20 de marzo de 2026
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Malbec

Murió Michel Rolland: el enólogo que revolucionó el Malbec y la vitivinicultura argentina

Murió Michel Rolland, figura clave del vino mundial. Su influencia redefinió el Malbec y transformó la industria vitivinícola argentina.

Por Marcelo López Álvarez

La noticia de la muerte de Michel Rolland, ocurrida en el día de hoy, cierra un capítulo en la historia contemporánea de la vitivinicultura. Su figura, omnipresente durante más de cuatro décadas en los principales terruños del mundo, deja una huella indeleble en la vitivinicultura global y, de manera muy particular, en la transformación estructural de la industria vitivinícola argentina y el desarrollo del Malbec.

Nacido en 1947 en Libourne, en el corazón de Burdeos, Rolland creció en el seno de una familia ligada a la tierra y al vino. Su formación académica en instituciones de referencia como la Escuela de Viticultura y Enología de La Tour Blanche y la Universidad de Burdeos consolidó una base técnica que luego proyectaría a escala internacional. Sin embargo, su verdadera dimensión no se explica únicamente por su conocimiento, sino por su capacidad de intervenir, interpretar y redefinir estilos en contextos productivos diversos.

Un consultor influyente y polémico

Convertido en uno de los consultores enológicos más influyentes del mundo, Rolland desarrolló una carrera que lo llevó a asesorar bodegas en más de veinte países. Su estilo, caracterizado por una fuerte impronta técnica, búsqueda de concentración y madurez fenólica, generó adhesiones fervorosas y críticas persistentes. Para algunos, fue el arquitecto de vinos modernos y competitivos; para otros, un factor de homogeneización. Él mismo relativizaba esas controversias con una frase que repetía con ironía: “la crítica pasa y los críticos desaparecen”.

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Michel Rolland, el padre del Malbec, junto a Beatriz Barbera en su última a vista de Mendoza

Michel Rolland, el padre del Malbec, junto a Beatriz Barbera en su última a vista de Mendoza

El punto de inflexión en Argentina

Pero fue en la Argentina donde su figura adquirió un carácter casi fundacional. Su llegada en 1988 marcó un punto de inflexión en una industria que atravesaba entonces una etapa de transición, con estructuras productivas orientadas al volumen más que a la calidad. Rolland percibió de inmediato lo que muchos no veían: el potencial extraordinario del terroir argentino y, en particular, de una variedad que por entonces se encontraba en retroceso, el Malbec.

La apuesta por el Malbec

En aquellos años, la superficie cultivada con Malbec había caído drásticamente, en un contexto en el que se privilegiaban cepas de mayor rendimiento. Rolland se opuso a esa lógica con una convicción técnica que el tiempo terminaría validando. Impulsó prácticas de manejo más rigurosas, promovió la reducción de rendimientos y apostó por la calidad como eje estratégico. Décadas después, el Malbec no solo se consolidaría como la variedad insignia del país, sino también como un emblema de su inserción en los mercados internacionales.

Un modelo de negocios transformador

Su influencia no se limitó al plano técnico. También fue un actor clave en la reconfiguración del modelo de negocios del sector. El proyecto Clos de los Siete sintetiza esa visión. Concebido a fines de la década de 1990, implicó la articulación entre capitales franceses, conocimiento enológico de alta gama y un territorio subexplotado. En un paraje donde no se veía nada”, Rolland imaginó un polo de excelencia que hoy se erige como uno de los complejos vitivinícolas más relevantes de América Latina.

Ese emprendimiento, que reúne a inversores vinculados a prestigiosos châteaux de Francia, no solo logró posicionarse en mercados exigentes, sino que también funcionó como un catalizador de inversiones extranjeras en Mendoza. De este modo, Rolland no solo contribuyó a mejorar la calidad del vino argentino, sino que también ayudó a redefinir su estructura económica y proyección global.

Un vínculo personal con Argentina

A lo largo de su vida, mantuvo un vínculo singular con el país. Como dijo en su última visita a Mendoza en diciembre del año pasado en diálogo con Sabores de Argentina por Aconcagua Radio: “Argentina es parte de mi vida”. Su presencia constante, sus viajes periódicos y su involucramiento directo en proyectos locales daban cuenta de una relación que trascendía lo profesional. En más de una ocasión definió su perfil como el de un “inversor de gusto y alma”, una síntesis que explica su permanencia en un contexto económico frecuentemente inestable.

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Michel Rolland en dialogo con la prensa durante su ultima visita a Mendoza en diciembre donde contó la infinidad de proyectos que aún tenía.

Michel Rolland en dialogo con la prensa durante su ultima visita a Mendoza en diciembre donde contó la infinidad de proyectos que aún tenía.

Actividad hasta el último día

Incluso en sus últimos años, ya superados los setenta, continuó activo, recorriendo viñedos, supervisando cosechas y participando en encuentros con productores y comunicadores. Su agenda, meticulosamente organizada, reflejaba una disciplina inquebrantable y una pasión sostenida. En cada intervención pública, combinaba análisis técnico con anécdotas personales, construyendo un relato que entrelazaba su biografía con la evolución de la industria.

En su última visita se mostró no solo superactivo, sino que hasta habló de nuevos desafíos, como los vinos y viñedos chinos.

Un legado decisivo

Su muerte no solo implica la pérdida de un enólogo de prestigio internacional, sino también la de un actor que supo interpretar los cambios de época. La vitivinicultura global, cada vez más atravesada por debates sobre identidad, intervención y sustentabilidad, encuentra en su legado un punto de referencia ineludible.

En la Argentina, su figura quedará asociada a un proceso de transformación profunda: el paso de una producción orientada al mercado interno a una industria integrada al mundo, capaz de competir en segmentos de alta gama. En ese recorrido, Michel Rolland no fue un observador externo, sino un protagonista central.

Hoy, al evocarlo, no solo se recuerda al técnico, al consultor o al inversor, sino también al hombre que supo ver en un paisaje árido la promesa de un futuro distinto. Un extranjero que, con mirada estratégica y sensibilidad por la tierra, contribuyó a convertir a Mendoza en uno de los grandes epicentros vitivinícolas del mundo.

Escucha la última nota en Mendoza con Michel Rolland en Aconcagua Radio

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