La historia de vida del locutorio de calle Alem
En la fachada se puede encontrar un cartel que reza "Locutorio", y el fondo es verde y azul, los colores que representaban la clásica línea telefónica. El comercio se encuentra en plena calle Alem de Ciudad, frente al Hospital Central, lugar donde pasan miles de personas. Sin embargo, adentro está vacío.
"Si te digo la verdad, fue un alivio que dejara de funcionar", manifestó el joven. Su afirmación se debe a que el negocio de la telefonía ya no era redituable y significaba un gasto para ellos. "Ahora hay algunos kioscos que te alquilan el celular", señaló.
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Así lucen hoy los locutorios en la provincia de Mendoza
Foto: Cristian Lozano
El comercio inauguró en el año 1994 y comenzó como un locutorio, luego los teléfonos quedaron en segundo plano (incluso su ubicación pasó a "un costado") porque las computadoras tomaban terreno. En un principio, los usuarios se multiplicaban y el negocio prosperaba. Hasta que el paso del tiempo y la instalación de internet en los hogares hizo que los clientes dejaran de ir.
"Ahora viene gente que vive en la calle y se pone a ver videos en YouTube o ingresar a las redes sociales", contó. El valor del servicio es de 900 pesos la hora.
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Aquellos nostálgicos recordarán el cyber de calle Patricias de Ciudad, frente a la Plaza Independencia, como un local grande plagado de computadoras. Ahora, solo hay seis ubicadas en un sector alejado y están separadas por boxes. El dueño explicó que la pandemia le dio la estocada final a las 45 máquinas que había en el lugar.
El inicio fue en 1999 y funcionaba en dos pisos, teniendo cerca de 50 computadoras. "En abril decidimos reducir la cantidad porque ya no era tan rentable. Es mucho gasto, entonces preferimos ir por otro rubro".
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Los nostálgicos recuerdan que en el comercio de calle Patricias había un Cyber muy grande
Foto: Cristian Lozano
Así fue que nació el "work café", un lugar en donde los clientes puedan tomar una bebida y utilizar todos los recursos del local: conexión a internet, impresiones, escaneos, además de contar con artículos de librería y asesoramiento personalizado.
La idea les funcionó y fue incrementando la cantidad de personas que necesitan usar una máquina. "Aunque sea diez minutos, porque hay muchas cosas que aún son difíciles de hacer en un teléfono", dijo Sebastián.
Su clientela más frecuente son los productores de seguros, escribanos, abogados y contadores, que suelen tener sus oficinas lejos y prefieren trabajar desde el local.
Así y todo, el mayor ingreso lo obtienen gracias a los servicios que ofrecen, trámites de ANSES, AFIP y otras entidades.
El kiosquito de diarios que cumplió 21 años en calle Rivadavia
Ricardo Mario Villarroel tiene 71 años y es el dueño del kiosco de diarios que se encuentra en calle Rivadavia de Ciudad. Él contó que pasó toda su vida allí. "Mi mamá atendía y yo después del colegio tenía que ayudarla", expresó con cierta nostalgia.
Villarroel es jubilado y sigue atendiendo, por varios motivos. Los ingresos que le aportan, las historias que tiene con sus clientes y también, por la nostalgia que le genera los años de trabajo. Todo eso hace que se presente todos los días a las nueve de la mañana.
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Ricardo fue premiado por la solidaridad que tiene con los mendocinos.
Foto: Cristian Lozano
"Antes teníamos que abrir sí o sí a las siete de la mañana por el diario y cerrábamos a las 23. Todo eso se perdió con la digitalización", aseguró.
Ante esa situación, decidió agregarle a su negocio la venta de autos de colección y generó un club de fans por los recuerdos que genera. "La otra vez vi a una mujer que lloraba a gritos y me acerqué a preguntarle qué le pasaba y me dijo que había un autito que le hizo recordar a su infancia, pero que no podía pagarlo y así fue cómo armamos un vínculo", declaró Roberto.
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Los autos de colección llaman la atención de los peatones.
Foto: Cristian Lozano
A esa historia se le agregan otras. Como aquella vez que ayudó a una joven a conseguirle un Fiat 600 de colección para que el chico le propusiera ser novios. Ricardo la ayudó encantado y, además del valor del artículo, se le sumó el agradecimiento eterno.
Por otro lado, las revistas y los diarios, están, ocultos, pero están. Aunque solo sirven de recuerdo y para contar que una vez allí, ellas eran las protagonistas y se " volaban" en cuestión de minutos.
Revistas, alimentos para perros y juguetes en un solo comercio
A unos metros de Ricardo, se encuentra otro puesto de diarios y revistas. Sin embargo, el cartel informa que venden alimentos para mascotas. En la vidriera hay ropa para perros, guantes, abanicos y muchos juguetes de niños. Antes, en ese mismo negocio resaltaban las revistas más importantes y los diarios.
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Foto: Cristian Lozano
En el interior, luce un cartel que advierte que "se atiende por el kiosco que está pegado". El dueño tiene 24 años. Relató que el negocio pertenecía a su abuelo y cuando se retiró, pasó a su padre y luego a él. "Nos negamos a cerrarlo", aseguró.
El joven informó que los mendocinos que quieran conseguir alguna revista, deberán encargarla antes debido a que las que estaban en exhibición ya estaban reservadas. En tanto que la venta de alimentos y juguetes ayudó para que el "puestito" mantuviera sus puertas abiertas.
El videoclub de Dorrego
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Los vecinos nostálgicos recuerdan con emoción ese lugar.
Foto: Cristian Lozano
Difícilmente un vecino de Dorrego no reconozca el cartel iluminado del videoclub "Magic", ubicado en calle Zapiola de Guaymallén, y no recuerde la emoción que tenía cuando encontraba su película favorita disponible. El lugar luce exactamente igual, solo que ahora ocupa un tímido espacio la librería que tuvo que poner la dueña para poder subsistir.
"A las películas las tengo de recuerdo y me da nostalgia sacarlas, pero nadie viene a alquilar", contó la mujer. Asimismo, relató que el valor para comprar una película es de 1.500 pesos.
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Foto: Cristian Lozano
El videoclub abrió en 1997, plena época del VHS y cerca del 2005 ocupó el lugar el DVD. "A los casette los tengo guardados en una caja", dijo divertida.
El paso de los años implicó que las máquinas editoras de video desaparecieran y que muchos usuarios pierdan su videocasetera o sus reproductores de DVD.
Esa situación llevó a que en 2018 instalara la librería como alternativa para generar ingresos. Sin embargo, no fue una tarea fácil, ya que los vecinos reconocían el lugar como un videoclub por lo que tardó varios meses en atraerlos nuevamente.