Contra la inseguridad

Baja en la edad de imputabilidad: qué pasa con la psiquis de quien delinque

Proyectos del Gobierno buscan bajar la edad de imputabilidad a los 13 años. Sin embargo, qué sucede con la mente del menor que comete delitos.

"Tenemos mucho diálogo con el ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich, ella se involucra con mucha seriedad e idoneidad en los temas, estamos delineando las pautas finales, creo que va a quedar anclada en los 13 años la inimputabilidad", sostuvo hace algunos días el ministro Cúneo Libarona.

Por su parte, otro proyecto presentado por el diputado nacional de La Libertad Avanza (LLA) Álvaro Martínez considera que el piso debe ser a una edad más temprana, de 12 años, cuando los menores están atravesando la preadolescencia. Este, contempla penas máximas de hasta 20 años de reclusión para los mayores de 16 años y de hasta 15 años para los menores que tuvieran entre 12 y 15 años.

Frente a este contexto, algunos organismos consideran que "bajar la edad no tiene incidencia en la problemática del delito". Así destacan que, con esta medida, solo se profundiza la criminalización de los pobres por el solo hecho de serlo, sus caras y vestimentas.

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Cuatro adolescentes se fugaron del exCose y uno continúa prófugo.

Cuatro adolescentes se fugaron del exCose y uno continúa prófugo.

Qué pasa con la psiquis de un menor que delinque

En diálogo con Sitio Andino, Jorge Quiroga, director del Servicio de Neuropsicología y Rehabilitación Cognitiva de Neuromed Argentina, y delegado regional de la Sociedad Argentina de Neuropsicología, indicó que "hay que tener en cuenta, no solo para poder asumir una condena, sino también para comprender el comportamiento, el nivel evolutivo".

"Desde el punto de vista neurocognitivo, llegar a sostener una función ejecutiva útil (juicio crítico, anticipación, planificación, razonamiento), es un proceso complejo que se termina de consolidar con la adolescencia. Es decir, hacia los 18 o 19 años todavía está un poco incompleto esta capacidad cognitiva o psicológica", dijo Quiroga.

En este sentido y, entendiendo los procesos de desarrollo, un menor de 13 o 14 años puede tener habilidades físicas y mentales suficientes para cometer un delito. Pero, en lo concreto, no logra comprender la complejidad del acto.

"Comprender las consecuencias no lo puede hacer. Por ejemplo, un chico con 17 años se puede subir en una moto e ir a 150 km porque no va a anticipar las consecuencias de la misma manera que lo haría si tuviera 20 o 25. De manera que hay una limitación en el plano de lo neurocognitivo", explicó.

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Cómo es el método de requisa que comenzó a aplicarse en las cárceles de Rosario.

Cómo es el método de requisa que comenzó a aplicarse en las cárceles de Rosario.

Un cerebro en desarrollo

Para el Director del Servicio de Neuropsicología y Rehabilitación Cognitiva de Neuromed Argentina, "el adolescente 'adolece' de estas capacidades porque su cerebro aún sigue en desarrollo".

"Desde el punto de vista del delito que se comete, un chico de 14 años puede ser exactamente igual al que comete uno de 35 años. Pensemos en un homicidio o un robo calificado, algo grave. Sin embargo, la comprensión completa de lo que hizo no es igual en un chico de 14 años. Eso es fácil de ver y creo que ahí hay una limitante", remarcó.

Y agregó: "Un niño con 9 años también puede agarrar un arma y matar a alguien. De hecho pasa, ¿no? ¿Por qué no sería condenado? Y porque no tiene la capacidad de comprender el acto. Un chico de 13 tampoco tiene la capacidad para comprender la naturaleza del acto".

El desarrollo cerebral en contexto de encierro

Con experiencia de trabajo en la penitenciaría provincial, Quiroga remarcó que este punto es sumamente complejo por un motivo central: no hay ámbitos de reclusión que puedan contener a los menores que poseen varios problemas.

"No tenemos ámbitos en donde uno pueda tener a un chico con un problemón grande como adicciones, problemas de comportamiento, situaciones complejas a nivel sociocultural, o los tres juntos. Hablamos de un lugar en donde puedan estar alojados y apunte a su recuperación o desarrollo", sostuvo.

"Estamos hablando de lugares con cientos de chicos que tengan 14, 15 años. Ahí todos van a tener suficiente capacidad para hacer un montón de cosas, incluyendo cosas malas. Sin embargo, están en una desventaja con respecto a una persona más adulta, sobre todo pensando en esa previsión de las consecuencias.

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Nuevas patologías

Una situación de encierro obligatorio es difícil, pero no sólo por el encierro en sí, sino por las situaciones que se vivencian en las cárceles: agresión, búsqueda de posicionamiento (del más fuerte al más débil), violencia y abusos. Así, tras una condena y un encierro prolongado, los menores sufrirían mayores consecuencias que los adultos. Jorge Quiroga lo explica de la siguiente manera:

"Cuando hay una doblegación del deseo, porque obviamente el chico no va a querer estar encerrado y tampoco comprende a fondo lo que ha realizado, el hecho de permanecer en una situación de reclusión va a generar una modulación del estado del ánimo, que tiene muchísimo más peso que si fuese más adulto".

Así, si bien el adulto lo va a sufrir, él tiene la capacidad de comprensión desarrollada y puede procesar de otra manera sus emociones.

Frente a esta situación, una reinserción social de menores se realizaría "con una persona que no va a ser la misma que entró". "No se es igual, antes o después de esos lugares. Tuve la oportunidad de trabajar durante dos años en una institución penitenciaria, y la verdad que son lugares de altísima conflictividad", remarcó.

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"Creo que no estamos preparados para tratarlos, lamentablemente. Se necesitaría todo un sistema, una sociedad que acompañe ese sistema, y bueno, es obvio que dentro de lo que estamos hablando es una normalidad", dijo.

En concreto, remarcó que "aunque hay algunas personas que tengan 13 o 14 años, sufren patologías muy graves como la psicopatía, y no van a tener componentes posibles que permitan recuperarlos porque va a faltar el arrepentimiento, va a faltar la culpa, y todo esto pertenece a situaciones especiales".

"Me animaría a decir que cerca del 90% de las personas no son así. No sufren psicopatía en la gran mayoría. Pero existe un porcentaje que sí; que necesita una asistencia especial y no es ayudarlos, es defender al resto de ellos. A eso se suma que la mayoría tienen el comportamiento distorsionado por uso de drogas, cuestiones más sociales o una combinación de varias que les llevan a cometer actos que en otras circunstancias no lo hubiesen hecho", finalizó.

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