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Un nuevo diagnóstico sobre la dieta de los argentinos ofrece un bocado difícil de tragar: según esta radiografía alimentaria, en la mesa local reina la monotonía, sobran los azúcares agregados y las grasas saturadas, y hay una falta notoria de frutas, verduras y legumbres. El balance final arroja otro trago amargo: una de cada tres calorías que ingerimos es de baja calidad.




