10 de junio de 2026
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Dólar

El dólar "colchón" y la crisis de confianza en el peso complican la recuperación económica

La Mediterránea advierte que la falta de demanda de dinero frena el crédito y complica el equilibrio entre dólares que no se acumulan, inflación y actividad.

Por Marcelo López Álvarez

La distensión en Medio Oriente comienza a reordenar el tablero financiero global, pero la economía argentina sigue enfrentando un desafío doméstico persistente: sin una recuperación de la demanda de dinero, el circuito del crédito no logra despegar y el trilema entre dólares que se acumulan, inflación y actividad continúa sin resolverse. Así lo advierte el último paper financiero de la Fundación Mediterránea.

El conflicto en Medio Oriente parece ingresar en una etapa de tregua. Aunque las armas permanecen en estado de vigilia, la posibilidad de reabrir el estrecho de Ormuz y avanzar hacia una normalización gradual del abastecimiento energético ya genera efectos concretos sobre los mercados internacionales. Si este escenario logra consolidarse, el riesgo de una estanflación global comienza a disiparse. La tasa de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años refleja esa expectativa: cayó de 4,67% a 4,47% en apenas dos semanas.

El artículo del IERAL de la Fundación Mediterránea, firmado por el economista Jorge Vasconcelos, advierte que para Argentina, que todavía no completó su programa financiero con vistas a 2027, esta baja de la tasa internacional de referencia aporta algo de oxígeno a las expectativas de corto plazo. En una perspectiva más amplia, la reconfiguración geopolítica en marcha, con Europa y Japón diversificando comercio y fuentes de energía, y con la inteligencia artificial impulsando una creciente demanda de generación eléctrica barata, podría abrir oportunidades para una inserción más activa del país en un mundo que está redefiniendo sus reglas de juego.

Mercados y “dividendos de la paz”

Los mercados ya comenzaron a anticipar parte de ese recorrido. El Merval medido en dólares acumuló una suba del 19% en las últimas dos semanas, mientras la bolsa brasileña retrocedió 2,5%. Al mismo tiempo, el riesgo país perforó el piso de los 500 puntos. Los activos argentinos buscan capturar una porción de los llamados “dividendos de la paz”: menores tasas globales producto de la descompresión inflacionaria y un precio del petróleo alejado de los máximos alcanzados semanas atrás.

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El Banco Central cumple objetivos de compra de dólares pero no logra acumular reservas

El Banco Central cumple objetivos de compra de dólares pero no logra acumular reservas

El peso de los 9.800 millones

En el frente local, el Banco Central acumuló compras netas por 9.800 millones de dólares durante los primeros cinco meses del año. La cifra resulta impactante, aunque exhibe dos limitaciones importantes. La primera es que no todas esas compras se tradujeron en una mejora efectiva de las reservas, ya que el Tesoro debió seguir utilizando parte de esos recursos para afrontar compromisos externos ante el bajo nivel de refinanciación de vencimientos. La segunda es que los pesos emitidos en esas operaciones tampoco permanecieron demasiado tiempo dentro del sistema.

La razón de fondo es que las compras sostenidas de divisas no respondieron a un aumento genuino de la demanda de pesos, sino a una oferta abundante de dólares. Desde noviembre pasado, grandes empresas emitieron deuda en moneda extranjera de manera significativa, varias provincias siguieron el mismo camino y el stock de crédito en dólares dentro del sistema financiero local continuó creciendo. A eso se suma el cambio de signo en la cuenta corriente del balance de pagos: de un déficit de 4.700 millones de dólares en el primer cuatrimestre de 2025 se pasó a un superávit de 211 millones en el mismo período de 2026.

El eslabón que todavía falta

El paper advierte que, aun así, persiste lo que podría definirse como el eslabón débil entre el equilibrio interno y el externo: la demanda de dinero sigue sin reaccionar. En lo que va de 2026, la base monetaria se contrajo en términos reales a tasas de dos dígitos. Incluso el último informe técnico del FMI revisó a la baja sus expectativas de monetización. Mientras anteriormente proyectaba que el ratio Base Monetaria/PBI subiría de 4,6% en el cuarto trimestre de 2025 a 6,6% un año después, ahora estima que apenas llegará a 4,7%, prácticamente sin cambios.

Las consecuencias son directas. Sin un aumento en la demanda de dinero, el Banco Central enfrenta el dilema de esterilizar los pesos emitidos para comprar divisas y así evitar presiones inflacionarias. Pero esa esterilización también le resta impulso al crédito privado, dificultando aún más la posibilidad de compatibilizar reservas, inflación y crecimiento.

La experiencia del segundo semestre de 2024 muestra con claridad la dinámica virtuosa que hoy no aparece. Entre junio y octubre de ese año, la base monetaria creció 12% en términos reales y el crédito al sector privado avanzó 44%. El ratio préstamos/depósitos pasó de 48,7% a 66,4%, mientras la actividad económica se expandía a tasas anualizadas de dos dígitos. El panorama actual es el inverso: durante 2026 la actividad se mueve en zigzag, la base monetaria se contrae y el stock de crédito al sector privado cayó 4,4%.

A esto se suma otro obstáculo para la normalización financiera: los elevados niveles de morosidad. Según los últimos datos disponibles a abril, la mora promedio alcanza 7,3%, con un preocupante 12% en el segmento de familias y 3,3% en empresas.

El dólar que no regresa al sistema

El segundo punto débil se ubica en el frente externo: la creciente demanda de dólares por parte de personas físicas para atesoramiento fuera del sistema financiero. Ese flujo representa un doble problema, ya que limita tanto la acumulación de reservas del Banco Central como la recuperación de la demanda interna.

Durante los primeros cinco meses de 2026, el promedio mensual de dólares destinados al “colchón” alcanzó los 1.200 millones, muy por encima de los 800 millones mensuales registrados entre noviembre y diciembre de 2025, inmediatamente después de las elecciones legislativas. Cada 500 millones de dólares adicionales que se desvían hacia el ahorro informal equivalen a retirar de la demanda agregada un monto cercano al 2,4% de la masa salarial mensual.

De cara al segundo semestre, existen algunos factores que podrían modificar parcialmente este escenario. La expansión de la producción exportable genera efectos indirectos sobre sectores asociados. Además, las tasas de interés de muy corto plazo llevan más de tres meses ubicándose por debajo de la inflación, una condición que históricamente tendió a favorecer la recuperación del crédito.

Sin embargo, la variable decisiva sigue siendo la confianza en el peso. Recuperarla antes de que desaparezca la estacionalidad favorable de la oferta de divisas, y antes de que comiencen a instalarse las primeras tensiones del ciclo electoral de 2027, aparece como el principal desafío de los próximos meses.

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