El exitoso despegue de la misión Artemis II fue calificado como “histórico” por la NASA y la comunidad científica, al marcar el regreso de la exploración tripulada del entorno lunar tras más de medio siglo.
El dispositivo creado en Argentina forma parte de la misión Artemis II como carga secundaria.
El exitoso despegue de la misión Artemis II fue calificado como “histórico” por la NASA y la comunidad científica, al marcar el regreso de la exploración tripulada del entorno lunar tras más de medio siglo.
Pero el hito no se limita a la misión en sí. A bordo del SLS también viajaron cuatro microsatélites, entre ellos uno desarrollado íntegramente en Argentina.
Se trata de Atenea, un dispositivo diseñado para estudiar los efectos de la radiación en el espacio profundo, uno de los principales desafíos de los futuros viajes tripulados. Según las autoridades, el satélite ya se encuentra operativo y funcionando según lo previsto.
Atenea es un CubeSat 12U —un satélite de pequeño tamaño— desarrollado por la CONAE junto a instituciones como la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad de Buenos Aires, el Instituto Argentino de Radioastronomía, la CNEA y la empresa VENG SA.
El dispositivo, de aproximadamente 30 centímetros y 15 kilos, fue bautizado en honor a la diosa griega de la sabiduría. Forma parte de la llamada carga secundaria del cohete, destinada a experimentos científicos de países invitados.
“Nos llena de orgullo que Argentina haya sido el único país de América Latina invitado”, destacó el secretario de Ciencia, Dario Genua.
El principal objetivo de Atenea es medir los niveles de radiación desde la órbita baja hasta el espacio profundo y transmitir los datos a estaciones terrestres ubicadas en Tierra del Fuego y Córdoba.
Para ello, el equipo realizó ensayos de vibración, vacío y comunicaciones, según explicó el investigador Gabriel Sanca.
El despliegue de Atenea se concretó horas después del lanzamiento desde Cabo Cañaveral. Una vez en órbita, el satélite ejecutó de forma autónoma su secuencia de activación, estabilización y transmisión de datos.
Las estaciones terrestres lograron recibir con éxito las primeras señales, marcando un hito para el desarrollo espacial argentino, según informó el Gobierno.
La participación argentina en Artemis II se enmarca en una relación de más de 30 años entre la CONAE y la NASA.
En 2023, además, el país firmó los Acuerdos Artemisa, que promueven la cooperación internacional para la exploración espacial con fines pacíficos.
“El trabajo fue muy exigente por los tiempos y los estándares de seguridad”, explicó el especialista Juan Pablo Cuesta.
El lanzamiento también tuvo repercusión política. El presidente Javier Milei destacó la participación argentina como un cambio de paradigma.
“Hace medio siglo éramos espectadores. Hoy somos parte de una de las misiones más ambiciosas de la era moderna”, expresó el mandatario.
El desarrollo del satélite Atenea fue posible gracias a un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional de San Martín que reunió perfiles técnicos, científicos y administrativos.
En el plano administrativo, Marina Conficoni gestionó el presupuesto del proyecto y el seguimiento de compras, mientras que Patricia Ilarri se encargó de tareas de logística, importaciones y gestión para garantizar los recursos necesarios.
El equipo se completa con especialistas como Federico Di Nardo, Felipe Soriano, Julián Pasina, Luis López, Maiten Schifman, Marco Antonio Mecha, Martín Penizzotto, Nicolás Álvarez, Nicolás Celebrin y Oscar “Toto” Romanelli, quienes también participaron en distintas etapas del desarrollo técnico y operativo del satélite.

