Nos habíamos quedado en la Peluquería Pedrito, en Villa Jovita, Godoy Cruz, pero la historia de Pascual Porco seguía con mucho más por contar. Su recorrido profesional incluye momentos claves que marcaron su vida, desde sus comienzos hasta convertirse en un referente mundial de la peluquería.
En esta segunda parte, el reconocido estilista mendocino recuerda sus primeros pasos cortando el pelo en la colimba, por la Marina, la expansión del salón familiar, y cómo llegó a presidir la Confederación Mundial de Peluquería. Entre anécdotas, viajes, concursos y recuerdos, repasa un recorrido marcado por el trabajo, la pasión y el legado que sigue construyendo con sus hijos.
La segunda parte del viaje de Pascual Porco arranca en Villa Jovita, Godoy Cruz, donde su padre fundó la emblemática Peluquería Pedrito allá por 1948. El nombre fue un homenaje a su hermano Pedro, fallecido durante la Segunda Guerra Mundial. Aquella peluquería, con su sillón clásico y mobiliario robusto, sigue viva: parte de esos muebles restaurados aún se usan en la sucursal de calle Arístides 471.
En esa época, el mundo de las peluquerías estaba claramente dividido: lo masculino, por un lado, lo femenino por otro. Los varones iban a la peluquería (no barbería) y las mujeres, a los salones de belleza. Fue recién con los salones unisex que comenzó a cambiar esa lógica, y Pascual fue testigo directo de esa transformación.
WhatsApp Image 2025-08-06 at 11.58.55 (1)
Pascual Porco junto a dos de sus hijos y dos periodistas de Sitio Andino
De la colimba al salto profesional
A los 11 años, Pascual tuvo su primer corte formal:su padre lo envió a cortar el cabello de un difunto. Una experiencia tan impactante como formativa. Pero su verdadera entrada al oficio llegó en el servicio militar obligatorio en Argentina, también conocido como " colimba ", en 1982, cuando fue asignado como peluquero de oficiales en la Infantería Marina, en La Plata. Allí estuvo 16 meses, perfeccionando su técnica y dándose cuenta de que el corte de cabello iba mucho más allá del servicio: era precisión, respeto y estilo.
Al volver a Mendoza, Pascual se sumó de lleno a la peluquería familiar. Con el tiempo, junto a su hermano y cuñado, expandieron el legado abriendo nuevos locales en Luján y otras zonas de Godoy Cruz. Intentaron incluso crear una cadena con nombre comercial, pero el verdadero cambio vino cuando Pascual abrió su propio local en calle Colón y decidió ponerle su nombre: Pascual Porco.
El nombre propio que se volvió marca
Desde ese momento, la marca Pascual Porco creció sin parar. Nuevas sucursales se abrieron en Ciudad: calles San Martín, 9 de Julio, peatonal Sarmiento y también en Guaymallén, en La Barraca. Llegaron a tener cinco peluquerías funcionando en simultáneo, todas con el mismo espíritu de calidad y atención artesanal.
Pupi, su compañera, también se sumó al proyecto. Ella tenía un minimarket, pero al nacer su hijo menor, Tonino, decidió formarse en peluquería. Se especializó en la parte técnica —colorimetría, decoloración, permanente— y desde entonces trabaja codo a codo con Pascual en Casa Central, Renato Della Santa 499, Godoy Cruz.
Los hijos no tardaron en seguir el legado. Aunque su padre deseaba que estudiaran una carrera universitaria primero, fue más fuerte la pasión por la tijera. Hoy, los tres (Pascual, Nicolino y Tonino) trabajan en la empresa familiar. “Tienen una paciencia y un ojo clínico para el detalle que me emociona”, dice orgulloso Pascual. Y como si fuera poco, su nieta de ocho años ya anunció que quiere ser peluquera también.
El gran salto llegó en 1998, en Buenos Aires, durante la feria Cosmesur. Pascual iba a participar de un show de moda y peluquería, pero su esposa lo alentó a inscribirse en una competencia nacional. Sin modelo, sin herramientas y sin experiencia previa en concursos, improvisó: compró un peine, una tijera, un aerosol dorado y convenció a un joven para que le prestara su melena. Subió a la tarima, creó un corte a puro instinto y sorprendió al jurado.
A la mañana siguiente, entre más de 120 participantes, Pascual fue se quedó con el primer puesto de ese concurso. Así comenzó su carrera como competidor y luego como dirigente institucional. Fundó la Asociación Cuyana (ASPI), presidió la Federación Argentina y, en 2012, fue elegido presidente de la Confederación Mundial de Peluquería (CML) en una convención realizada en Mar del Plata, con apoyo de colegas de toda América Latina y Estados Unidos.
En uno de sus viajes a Colombia, vivió una experiencia digna de celebridad: lo esperaban con seguridad privada, su rostro estaba estampado en un mural gigante y una multitud lo recibió con aplausos y selfies. Pascual, siempre humilde, todavía se asombra al recordarlo.
El legado continúa
Hoy, Pascual Porco no solo es un nombre reconocidoenMendoza: es sinónimo de excelencia en estilismo a nivel mundial. Su familia entera sigue sosteniendo ese sueño que nació con su padre, allá por los años 40, en un pequeño local de Godoy Cruz.
Y la historia no termina acá. En noviembre, Pascual organiza el Mundial de Peluquería en La Rural, Buenos Aires, junto a Expo Look y Expo Estética. Un evento que promete reunir a lo mejor del mundo del estilismo, con Mendoza bien representados. ¿De qué se trata este evento? Te lo contamos en la próxima nota.