a futuro se generen por importaciones, y proponía la puesta en marcha de algún instrumento que posibilitará “la cancelación futura mediante el acuerdo de un sendero de pago creíble, confiable, comprometido y finalmente respetado”, en palabras fáciles un título de deuda.
Las casualidades no existen.
