El comienzo del año 2026 presenta un escenario más que heterogéneo para el denominado campo argentino y las economías regionales de Argentina. Según se desprende del último “Monitor de Relaciones Insumo-Producto” elaborado por Coninagro, en colaboración con la consultora Data Miazzo, la brecha entre las distintas actividades productivas se ha ensanchado.
Mientras la ganadería atraviesa una coyuntura excepcional con precios históricos, las economías regionales, particularmente la vitivinicultura y la yerba mate, enfrentan un severo deterioro en su poder de compra, presionadas por una estructura de costos en alza y precios de venta que no logran compensar la inflación de los insumos.
El informe correspondiente a enero de 2026 destaca a la hacienda como el sector con el desempeño más robusto. Los datos son elocuentes: la actividad atraviesa uno de sus mejores momentos, impulsada por precios ganaderos récord. Este escenario de bonanza se refleja directamente en la capacidad de inversión y reposición del productor.
El poder de compra del ganadero ha registrado una mejora promedio del 25% interanual, un indicador que se mantiene igualmente positivo al contrastarlo con el promedio de los últimos cinco años. Las relaciones de intercambio resultan ampliamente favorables para la adquisición de insumos estratégicos y bienes de capital. Específicamente, los productores han ganado poder de compra frente al gasoil, la maquinaria, los costos laborales y la urea.
No obstante, incluso en este panorama alentador, existe una excepción técnica que el informe subraya: la relación de compra entre el novillo y el ternero, que ha mostrado un encarecimiento relativo de la reposición (+12%). Pese a ello, el balance general sitúa a la ganadería en una posición de fortaleza financiera inédita en el último lustro.
image
La ganadería prácticamente la única actividad que tuvo un desempeño económico aceptable en complejo económico del campo argentino
Granos: una recuperación con lastres históricos
En la Zona Núcleo, el panorama para los cultivos extensivos muestra una realidad más matizada. El sector de granos exhibe una mejora gradual, mes a mes, con relaciones insumo-producto más favorables si se las compara con la campaña anterior. Sin embargo, el análisis de mediano plazo revela que aún persiste un marcado deterioro del poder adquisitivo respecto al promedio de las últimas cinco campañas.
El productor de granos enfrenta una ecuación compleja. Por un lado, ha recuperado capacidad de compra para activos inmobiliarios, tanto rurales como urbanos, y para insumos específicos como el glifosato, que se ha abaratado en términos relativos. Por otro lado, la estructura de costos sigue siendo pesada en rubros determinantes para la rentabilidad final: la maquinaria agrícola, la adquisición de semillas, los fletes y las remuneraciones laborales continúan demandando un mayor volumen de cosecha para ser cubiertos.
En el caso particular de la soja, por ejemplo, se observa una caída del 30% en el poder de compra para adquirir cosechadoras respecto al año anterior, aunque se necesita un 9% menos de grano para adquirir una hectárea de campo en zona maicera. Esta disparidad sugiere que, si bien la tierra se ha vuelto más accesible en términos de producto, la tecnología y la logística para trabajarla se han encarecido.
Vino y yerba: La crisis de las economías regionales
La contracara del auge ganadero se encuentra en las economías regionales, donde la pérdida de competitividad es alarmante. El caso más crítico lo protagoniza el sector vitivinícola. El vino ha sufrido otro año en retroceso, perdiendo en promedio un 43% de su poder de compra frente a todas las relaciones analizadas en el informe respecto al año anterior.
La presión de los costos sobre los productores de vino es asfixiante. Las pérdidas de poder adquisitivo son transversales, pero se agudizan dramáticamente en rubros esenciales: el costo del transporte ha aumentado un 77%, la mano de obra un 47%, y la maquinaria agrícola muestra un encarecimiento del 258% en comparación con el promedio de los últimos cinco años. Este escenario coloca a la actividad en una situación de fragilidad extrema, dificultando la reinversión y el mantenimiento de las fincas.
Por su parte, la yerba mate presenta lo que los analistas de Coninagro califican como “mejoras engañosas”. Si bien las comparaciones interanuales podrían sugerir un repunte, esto se debe a una base estadística deprimida, ya que el ciclo 2024/2025 fue desastroso para el sector. Al ampliar la mirada, la realidad se impone: en términos reales, la yerba mate ha perdido alrededor del 40% de su poder de compra respecto al promedio del último quinquenio. El inicio de 2025 muestra registros débiles, sin señales claras de una recuperación genuina, con pérdidas significativas frente a fertilizantes como el fosfato diamónico y los fitosanitarios.
image
La vitivinicultura junto a la yerba mate son las economías regionales que atraviesan una severa crisis.
Leche: una ecuación mixta
Finalmente, la lechería ofrece un panorama dual. Si se observa el corto plazo, el sector no muestra buenas relaciones interanuales. Sin embargo, al comparar con el promedio de los últimos cinco años, el tambero ha recuperado terreno en frentes específicos, logrando relaciones favorables para la compra de inmuebles, hacienda y la renovación de flotas de camionetas.
A pesar de estas mejoras estructurales, la operatividad diaria sigue bajo presión. Las relaciones de intercambio continúan siendo negativas para inversiones clave como tractores, y fundamentalmente para los costos directos de producción como la mano de obra y el maíz, insumo base para la alimentación del rodeo. De hecho, se necesita un 39% más de leche que el año anterior para adquirir una tonelada de maíz, lo que tensiona los márgenes de rentabilidad del productor lechero.
El campo no es un todo
El informe de enero de 2026 de Coninagro muestra que no se puede hablar de “el campo” como una unidad productiva homogénea. Mientras la ganadería capitaliza un ciclo de precios extraordinarios, permitiendo la capitalización de los productores, la agricultura extensiva lucha por recuperar el terreno perdido en costos logísticos y tecnológicos. En el otro extremo, las economías regionales como el vino y la yerba mate emiten señales de alerta roja, apretadas por una tenaza de costos crecientes y precios estancados que erosionan su viabilidad económica a mediano plazo.