Los indicadores nacionales muestran una mejora de la economía y el empleo, pero no reflejan todo. Un análisis por provincias revela fuertes diferencias.
Durante el primer trimestre de 2026, la actividad económica volvió a crecer: el PBI avanzó 2,48% interanual y la informalidad laboral retrocedió en seis de los catorce sectores del empleo privado registrado. Son señales que conviene tomar en serio, porque muestran que el ordenamiento macroeconómico dejó de ser una expectativa y empezó a traducirse, aunque sea parcialmente, en el mercado de trabajo.
El problema no es que estos datos sean falsos ni que haya que relativizarlos. El problema es que los estamos leyendo con un instrumento que no distingue matices: el promedio nacional.
La desocupación nacional se mantiene en 7,8%.
La recuperación no avanza al mismo ritmo en todas las provincias
Cuando miramos por provincia, la fotografía cambia. La desocupación nacionalse mantiene en 7,8% y la llamada presión laboral —la suma de quienes buscan trabajo y quienes, con empleo, buscan uno mejor o más horas— alcanza al 23,6% de la población económicamente activa, unos 5,3 millones de personas. Pero en Córdobaese mismo indicador trepa al 35,4%, un tercio de la población activa, muy por encima del promedio nacional y también de Tucumán (34,2%) o Santa Cruz (27,7%).
No es un dato menor: significa que la misma política económica, aplicada sobre el mismo territorio nacional, encuentra mercados de trabajoen estadios distintos de recuperación. Como señaló Laura Caullo, del IERAL de la Fundación Mediterránea, "la macroeconomía comenzó a ordenarse, pero el mercado laboral está jugando otro partido". La frase es útil porque no niega el primer proceso ni exagera el segundo: simplemente advierte que van a ritmos distintos.
Esa distancia entre lo agregado y lo territorial no es un fenómeno nuevo en la Argentina, pero sí es un dato que la coyuntura actual vuelve más visible. Un país que mide su recuperación en un solo número —el PBI nacional o la tasa de desempleo— corre el riesgo de aplicar recetas uniformes a realidades que no lo son. Y esto no depende del signo político del gobierno de turno: es una limitación estructural de cómo se diseñan y evalúan laspolíticas económicas.
Mendoza ocupa el cuarto lugar en presión laboral del país.
Mendoza es un buen ejemplo de que ese matiz no es solo territorial, sino también metodológico. La provincia ocupa el cuarto lugar en presión laboral del país, según el IERAL, pero llega allí por un camino distinto al de Córdoba: su desocupación es moderada, con 6,7% de la PEA, incluso por debajo del promedio nacional.
Lo que empuja el indicador hacia arriba es el 20,8% de ocupados demandantes:personas que tienen trabajo, pero necesitan otro empleo o más horas porque sus ingresos no alcanzan. El informe atribuye esta situación a un problema estructural más que coyuntural: casi dos décadas de estancamiento de la productividad de la economía mendocina limitan la generación de empleo de calidad, aun cuando el desempleo abierto se mantiene bajo.
Dicho de otro modo, mirar solo la tasa de desocupación habría dejado a Mendoza fuera de cualquier alerta, cuando en realidad es una de las cuatro provincias más tensionadas del país.
El consumo también refleja una recuperación desigual
Esta heterogeneidad no queda encerrada en las estadísticas laborales: también se refleja en el consumo. La última Encuesta Nacional de Centros de Compras del INDEC mostró que, en mayo, la Región Pampeana fue la que menos creció en ventas interanuales de todo el país, con 28,4%, frente al 37,7% de la Ciudad de Buenos Aires o el 34,9% de la Patagonia.
Que la región donde se encuentra la provincia con mayor presión laboral del país sea también la de menor dinamismo en el consumo no prueba una relación de causalidad directa, pero sí constituye una segunda fuente, independiente de la primera, que dibuja el mismo contraste territorial. Cuando dos mediciones distintas —una del mercado de trabajo y otra del gasto de los hogares— coinciden en señalar a la misma región como la más rezagada, la heterogeneidad deja de ser una hipótesis y empieza a convertirse en un patrón.
Más que un diagnóstico negativo, una oportunidad para afinar la lectura
Vale la pena separar dos preguntas que suelen mezclarse: ¿la economía mejora? y ¿la mejora llega de manera pareja? Son interrogantes distintos, con respuestas distintas. Confundirlos es lo que termina generando un humor socialerrático, cuando los datos agregados muestran una realidad y la experiencia cotidiana de muchas provincias refleja otra.
La heterogeneidad también se refleja en el consumo.
Foto: Cristian Lozano
Reconocer que todavía existen sectores y regiones que no convergen no implica restarle mérito al ordenamiento macroeconómico. Por el contrario, aporta información clave para que la segunda etapa de la recuperación tenga mayor precisión.
Conviene además no simplificar el propio dato sectorial. La industria manufacturera, por ejemplo, mejoró su relación entre empleo formal e informal —bajó de 0,5 a 0,44 trabajadores informales por cada registrado—, aun cuando el empleo total del sector cayó 6,7% durante el período. Formalizarse y crecer no son la misma variable, y tratarlas como si lo fueran impide comprender los matices que muestran los datos.
Si la industria y algunas economías regionales exhiben una recuperación desigual entre la calidad del empleo y el nivel de actividad, ese dato debería orientar las políticas de empleo y el crédito productivo, en lugar de diluirse en el promedio nacional. La buena noticia es que esa información ya existe: el propio INDEC, a través de la EPH y de encuestas sectoriales, permite analizar la realidad por aglomerado, provincia y actividad. El desafío no es la falta de datos, sino cómo se interpretan y qué decisiones se toman a partir de ellos.
Una recuperación que todavía tiene desafíos
Nada de esto le quita mérito a lo que ya se logró. Pero una recuperación sostenible no se mide solo por un promedio que mejora, sino por la distancia que todavía separa a las provincias y sectores que más tardan en despegar de aquellos que ya comenzaron a recuperarse.
El desafío no es la falta de datos, sino cómo se interpretan.
Hoy esa brecha sigue siendo amplia: doce puntos separan la presión laboral de Córdoba del promedio nacional y casi diez puntos porcentuales distinguen el crecimiento del consumo en CABA respecto de la Región Pampeana. Reducir esa distancia —y no simplemente esperar que el tiempo la cierre por sí solo— aparece como uno de los principales desafíos de la actual etapa del ciclo económico argentino.