El cuidado de las plantas siempre trae dudas, y una de las más frecuentes es cuándo y cómo regarlas. En Mendoza, donde el clima seco marca el pulso de la vida cotidiana, la elección de la hora adecuada puede ser decisiva. Un riego mal hecho puede quemar hojas o pudrir raíces, reduciendo la vida de cualquier especie.
El mejor horario para regar las plantas
Durante los día de sol, los expertos en jardinería aconsejan regar siempre por la tarde-noche, cuando el sol ya perdió fuerza y la temperatura baja. Hacerlo al mediodía es un error común que puede ocasionar mucho daño ya que el agua se calienta, puede cocer las raíces y hasta quemar las hojas por efecto lupa. En un clima como el mendocino, donde la radiación solar es intensa, este detalle se vuelve aún más importante.
Regar en las horas frescas ayuda a que el agua penetre mejor en la tierra y se aproveche al máximo, evitando pérdidas por evaporación. Además, reduce el riesgo de hongos que aparecen cuando la humedad queda atrapada en ambientes muy cálidos.
regar plantas de interiores
El riego excesivo es una de las principales razones por las que las plantas de interiores se marchitan
Qué pasa si regás de más tus plantas
Uno de los errores más graves en jardinería es el exceso de riego. El 90% de las plantas de interior y la mitad de las de jardín no sobreviven al exceso de agua. En Mendoza, donde se suele temer a la sequía, muchos jardineros principiantes caen en la trampa de regar de más.
No todas las especies tienen las mismas necesidades. Un cactus o una crasa soportan largos períodos sin agua, de hecho prefieren los periodos de sequía. Mientras que una planta tropical exige mayor humedad. También influye si la planta está en maceta o en tierra, ya que el drenaje cambia por completo. Siempre en tierra va a demandar más agua que si la planta está en maceta.
padre regando con la hija
El riego de las plantas debe ser controlado, incluso en zonas de climas áridos
Cómo detectar exceso o falta de agua en tus plantas
Aprender a leer estas señales es fundamental para corregir a tiempo y evitar la pérdida de ejemplares valiosos. Las plantas “hablan” a través de sus hojas. Algunas señales clave son:
Hojas amarillas y blandas: exceso de agua.
Manchas marrones secas: falta de agua.
Manchas negras en hojas o tallos: raíces en proceso de pudrición.
Amarillo generalizado: exceso de abono o necesidad de trasplante.
El riego es una tarea simple en apariencia, pero en realidad requiere observación y cuidado. En Mendoza, la clave está en regar por la tarde-noche, moderar la cantidad de agua y conocer las necesidades de cada especie. Con estas prácticas, el jardín se mantiene verde y sano durante todo el año./TN.