Argentina es sin dudas el país de las contradicciones permanentes. Mientras el Presidente Javier Milei anuncia que la economía crece durante dos años seguidos y los salarios se triplicaron en dólares, el ARCA anuncia que en febrero la recaudación tributaria cayó por séptimo mes consecutivo.
El dato oficial confirmó un patrón que se viene repitiendo desde mediados del año pasado: el deterioro de los ingresos del Estado en un contexto de desaceleración inflacionaria, alivio impositivo selectivo y una actividad económica que aún no logra traducirse en una recuperación sostenida del consumo y del empleo formal.
Según los datos difundidos por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), los ingresos tributarios alcanzaron en febrero los 16,23 billones de pesos, con un crecimiento nominal interanual del 20,1%. Sin embargo, frente a una inflación que las estimaciones privadas ubican en torno al 32,4% para el mismo período, el resultado implica una caída real del 12,3%. Se trata de la séptima contracción consecutiva ajustada por precios, una señal que vuelve a tensionar el delicado equilibrio fiscal que el Gobierno intenta sostener.
El superávit como ancla bajo presión
El dato es una bomba en un esquema económico que se apoya de manera central en el superávit primario como ancla de credibilidad. Con una meta oficial de superávit del 2,2% del PBI para 2026, la persistencia de la baja real de la recaudación obliga a reforzar el ajuste del gasto público, una estrategia que ya se profundizó en enero y que se monta sobre una fuerte contracción real del gasto primario acumulada en los últimos dos años.
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Javier Milei aseguro ante el Congreso que la economía y los salarios crecen. Sin embargo la recaudación se desploma por séptimo mes consecutivo
Consumo débil y señales mixtas de actividad
Uno de los factores clave detrás del resultado de febrero fue la evolución del IVA, el principal impuesto asociado al nivel de consumo interno. La recaudación por IVA DGI creció 28,4% en términos nominales, pero cayó 3,4% en términos reales, reflejando un consumo todavía frágil y una capacidad de pago de las empresas que no termina de recomponerse. La señal contrasta con algunos indicadores de actividad que mostraron mejoras hacia el cierre de 2025, como el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), pero confirma que esa recuperación es heterogénea y no derrama de manera uniforme sobre la economía real.
La debilidad del consumo también se reflejó en otros tributos vinculados al movimiento económico. El impuesto al cheque registró una caída real del 7,7% interanual, afectado tanto por la menor actividad como por una reducción en la cantidad de días hábiles para el pago de tributos. A ello se sumó el retroceso de impuestos internos y de Bienes Personales, este último con una baja real superior al 13%.
El mercado laboral bajo presión
Otro componente relevante del desempeño fiscal fue la recaudación vinculada a la seguridad social. Los aportes personales y las contribuciones patronales crecieron por debajo de la inflación y, en términos reales, mostraron caídas del 6,6% y del 4,4%, respectivamente. En conjunto, los ingresos al sistema administrado por ANSES se redujeron un 5% real interanual.
Indicador estrechamente ligado a la evolución del empleo registrado y de los salarios reales, ambos afectados fuertemente por el proceso de ajuste macroeconómico. La combinación de menor cantidad de puestos formales y remuneraciones que no terminan de ganarle a la inflación limita la capacidad de recuperación de una de las fuentes más estables de ingresos fiscales.
Menos impuestos a sectores de altos ingresos
La política de reducción y eliminación de tributos también tuvo un impacto directo sobre la recaudación. Los derechos de exportación mostraron una caída real interanual del 39,6%, en línea con la baja de alícuotas aplicada sobre productos clave como soja, trigo y maíz. A esto se sumó la eliminación de anticipos de IVA aduanero y el efecto pleno de la derogación del impuesto PAIS, que dejó en febrero un ingreso residual de escasa magnitud.
Desde el punto de vista del Gobierno, estas medidas forman parte de una estrategia orientada a mejorar la competitividad, incentivar la producción y reducir la presión tributaria sobre sectores considerados estratégicos. No obstante, en el corto plazo profundizan la restricción de ingresos y trasladan el peso del ajuste al gasto público.
El frente externo y los conflictos gremiales
El desempeño de la Aduana fue uno de los más débiles del mes. La recaudación vinculada al comercio exterior cayó incluso en términos nominales, con una baja del 16,8%. La liquidación de exportaciones del complejo cerealero-oleaginoso se redujo cerca de un 30% respecto de enero, afectada tanto por una menor cantidad de días hábiles como por conflictos gremiales que paralizaron actividades clave durante varias jornadas.
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) subrayó que, además de los paros, incidió la derogación de la suspensión de los certificados de exclusión de percepciones aduaneras, lo que modificó el flujo de ingresos vinculados al IVA de importación.
Impacto en provincias y panorama fiscal
La caída de la recaudación nacional tuvo un correlato directo en las transferencias automáticas a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires. En febrero, la coparticipación y otros envíos sumaron 5,42 billones de pesos, pero implicaron una baja real del 7,4%. Todas las jurisdicciones registraron variaciones negativas, con una dispersión moderada entre las más y las menos afectadas.
En el acumulado del primer bimestre, los ingresos tributarios crecieron 21,1% nominal, pero cayeron 8,2% en términos reales, aun cuando estimaciones privadas sugieren que la actividad económica podría haber aumentado alrededor del 2% en el período. La paradoja resume el desafío central de la política económica actual: lograr que la incipiente recuperación de la actividad se traduzca en una mejora efectiva de los ingresos fiscales, sin resignar el equilibrio macroeconómico ni profundizar el ajuste social.