Tras la quiebra de la empresa Plunimar, que operaba el ex Aquarium de Mar del Plata, se abrió una fuerte c ontroversia en torno al destino de los animales que permanecen en el predio. La situación, que involucra decisiones judiciales y regulaciones ambientales, mantiene en incertidumbre el futuro de las especies.
El parque había cerrado sus puertas el 31 de marzo de 2025, luego de que fracasaran las negociaciones para renovar el alquiler del terreno donde funcionaba desde hacía más de tres décadas. Desde entonces, el complejo quedó bajo intervención judicial y los animales pasaron a formar parte del proceso.
En la actualidad, dentro de las instalaciones permanecen 66 ejemplares, entre ellos pingüinos y lobos marinos, cuyo traslado -temporal o definitivo- depende de la autorización del Juzgado Nacional en lo Comercial N°20, donde se tramita la quiebra.
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66 ejemplares aún continúan en un limbo judicial.
Un proceso judicial que define el futuro de los animales
El deterioro económico de la firma se profundizó tras el cierre del parque. Sin ingresos por la venta de entradas y con el contrato de alquiler vencido, la empresa entró en cesación de pagos en enero de 2026, lo que derivó en incumplimientos salariales y una reducción significativa de su operatividad.
Poco después, el 20 de febrero, la Justicia decretó la quiebra directa ante la imposibilidad de revertir la situación financiera. Actualmente, unos 12 trabajadores continúan desempeñando tareas vinculadas exclusivamente al cuidado, alimentación y seguridad de los animales.
Según informó Infobae, el conflicto se originó tras el vencimiento del contrato de alquiler del predio, vigente desde 1993, y la decisión de los propietarios de destinar esas tierras a nuevos proyectos, lo que terminó de sellar el cierre del complejo.
En este contexto, los animales quedaron judicializados como parte de los activos de la empresa, lo que impide avanzar con decisiones sin autorización judicial.
Intentos de traslado y restricciones internacionales
Antes de la quiebra, la empresa había intentado vender los ejemplares a instituciones de México, China y Brasil, pero las operaciones no prosperaron debido a restricciones sanitarias y ambientales. El comercio internacional de fauna marina está sujeto a controles estrictos, lo que limita este tipo de traslados.
La situación también generó polémica en torno a las condiciones en las que permanecen los animales. Tras denuncias en redes sociales, tanto la empresa como el municipio aseguraron que se mantienen protocolos básicos de bienestar y que el agua de los estanques proviene del océano.
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La polémica también gira en torno al estado de los animales.
Antecedentes y debate por la reubicación
Desde la empresa señalaron que su intención es reubicar a los animales nacidos en cautiverio en acuarios y zoológicos, tanto en Argentina como en el exterior. Sin embargo, cualquier traslado requiere autorización judicial y el cumplimiento de exigentes requisitos sanitarios.
Un antecedente reciente se registró a fines de 2025, cuando diez delfines nariz de botella fueron trasladados a un acuario en Egipto. Para ello, cada ejemplar fue transportado en cajas especiales con asistencia de veterinarios y cuidadores durante todo el trayecto.La operación, valuada en unos 800.000 dólares, permitió afrontar salarios adeudados y sostener el mantenimiento del resto de los animales, de acuerdo con lo que consta en el expediente judicial.
Mientras tanto, el futuro de los 66 ejemplares que permanecen en Mar del Plata sigue sujeto a lo que defina la Justicia en las próximas semanas.